Publicado: mayo 14, 2026, 10:23 am
En la última semana, El Niño se ha hecho de repente real. Medios como el Washington Post, la BBC o un sinfín de medios en español han empezado a comparar lo que se nos viene encima con El superNiño de 1877, el evento que «acabó con un 4% de la población mundial». Y, planteado así, no es para menos; el relato es sencillo: «viene un Niño Godzilla y nadie sabe si estamos preparados».
Por eso conviene saber de qué estamos hablando exactamente y si, en fin, «vamos a morir todos».
¿Cómo de serio es el asunto? Como decíamos hace unos días, entre marzo y mayo la fiabilidad de los pronósticos de ENSO suele ser peor de lo normal (porque las anomalías del Pacífico ecuatorial atraviesan su fase de transición). Eso hace que todo el mundo vaya con «pies de plomo»; pero los datos son preocupantes.
Ben Noll, del Washington Post, difundió el 8 de mayo que el North American Multi-Model Ensemble proyectaba «el El Niño más fuerte registrado» entre octubre 2026 y enero 2027, con pico de +3,1 °C en noviembre. Son palabras mayores. Sobre todo, porque el ECMWF va en la misma línea.
En palabras de Diego Restrepo, «el Niño se está intensificando rápidamente, y ahora 8 de 10 modelos apuntan a un súper evento y cuatro proyectan el más fuerte registrado».
¿Y esto se parece a 1877? Esa es la tesis de Noll y se ha repetido mucho en los últimos días. No obstante, la comparación es engañosa. Primero, porque, aunque los modelos están apuntando a una ENSO histórica, siguen siendo modelos. Es decir, aún no tenemos ni idea de lo que va a pasar. Y, siendo estrictos, hasta que en junio los modelos recuperen su pleno potencial, no lo sabremos bien.
Segundo porque, como defiende Kimberley Reid, de la Universidad de Melbourne, la intensidad medida en el Pacífico central no se traduce linealmente en impactos. Teniendo en cuenta todo lo que ha cambiado en este siglo y medio a nivel climático, los impactos pueden ser completamente distintos.
Y tercero porque El Niño de 1877 no fue el causante de esa catástrofe. Sí, es cierto que puso las condiciones para que se produjera pero, como señalaba Mike Davis en «Late Victorian Holocausts», lo que mató en toda ese cuarto de siglo fueron las política coloniales.
¿Y qué pasó en 1877? Una extraña combinación entre un súperNiño, el Dipolo del Índico y un Atlántico Norte tremendamente cálido entre los años de 1876–78 provocó una sequía global. El problema es que, en mundo gobernado por el imperialismo, la exportación de grano no se frenó y, como se habían desmantelado mecanismos locales de resiliencia, se produjo una hambruna que mató a unos 50 millones de personas.
Pero el consenso es claro: por muy intenso que fuera El Niño, lo que ocasionó el problema de su gestión.
Y eso, aunque no lo parezca, es una buena noticia. Hace unos años la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó un informe con una advertencia clara: los «desastres relacionados con el clima» han aumentado desde los años 70. En concreto, se han multiplicado por cinco a lo largo de las últimas cinco décadas.
Según sus cálculos, en los años 80 se registraron 1.400 incidentes —sus tablas incluyen fenómenos meteorológicos, climáticos e hídricos extremos— y en los 90, algo más de 2.200. En la primera década del siglo XXI se alcanzaron los 3.500 y durante la última, la que abarca de 2010 a 2019, se rozaron los 3.200.
Curiosamente, ese aumento en el registro de desastres ha coincidido con un descenso en el de víctimas. Los datos de la OMM son claros, también: de más de 50.000 muertos en la década de 1970 (se tienen en cuenta los incidentes relacionados básicamente con el clima y el agua) se pasó a menos de 20.000 en la de 2010. De una media de 170 diarios en los años 70 y 80, se bajó en los 90 a menos de un centenar diario y a 40 en los inicios del XXI.
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¿Qué pasará? Como también señala Restrepo, «a pesar de contar con más información y conocimiento, hoy tenemos océanos más calientes, ecosistemas mucho más vulnerables y una biodiversidad en colapso. Esto podría generar impactos en la salud y riesgos para la seguridad alimentaria, hídrica y energética».
Sin embargo, estamos más preparados y lo que es más importante tenemos tiempo para prepararnos. La pelota está en nuestro tejado.
Imagen | Ben Noll
En Xataka | Cada vez hay más fenómenos meteorológicos extremos. A cambio, están dejando menos víctimas que nunca
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La noticia
El superNiño de 1877 acabó con el 4% de la población mundial. El que ya empieza a formarse promete ser peor, pero ¿qué significa eso en 2027?
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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