Publicado: mayo 14, 2026, 12:23 pm
Quienes viven cerca de centros de datos en EEUU están denunciando estar siendo afectados por los llamados infrasonidos. Se trata de sonidos de baja frecuencia que están por debajo de los límites de audición humanos pero que pueden acabar causando mareos, náusea, vértigos y problemas para conciliar el sueño. Y lo peor no es eso: es que esos centros de datos cumplen con la regulación actual.
El enemigo invisible. Los centros de datos se están convirtiendo en foco recurrente de críticas de vecinos y residentes en zonas donde se construyen. Las razones son contundentes y conocidas, pero a todas ellas se le suma ahora una que es preocupante por otro motivo: afecta a nuestra salud.
Malditos infrasonidos. El nuevo enemigo invisible de los afectados es la contaminación acústica de baja frecuencia. El problema es que a diferencia del ruido que por ejemplo genera una autopista, los infrasonidos no se «escuchan» con los oídos, sino que se sienten con todo el cuerpo y pueden provocar ansiedad, náuseas o un insomnio crónico.
Hmmmmmm. Los infrasonidos operan en frecuencias tan bajas que caen fuera del espectro auditivo humano. El problema es que a pesar de ello estos sonidos pueden atravesar paredes y recorrer cientros de metros para acabar llegando a los vecinos que viven cerca de centros de datos. Para ellos lo que se capta es una especie de vibración constante que no se puede apagar.
Los infrasonidos son legales, pero no deberían serlo. Las autoridades locales que reciben estas quejas no pueden hacer demasiado, porque se encuentran con un vacío legal: las normativas actuales suelen medir el ruido en decibelios (dB), pero como estos sonidos son inaudibles, los medidores de decibelios marcan niveles legales mientras los vecinos pueden llegar a desarrollar problemas de salud.
¿Es un pájaro? ¿es un avión? Los responsables de estos sonidos suelen ser los sistemas de refrigeración industrial que mueven volúmenes de aire gigantescos para mantener a raya las temperaturas generadas en estos centros de computación. No solo eso: muchos de estos centros intentan depender de la red eléctrica y evitar cuellos de botella en el suministro. Para ello usan turbinas de gas natural que son una especie de motores de avión a reacción modificados. Lo malo es que estas máquinas funcionan 24/7, eliminando el silencio nocturno y condenando el sueño de los residentes.
Deberían estar en el desierto. Tanto EEUU como Europa tienen vastas extensiones de tierra deshabiitada que debería ser ideal para este tipo de instalaciones, pero los hiperescaladores prefieren construir cerca de infraestructuras ya existentes porque eso les ahorra mucho tiempo y dinero a la hora de poner en macha estas instalaciones.
¿Y la refrigeración líquida, qué? Los expertos apuntan que una potencial solución sería usar soluciones de refrigeración líquida, lo que permitiría reducir de forma notable el ruido de los ventiladores. El problema, de nuevo, es que estos sistemas son caros y además no eliminan las necesidades en cuanto al uso de turbinas eléctricas.
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Cada vez más proyectos retrasados. Este es el último de los problemas que está convirtiendo a los centros de datos en instalaciones especialmente odiadas por los vecinos de las zonas donde se instalan. Las protestas son cada vez más frecuentes, y estas críticas se unen a problemas de suministro de agua y energía. Hay plataformas que analizan las moratorias y retrasos que están sufriendo estos proyectos, y actualmente en EEUU hay 50 bloqueos activos de proyectos para construir centros de datos en distintas regiones del país.
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La noticia
La última pesadilla de los centros de datos de IA no es subirte la factura de la luz: son los infrasonidos que no se oyen pero se sienten
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Pastor
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