Publicado: abril 25, 2026, 8:23 am
A nivel mundial, la distribución de la riqueza no se mide solo por cuánto dinero tienen los más ricos, sino también por el flujo económico y cómo es la arquitectura del éxito que cada país ha construido. El equilibrio entre el «mérito propio» y la «cuna» define la identidad de una economía: mientras que en algunos países funcionan como laboratorios de innovación donde surgen fortunas de la nada, en otros funcionan como una suerte de caja fuerte donde el patrimonio se transmite de generación en generación cual título nobiliario moderno.
Este gráfico de la plataforma alemana de análisis de datos económicos DataPulse y está elaborado a partir de los datos de Forbes de junio de 2025. Por aquellas fechas la revista especializada en negocios contabilizaba con 2.838 personas billonarias en todo el mundo. Forbes clasifica a cada uno usando su propio sistema de puntuación (Self-Made score), que va del 1 al 10 según el peso de la herencia frente al mérito propio.
El resultado global es claro: dos de cada tres personas millonarias lo son porque «se han hecho a sí mismos». Pero esa afirmación esconde diferencias abismales que reflejan cómo funciona el poder económico en cada sociedad. Por cierto, un dato global que el propio gráfico resalta: entre 2024 y 2025 la riqueza total de todos los billonarios del mundo creció un 13,4%. De acuerdo con el UBS Billionaire Ambitions Report 2025, ese crecimiento empujó la riqueza agregada hasta un récord histórico de 15,8 billones de dólares.
¿De dónde viene la fortuna de los más ricos del mundo: herencia o se hicieron a sí mismos?
La zona superior del gráfico es donde se ubican aquellos países donde es más fácil hacerse rico por uno mismo y está capitaneada por Rusia y China: ambos aparecen con un 97% de billonarios self-made, el porcentaje más alto del mundo. Puede que sean países emprendedores, pero el verdadero rasgo diferencial hay que encontrarlo en su historia: sus respectivas revoluciones del siglo XX destruyeron cualquier capital privado heredable (la bolchevique en 1917 y la maoísta en 1949). Así que técnicamente, sus fortunas son de primera generación porque no podían ser de ninguna otra.
No obstante, en esta letra pequeña también entra la concepción de Forbes de Self-made: en el caso ruso, los principales oligarcas acumularon su riqueza en los años 90 aprovechando las salvajes privatizaciones de Yeltsin. El Wilson Center de Harvard lo dice alto y claro: fue una de las mayores transferencias de riqueza pública a manos privadas de la historia moderna. Llamarlo self-made es cuando menos generoso.
Aunque Estados Unidos es el país con más millonarios en número con casi 924 personas y según el UBS Billionaire Ambitions Report 2025 un 74% de ellos son self-made, no es el que aparece más arriba en el gráfico. Allí destacan el Reino Unido, Canadá o Israel. Todos tienen en común economías con mercados de capital desarrollados, ecosistemas de venture capital activos y marcos legales que facilitan la creación y escalado de empresas.
En Alemania, Francia o España manda la herencia. El bloque de Europa Occidental es la zona donde más pesa la riqueza heredada, con Alemania como caso extremo: solo el 25% de sus ricos lo son porque construyeron su propia fortuna. Family Capital lo explica bastante bien: los diez mayores patrimonios alemanes están todos vinculados a empresas familiares. No hay grandes fortunas tecnológicas de nueva generación. Lo que hay son nombres «de toda la vida», como los Quandt de BMW, los Albrecht detrás de Aldi o los Würth: dinastías industriales de posguerra que han transmitido sus imperios de generación en generación.
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España y Francia abrazan una lógica similar: tienen marcos legales que protegen fuertemente la transmisión patrimonial intergeneracional, escasez y /o debilidad de un ecosistema tecnológico comparable al que existe en el anglosajón o asiático y una cultura empresarial donde el control familiar del capital se considera un valor en sí mismo.
Justo encima de Alemania está España, que tiene el segundo puesto mundial en porcentaje de riqueza heredada, con un 74% de sus billonarios en esa categoría y solo un 26% self-made. Aunque haya algún que otro brote verde retazo de una economía modernizada, es residual: la riqueza española está históricamente concentrada en un número muy reducido de familias con posiciones dominantes en sectores con poca competencia. En pocas palabras, generalmente en España la riqueza viene de papá.
Como pasa en Alemania, los nombres en el estado español son grandes clásicos: la familia Ortega con Inditex, los Del Pino con Ferrovial, los March, los Entrecanales o los Lara. Son fortunas construidas en su mayor parte durante el franquismo o la transición, en un contexto de escasa competencia, acceso privilegiado al crédito y relaciones estrechas con el poder político. El resultado es lo que muestra el gráfico: un país donde hacerse billonario desde cero es estadísticamente casi una anomalía.
En Xataka | Pensábamos que a los millonarios les llovía su fortuna del cielo sin el menor esfuerzo: Spain is different
Portada | DataPulse
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La noticia
Si la pregunta es si los ricos nacen o se hacen, la respuesta está condensada en un gráfico que demuestra que Spain is different
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Eva R. de Luis
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