Publicado: junio 5, 2026, 10:04 am
El impacto de la guerra de Irán, de la que ya se cumplen más de tres meses, es visible ya en la economía de la Eurozona. El PIB del conjunto de países que comparten el euro se contrajo un 0,2% en el primer trimestre del año, que se vio afectado solo en parte por el conflicto. La actividad venía de crecer un 0,2% a finales del ejercicio anterior. El hecho de que el PIB del área del euro ya se haya resentido complica el horizonte para el Banco Central Europeo (BCE), sobre todo tras conocerse que la inflación del área se elevó hasta el 3,2% en mayo.
La entidad tendrá que ser muy prudente con sus próximos movimientos, dado que si sube los tipos antes de tiempo para controlar el alza de los precios puede enfriar todavía más la actividad -el crecimiento interanual del PIB apenas fue del 0,3%-. No actuar y que la inflación se descontrole tendría efectos muy negativos para las familias y las empresas, que perderían un poder adquisitivo que les ha costado recuperar a raíz de la concatenación de crisis que se han ido produciendo desde la pandemia de coronavirus.
La incertidumbre acerca de la duración y gravedad de la crisis, el bloqueo del estrecho de Ormuz y su impacto en los precios de la energía y de las cadenas de suministro y los primeros efectos en los costes de producción han hecho mella en la confianza de los agentes económicos. Así, la inversión productiva de las empresas o formación bruta de capital fijo cayó un 0,3% entre enero y marzo en relación al trimestre previo, cuando venía de crecer al 0,8% de octubre a diciembre.
«Si el conflicto con Irán persiste y los precios de la energía se mantienen elevados, Europa será una de las regiones económicas más perjudicadas»
“Las perspectivas de la eurozona se deterioran en medio de la crisis energética», apuntan desde la gestora Federated Hermes, y advierten de que si el conflicto con Irán persiste y los precios de la energía se mantienen elevados, «Europa será una de las regiones económicas más perjudicadas”. Desde la firma recuerdan que a principios de año las perspectivas de crecimiento e inflación para el área eran más halagüeñas y que la Comisión Europea se vio obligada a empeorarlas y a situar el encarecimiento medio de la cesta de la compra en el 3,1% debido a los efectos del shock energético.
En una línea parecida, Martin Wolburg, economista senior en Generali Investments se muestra preocupado por cómo «el impulso estanflacionario está ganando fuerza en la eurozona». Los indicadores de sentimiento sugieren que la actividad del segundo trimestre se está estancando, a medida que el shock de los precios de la energía se traslada a los precios de los bienes.
El gasto de las familias también se resiente
Con las cifras que ha publicado Eurostat no sólo se aprecia un primer impacto de la guerra en la inversión. El aumento del gasto público se ha desacelerado, al pasar del 0,5 al 0,4%, como también lo ha hecho el de las familias, este de forma algo más intensa, dado que venía de avanzar un 0,4% a finales del año pasado y en el primer trimestre creció un 0,2%. En lo que respecta al sector exterior, las exportaciones han caído cuatro décimas menos en el trimestre (un 0,2%), mientras que las importaciones aumentaron más, un 0,5%.
La confianza se debilita por el aumento de los precios de la energía y explica porqué la dinámica del crecimiento se está ralentizando de nuevo, señalan desde el banco privado suizo Julius Baer. Sus expertos ponen el punto de mira en cómo los bancos centrales mundiales han cambiado rápidamente su retórica, antes moderada, hacia un tono más agresivo desde que estalló la crisis en Oriente Próximo. Esto incluye al BCE.
Por países, Dinamarca (+1,9%) registró el mayor crecimiento con respecto al trimestre anterior, seguida de Estonia y Malta (ambas con un avance del +1,1%). Por el lado contrario, la actividad se contrajo con fuerza en Irlanda (-12,1%) y disminuyó también en Lituania (-0,3%), Suecia (-0,2%) y en Francia (-0,1%).
El empleo también se resiente por la incertidumbre
Los datos que ha publicado este viernes Eurostat, la oficina de estadísticas europea, muestran cómo en ese mismo periodo el empleo prácticamente se estancó, al crecer apenas un 0,1% con respecto al cuarto trimestre del último ejercicio. Según cifras ajustadas estacionalmente (eliminando las distorsiones por el calendario), Eurostat estima que en el primer trimestre de 2026 había 221,2 millones de personas empleadas en la UE, de las que 176,3 millones se encontraban en la zona del euro.
Las horas trabajadas se redujeron un 0,2% en comparación con el trimestre anterior, mientras que aumentaron un 0,4% en relación al mismo trimestre de hace un año. Lituania (+1,8%), Malta (+1,0%) y Estonia (+0,9%) registraron el mayor aumento del empleo, mientras que las mayores caídas se registraron en Rumania (-1,0%), Irlanda (-0,8%) y Portugal (-0,4%).
