Publicado: junio 5, 2026, 2:07 pm
La bandera vaticana ondea, junto a la catalana y la española, en el exterior de la prisión de Brians 1 (Sant Esteve Sesrovires, Barcelona), mientras en el interior unos carteles avisan de que unas barandillas acaban de ser pintadas y una cuadrilla de operarios trabajan en un teatro repleto de andamios y polvo. Ese será el escenario donde una de las reclusas del centro, Josefina, también peluquera del módulo de mujeres de la cárcel, se dirigirá a León XIV el miércoles a partir de las 10.50 “muy agradecida de que se haya acordado de las personas que no estamos en libertad”. Será la primera ocasión que un jefe de la Iglesia pisa un centro penitenciario de España y la mujer recordaba este viernes que cuando el capellán del módulo de mujeres de la cárcel entró en la peluquería para decirle que ella era una de las dos escogidas para dirigirse a Robert Francis Prevost le dio un abrazo y le asaltó el llanto. “Es una experiencia religiosa”, sonríe, seguramente muy consciente de la canción de Enrique Iglesias, aunque incapaz de esconder el nerviosismo que le despierta tres y cuatro veces cada noche desde que supo que sería una de las dos personas que se dirigirían al Papa en su parada en Brians.
