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Una tarde con las mejores aficiones: del luto senegalés al júbilo noruego

Publicado: junio 23, 2026, 11:33 pm

En un Mundial con tantos equipos, donde ha sido tan fácil ganar una plaza, no se echa de menos a muchos grandes jugadores. Quizá al georgiano Khvicha Kvaratskhelia, a los italianos sumidos en depresión mundialista… Pero donde hay una ausencia triste es en las gradas. Las restricciones a varios países por parte del Gobierno de Donald Trump han dejado una víctima que se ha sentido en este inicio del Mundial en Nueva York: la 12ème Gaïndé, el célebre grupo de aficionados de Senegal. Este lunes por la noche, en la madrugada del martes en España, la decepción reinaba en la grada con mayoría senegalesa en el estadio Nueva York/Nueva Jersey. Noruega acababa de derrotar a Senegal , caía una manta de agua que complicaba el regreso triste a casa y los Leones de Teranga, con dos derrotas en dos partidos, estaban fuera del Mundial. La cosa empezó torcida hace tiempo para los senegaleses. Trump prohibió la mayoría de los viajes del país africano a EE.UU. Impedía el viaje de seguidores del fútbol, en contra de lo que dijo Gianni Infantino , el jefe de la FIFA, que «todo el mundo» sería bienvenido en EE.UU. para el Mundial. Los senegaleses no lo han sido. Su afición no pudo cruzar el charco. Entre ellos, el duodécimo jugador de Senegal, la 12ème Gaïndé, el león número doce. Aquí solo ha podido venir la diáspora senegalesa, y se nota en las gradas del estadio: apenas una mancha verde y blanca entre el rojo noruego que domina. «Hemos venido en desigualdad de condiciones», protestaba ante este periódico Abdou, rodeado de seguidores de su país, antes del comienzo del partido. «Los partidos se juegan en el césped y en la grada. Y nos han dejado sin hinchada y sin entradas». «No es justo, no nos quieren aquí», prosigue. «Si el organizador no quiere a uno de los participantes, la FIFA debería haber cancelado el Mundial y haberlo llevado a otro país». El día plomizo que se vive en Nueva Jersey no ayuda. Pero el ambiente está apagado en esta grada. Con la 12ème Gaïndé, sería otra historia, dicen los senegaleses. «¿Los viste en la Copa de África ?», dice Abdou sobre el torneo del año pasado, donde Senegal perdió con polémica y en los despachos frente a Marruecos. Es la imagen que se ha visto en otros Mundiales con presencia senegalesa: los vestidos coloristas, los abalorios, los cuerpos pintados, la marcha al partido la música, los bailes de principio a fin del partido… Un espectáculo en sí mismo del que Trump ha privado este año al Mundial, con el consentimiento de la FIFA. «El Mundial debería ser una fiesta y a nosotros no nos dejan festejar», protesta otro senegalés, Mohamed. «Estoy muy orgulloso de estar aquí, pero decepcionado de que no esté nuestra gente. La política debería estar fuera del fútbol ». «El Mundial no es lo mismo sin ellos», dice sobre la 12ème Gaïndé Boulou, que, como muchos otros del puñado de senegaleses que está aquí, vive en Nueva York. «Son los que dan ambiente, los que dan coraje a los jugadores y a los aficionados. Es una gran pérdida». La pérdida se tradujo en una derrota en el terreno de juego. Y, en el juego de vasos comunicantes que es el fútbol, en el júbilo entre las decenas de miles de noruegos en las gradas. Senegal y Noruega es una historia de dos aficiones, un contraste entre la más querida del Mundial y la que ha sorprendido. Una marea roja llegó un par de horas antes al estadio, en un despliegue espectacular, una invasión vikinga que impresiona. La muchedumbre, cargada con cascos con cuernos y banderas nacionales, cantaba con patriotismo el himno nacional y un cántico incomprensible. ¿Qué significa eso? «Nos metemos con el hijo de la princesa Mette-Marit », respondía un vikingo sobre Marius Borg, condenado por violación. «Es un poco provocadora», decía sobre la letra. Pero había poco de provocador en esta masa humana de aficionados altos, educados, sonrientes, que no parecen agitarse por la ingesta de cerveza, que avanzaban hacia el estadio con niños y mayores. La noche anterior, fueron un espectáculo en Times Square, lugar emblemático de Nueva York. Allí ejecutaron su ya famoso ‘remo vikingo’, que deja en poca cosa las traineras de los de la Real Sociedad y el Athletic. «No estamos en el Mundial desde el año 98», explicaba a este periódico Jakob. «Cualquier celebración es poca». El rojo dominó en todo el estadio, pero fue un muro abrumador en el fondo norte. Desde allí, el partido se vivía con una mezcla de intensidad y de alegría que no se ha visto en el torneo. Nadie se sentó ni un minuto. Cánticos, bailes, gritos, ánimos de principio a fin. En el tercer gol, el segundo de Erling Haaland , se caía el graderío. La de Noruega es una barra brava de simpatía, de ilusión de un país que por fin se siente parte de la fiesta del fútbol. Tras la victoria, el muro rojo y los jugadores se unieron en el ‘remo vikingo’, dirigido a golpe de tambor por el capitán, el exmadridista Martin Odegaard. El jolgorio siguió en medio de la tromba de agua que llegó tras el partido, desde las tripas del estadio a los trenes que devolvieron a los noruegos a Manhattan, borrachos de felicidad.

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