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Tallin: el destino de Estonia donde se respira la Edad Media

Publicado: julio 24, 2026, 10:04 am

El casco antiguo de Tallin, capital de Estonia y patrimonio mundial de la Unesco, puede recorrerse en un día. Por eso muchos eligen llegar en alguno de los cruceros que navegan el mar Báltico y atracan por la mañana y se van por la noche.

Ya desde el barco, se ven las torres y más de 25 agujas de piedra con techo de tejas rojas, que se erigen en los dos kilómetros de muralla que encierra la ciudadela del siglo XIII. Cinco minutos de caminata desde el puerto llevan a las puertas de Rannavärav en la muralla. La población de 400.000 habitantes está habituada a esta invasión pacífica cuando casi la misma cantidad de cruceristas colma las calles peatonales en la temporada alta europea.

El casco antiguo está dividido en Ciudad Baja o Vanalinn y Ciudad Alta o Toompea, y ambas parecen un gran set de filmación donde en cualquier momento podría aparecer Shrek y el burro, por la similitud con la arquitectura que se ve en la película de animación.

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A pocos metros del ingreso, veremos la iglesia de San Olaf, con su aguja de 159 metros de altura, la más alta del mundo antiguo, que tuvo la intención de ser una referencia para los barcos, aunque también atrajo rayos durante las tormentas. Las callecitas sinuosas y empedradas, cerradas al tránsito, invitan a caminar sin mirar el mapa, seguros de que de una manera y otra llegaremos a la Plaza del Ayuntamiento –Raekoja Plats–, corazón de la Ciudad Baja, donde había un mercado hace seis siglos.

Esta pequeña capital se puede recorrer en un día y conserva construcciones del siglo XIII

Ahora está rodeado de restaurantes, cafés y comercios de souvenirs. El edificio del Ayuntamiento es del siglo XIII y la torre, a la que se ingresa por separado, tiene una vista espectacular del casco antiguo.

En la esquina está la farmacia más antigua de toda Europa. Fue abierta en 1422 y sigue activa. La leyenda cuenta que el primer árbol de Navidad público se colocó en esta plaza y, para mantener vivo el mito, cada mediados de noviembre se erige con una pomposa ceremonia un gran árbol que será el centro de un mercado navideño de cuento de hadas, para muchos el más lindo de Europa.

Para hacer más real la experiencia medieval, los restaurantes Peppersak y Olde Hansa, en la Ciudad Vieja, están ambientados como antiguas tabernas del siglo XIV. Sirven cerveza en jarra y platos con carne de caza y pan de centeno en largas mesas comunitarias con sillas de respaldos altos y camareras con vestidos largos y cofias blancas como doncellas de la Edad Media. Y todo el lugar iluminado con velas. En la puerta, músicos tocan melodías antiguas con instrumentos y vestidos de época.

El restaurante Olde Hansa, en la Ciudad Vieja, está ambientado como una antigua taberna del siglo XIV

El pasaje Katarina, entre las calles Vene y Müürivahe, es el refugio de los artesanos de la comunidad de Santa Catalina que venden prendas de lana, chocolates y bijouterie. El nombre se lo deben al monasterio de los benedictinos fundado en 1246 donde, cuenta la leyenda, hay un “pilar energético” en el sótano. La calle Müürivahe corre paralela a la muralla y a esta altura es posible subir, recorrerla desde los 200 metros de alto y entrar en la torre Hellemann, una cárcel y depósito de municiones del siglo XIV.

Sobre la calle Harju, una gran iglesia del siglo XIII es hoy el Museo Niguliste, dedicado al arte medieval. La atracción más reciente de la iglesia-museo es una torre con una vista accesible a través de un ascensor de vidrio, para muchos polémico, para otros muy práctico.

Y si durante la Edad Media, Vanalinn (la Ciudad Vieja) fue el centro de los comerciantes y artesanos de origen alemán, el lugar donde el pueblo se divertía, Toompea era donde vivían y gobernaban los nobles y donde hoy está la casa actual de gobierno y la sede del Parlamento estonio (Riigikogu). También se encuentra el Castillo de Toompea, construido en el 1200 por los Caballeros de la Orden.

El casco antiguo de Tallin está dividido en Ciudad Baja o Vanalinn y Ciudad Alta o Toompea

Sobre el lado norte de la colina Toompea se llega al mirador Kohtuotsa, una gran explanada desde donde se puede ver una Tallin más completa: los techos rojos y las torres del casco antiguo, más allá los edificios de acero y vidrio de la parte moderna y en el fondo el azul del golfo de Finlandia y el puerto.

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Las celdas de la KGB

La muralla se ve en todo su esplendor desde el mirador Patkul, pero para meterse en su interior y ver los cañones, túneles y pasadizos secretos, lo mejor es recorrer varias de sus torres principales por dentro. La torre Margarita la Gorda, la más ancha, era desde donde se vigilaban los ataques por mar. Kiek in de Kök (literalmente “mirando en la cocina”), de 38 metros de altura, era la torre desde la que los soldados de guardia podían ver qué estaban cocinando.

Dos kilómetros de muralla encierran la ciudadela

Le siguen Tallitorn (la torre del Establo), donde estaban las caballerizas; Lühiksese jala (la torre de la Puerta de Pierna Corta) hace referencia a la empinada y estrecha calle que pasa a través de ella, mientras que Neitsitorn (la torre de la Doncella) era el lugar donde encarcelaban a las prostitutas y donde ahora se puede tomar un café. Cada torre cuenta su propia historia y en conjunto son una buena postal del pasado de Tallin.

El edificio en la calle Pagari 1, a pesar de estar aún en un escenario del siglo XIII, nos trae un soplo de lo peor del siglo XX, porque en su sótano funcionaba uno de los centros de detención más temidos de la ocupación soviética: las celdas de la KGB que se exhiben como un símbolo del terror comunista. Quienes se animen a bajar al sótano verán dos pasillos, seis celdas y la sala donde eran interrogados los “enemigos del pueblo” antes de ser fusilados o deportados a Siberia. Y sobre este sótano siniestro, el edificio alberga hoy pisos de lujo, la mejor manera de burlar el comunismo.

Cruzando la puerta de Viru, muralla afuera, regresamos al siglo XX, pero podemos ver más del pasado más reciente de Estonia, cuando fue parte de la Unión Soviética. En el hotel Viru hoy funciona el Museo de la KGB. En este sitio los agentes secretos tenían un expediente de cada ciudadano que era espiado. Se exhiben uniformes soviéticos y antiguos equipos de grabación a cinta, teléfonos, micrófonos y otros artículos indispensables del espía profesional. Una estética de la Guerra Fría que puede evocar con un poco de humor negro al Sigfrido de Kaos, el espía que combatía el Superagente 86 en los años 60.

De vuelta en el barco, los más chicos aseguran haber visto a la princesa Fiona agitando el pañuelo desde lo alto de una torre.

En la puerta de los bares y restaurantes los músicos tocan melodías antiguas con instrumentos y se visten de época

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