Publicado: septiembre 6, 2026, 12:25 pm
Septiembre llega con esa sensación de realidad de vuelta a la rutina que, para muchas personas, parece incluso más potente que la de enero. Regresan los horarios, el trabajo y los proyectos que quedaron aparcados durante el verano. Pero, ¿es realmente septiembre un buen momento para ponerse nuevos objetivos? Para Manuela García, psicóloga de Psicólogos Madrid Cepsim, no existe una respuesta universal: más que obligarnos a cambiar, este momento puede servir para observarnos y decidir qué queremos mantener, modificar o cuidar.
Las vacaciones pueden funcionar como un paréntesis que permite tomar cierta distancia de la rutina habitual. «En este sentido, la vuelta de vacaciones puede hacernos más consciente sobre aquellos hábitos que no nos favorecen y, a partir de ahí, aumentar la predisposición para realizar algunos cambios», explica Manuela García a los lectores de 20Minutos.
Esta reflexión puede aparecer incluso cuando las vacaciones no han sido todo lo reparadoras que esperábamos. Algunas personas regresan cansadas o desganadas y descubren precisamente entonces que necesitan introducir modificaciones para afrontar mejor el día a día: descansar más, reorganizar responsabilidades en casa, incorporar actividad física, revisar la alimentación o reservar más tiempo para sí mismas y para compartir con sus seres queridos.
Para otras, en cambio, las vacaciones sí han permitido bajar el ritmo, descansar y conectar con el disfrute. «Al alejarnos temporalmente de algunas de nuestras fuentes habituales de estrés y de la dinámica cotidiana, puede haber más espacio para ‘aburrirnos’, estimulando la creatividad y conectando con emociones positivas que nos motiven», explica la psicóloga. Y es precisamente esa experiencia diferente la que puede hacer que, al regresar, nos planteemos qué queremos mantener: «Al haber experimentado otras formas de organizar nuestro tiempo y al dar espacio a actividades que durante el año quedan más relegadas, al volver, podemos preguntarnos qué queremos conservar de esa experiencia».
Por eso, la motivación para cambiar no depende únicamente de haber descansado. «La motivación para cambiar determinados hábitos tiene que ver con un proceso de valoración personal que, en ocasiones puede surgir del movimiento y de la oportunidad de tomar perspectiva, reconociendo necesidades y deseos a satisfacer, dentro de nuestras posibilidades», señala la especialista.
No hay que convertir septiembre en una competición
La llegada de septiembre suele venir acompañada de mensajes relacionados con la productividad, los nuevos hábitos y la búsqueda de una supuesta «mejor versión». Sin embargo, la psicóloga advierte de que esta presión no tiene por qué encajar con todo el mundo. «Esto es diferente de asumir que el fin de las vacaciones significa empezar a cambiarlo todo», explica. Si nuestras necesidades están cubiertas y no sentimos que haya nada que queramos modificar, también es válido no plantearse nuevos objetivos.
«La motivación es un proceso relacionado con factores internos y externos, que tiene una naturaleza fluctuante, por lo que no podemos depender únicamente de ella para establecer nuevos hábitos«, apunta Manuela García. Por eso, si decidimos aprovechar esta disposición, «puede ser recomendable priorizar objetivos sencillos y realistas, relacionados con aspectos que favorezcan un bienestar más profundo, como el ocio, los vínculos, la conexión con el momento presente, las relaciones interpersonales o el cuidado de nuestra salud».
¿Por qué septiembre se siente como un nuevo comienzo?
A mí, personalmente, la llegada del noveno mes del año me encanta, y hay una explicación cultural para que septiembre tenga ese carácter de «nuevo año» para muchas personas. «En el hemisferio norte y, particularmente en España, septiembre puede sentirse más como un ‘nuevo comienzo’ que enero porque está asociado a un cambio de ciclo en muchos de los ámbitos que forman parte de nuestra vida cotidiana«, explica Manuela García. Durante el verano, «los horarios y las rutinas suelen modificarse y, en muchos casos, se genera una especie de ‘pausa’ que lleva a posponer determinados proyectos o decisiones para después de las vacaciones». La llegada de septiembre marca entonces «el regreso a la dinámica habitual y puede hacer que ese momento de transición se perciba de forma más clara».
A esto se suma el peso del calendario escolar. Aunque no estudiemos, «puede haber interiorizado esta forma de organizar el año, en la que septiembre representa el inicio de una nueva etapa y coincide con la vuelta al trabajo, a los estudios, a los horarios habituales y a determinadas actividades». También el contexto comercial refuerza esta percepción: «durante estas fechas aumenta la oferta de servicios y productos vinculados a la ‘vuelta a la rutina’, lo que puede contribuir a la idea de que este es un momento propicio para incorporar cambios, retomar hábitos o plantearse nuevas metas».
Enero, en cambio, puede producir una sensación diferente: «Aunque supone un cambio de año y está socialmente asociado al establecimiento de nuevos propósitos, para algunas personas no implica una modificación tan evidente de su día a día». En definitiva, «la sensación de ‘nuevo comienzo’ no depende únicamente del calendario, sino también de lo que esto simboliza para cada persona en un momento concreto de su vida».
La vuelta a la rutina, además, no tiene por qué hacerse de golpe. «La vuelta a la rutina puede ser vivida de forma diferente por cada persona; si esta transición se produce de forma brusca, puede desencadenar en dificultades de adaptación«, advierte Manuela García. Por eso, «planificar un retorno progresivo a los horarios y responsabilidades cotidianos, puede favorecer una vuelta más amable y tranquila«.
El objetivo, insiste la experta, no debería ser convertir septiembre en una carrera por ser más productivos: «No se trata de convertir este momento en una etapa de exigencia y productividad, sino de aprovechar esta oportunidad para escucharnos e identificar qué necesitamos, qué queremos cuidar y qué modificaciones podemos incorporar de una manera realista a nuestra vida».
