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Por qué Israel antepuso su asociación estratégica en el Cáucaso Sur a la política simbólica

Publicado: julio 24, 2026, 3:00 am

El Parlamento israelí, la Knéset, ha suspendido el proceso de reconocimiento del denominado «genocidio» armenio. Se trata de una resolución impulsada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel el 26 de junio de 2026 para reconocer el «genocidio armenio» en el Imperio otomano (Azerbaiyán y Turquía no aceptan esta formulación, mientras que Armenia ya no exige su reconocimiento; nota de la autora). Para completar el procedimiento, el documento debía obtener el respaldo de la Knéset, pero la contundente reacción de Bakú y la postura moderada de la propia Ereván frenaron su avance.

El 17 de julio, al cierre de la semana anterior, la Knéset ya había iniciado su receso de verano y no volverá a sesionar antes de las elecciones parlamentarias previstas para el 27 de octubre de 2026. Fuentes de Bakú y Jerusalén vinculan la decisión de aplazar el reconocimiento con el riesgo de deteriorar las relaciones con Azerbaiyán, socio estratégico de Israel y país con el que mantiene una cooperación de larga data en materia de seguridad, defensa y energía. Este desenlace refuerza la posición de Bakú como potencia media y uno de los actores clave de la región.

Ereván ya no exige el reconocimiento del «genocidio». El 29 de junio, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán condenó la iniciativa israelí, calificó de «inaceptable» la politización de los acontecimientos de 1915 e instó a Jerusalén a reconsiderar su decisión. La resolución también encontró oposición en la propia Armenia, cuyo Gobierno proeuropeo trabaja por la reconciliación con Azerbaiyán y Turquía. «Abstenerse de participar en la instrumentalización del genocidio armenio responde a los intereses de la República de Armenia», declaró Pashinyan a finales de junio. Según RFI, su postura fue asimismo confirmada por el viceministro de Asuntos Exteriores Mnatsakan Safaryan.

La última vez que Ereván planteó la cuestión ante Israel fue durante el régimen afín al Kremlin de Serzh Sargsyan: en noviembre de 2017, el ministro de Asuntos Exteriores Edward Nalbandian afirmó que Ereván «esperaba el reconocimiento». El Gobierno actual no respalda esas exigencias, ya que la normalización de las relaciones con sus vecinos forma parte de su rumbo hacia la adhesión a la UE. En la Knéset se presentaron repetidamente proyectos de ley de reconocimiento —en 2018, 2019 y 2021—, pero no prosperaron debido a la postura del Gobierno. Hasta la fecha, el «genocidio» armenio ha sido reconocido por solo 32 Estados, incluida Rusia, país con un largo historial de agresiones contra Ucrania, Georgia y Moldavia.

Las posiciones de Bakú y Ankara

En Bakú y Ankara, la tardía iniciativa israelí —nueve años después de la petición de Ereván— fue interpretada como una medida puramente política dirigida contra Erdogan, en respuesta a su retórica antiisraelí sobre la guerra en Gaza. La iniciativa también fue rechazada por las comunidades judías de Azerbaiyán y por sectores del establishment israelí. Zamir Isaev, rabino jefe de la comunidad sefardí de Bakú, se dirigió a los miembros de Shas y Judaísmo Unido de la Torá y les recordó que «Azerbaiyán es uno de los amigos más cercanos y leales de Israel». Shneor Segal, rabino jefe de la comunidad asquenazí, formuló un llamamiento similar ante la Knéset.

La resolución también recibió críticas dentro del propio Israel. Efraim Inbar, presidente del Instituto de Jerusalén para la Estrategia y la Seguridad, calificó el intento de reavivar conflictos históricos de «error infantil y mezquino», dirigido contra Turquía pero perjudicial para la alianza con Bakú. La exdiputada de la Knéset Elina Bardach-Yalov señaló que el reconocimiento también contravenía los intereses de la propia Ereván, que se está acercando a Ankara. Según Ynet, Bakú consideró que la iniciativa suponía «cruzar una línea roja». Posteriormente, Israel paralizó de manera informal el proceso: la viceministra de Asuntos Exteriores Tzipi Hotovely se limitó a señalar que el ministerio no adoptaría una posición «debido al carácter claramente político» del asunto. Como concluyó el medio Haqqin, la iniciativa había quedado «enterrada en la práctica».

Cómo la diplomacia de paz se impone a la política de confrontación

No es la primera vez que la posición de Bakú influye en las decisiones de sus socios. En 2009, la reacción de Azerbaiyán fue uno de los factores que retrasaron la ratificación de los Protocolos de Zúrich sobre la normalización entre Turquía y Armenia: a petición de Bakú, Ankara vinculó los protocolos a una solución del conflicto de Karabaj; el Parlamento turco no ratificó los documentos y, en 2018, Ereván los anuló. Ankara aún no tiene prisa por abrir su frontera con Armenia y espera la firma de un tratado de paz integral tras la guerra de Karabaj, en la que Bakú recuperó territorios que durante más de 30 años habían permanecido en manos de separatistas armenios con apoyo del Kremlin. El propio proceso de normalización en el eje Bakú–Ereván avanza bajo la mediación de Donald Trump: en el Despacho Oval, Ilham Aliyev y Nikol Pashinyan consolidaron el proceso de reconciliación, convertido en un factor de estabilidad ante la putinización de Georgia y la militarización de Irán.

Netanyahu debe tener en cuenta la posición de Washington, para quien la reconciliación entre Bakú y Ereván es una prioridad. La suspensión del reconocimiento demostró que, mediante la diplomacia de paz de Aliyev, Azerbaiyán se consolida con creciente firmeza como potencia media en el Cáucaso Sur y Oriente Medio, y que la posición diplomática de Bakú y Ereván ya no puede ignorarse en cuestiones relativas al equilibrio regional.

El contenido de este artículo refleja exclusivamente la opinión de su autor y no representa necesariamente la posición del medio.

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