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Los comentarios de los vecinos de Barrio Parque tras el desembarco del magnate Peter Thiel

Publicado: abril 27, 2026, 6:07 pm

Calles arboladas, hojas de otoño sobre el asfalto y una calma que parece ajena al ritmo de la ciudad. En Barrio Parque, ese enclave de mansiones bajas y vida discreta donde el tiempo parece moverse más lento que en el resto de Buenos Aires, la llegada de un nuevo vecino podría haber alterado el equilibrio. Pero no fue el caso. Ni el nombre —Peter Thiel— ni la magnitud de la operación inmobiliaria que lo convirtió en residente del barrio parecen haber incomodado a quienes viven ahí. Más bien, todo lo contrario.

La casa que compró Peter Thiel en Barrio Parque

La casa, sobre la calle Dardo Rocha, frente a la residencia de Susana Giménez, fue adquirida por una cifra cercana a los US$12 millones. Es decir, muy por encima del valor de mercado actual, si se la compara con otras propiedades de la zona, según indican expertos del mercado inmobiliario. Thiel no es un comprador más: cofundó PayPal, fue uno de los primeros inversores de Facebook y es uno de los nombres más influyentes de Silicon Valley.

La aparición de un personaje tan disruptivo en medio de cuadras tan tranquilas podría haber generado revuelo. También sería válido pensar que ahora, en esas calles, habría alguna guardia periodística o móviles de seguridad. Sin embargo, lejos de despertar resquemor, la compra de Thiel fue recibida positivamente por los vecinos: señalan que eleva el valor del metro cuadrado en un barrio donde la oferta es escasa.

En la puerta no hay despliegues extraordinarios. Un Mercedes-Benz negro clase S estacionado, una van de la misma marca unos metros atrás y dos guardias que pasan desapercibidos se suman a las garitas habituales de la Policía de la Ciudad, que son financiadas por los propios vecinos. “Aca ya se abona un adicional para tener una mayor presencia policial”, describen quienes viven ahí.

“En este barrio hay discusiones por muchas cosas, pero no por esto”, resume el reconocido abogado y vecino Mauricio D’Alessandro, que vivió durante décadas en esa misma cuadra y conoce cada rincón. “No escuché a nadie molesto por la llegada de Thiel. Sí hay debates por habilitaciones, por comercios, por cómo se preserva el barrio. Pero por esto, no”, sostiene, y agrega: “Estamos hablando de un empresario global, de una de las grandes fortunas del mundo. Eso, automáticamente, eleva el valor del barrio. La casa de al lado pasó a valer el doble en un instante. Es una propiedad de referencia”.

Vecinos destacan que la compra por encima del valor del mercado puede impulsar el precio de las propiedades en la zona

D’Alessandro suma una imagen que ayuda a dimensionar lo que representa tener a una figura como Thiel en el barrio: “Tengo hijos viviendo en Estados Unidos. Si quisieran vivir en un entorno así, cerca de alguien como Thiel, necesitarían cifras astronómicas, completamente fuera de alcance. Esto posiciona al barrio en otro nivel”.

Teresa, una vecina de Barrio Parque que prefiere no dar su apellido, coincide: “Acá siempre se valora el bajo perfil, pero también el nivel. Y la llegada de alguien así, lejos de molestar, confirma que el barrio sigue siendo lo que es. No es ostentación, es coherencia con el lugar”, resume, mientras realiza su caminata diaria, que suele culminar con un café en el bar del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

En grupos de residentes, la noticia circuló con una mirada positiva y sin señales de rechazo

Candelaria, cuyos padres viven en Barrio Parque , agrega su mirada sobre el aterrizaje del nuevo vecino: “No cambia la dinámica del día a día. No es que de repente haya ruido o tránsito. Todo sigue igual. Pero sí hay una sensación de que el barrio gana relevancia, como si volviera a estar en el radar global”.

Ignacio Camps, vecino de Barrio Parque y socio de Evoluer Real Estate, también observa la operación como un hito inmobiliario. “Es un valor de venta muy relevante y, para muchos vecinos, puede ser una buena señal. Muestra que sus propiedades tienen una alta posibilidad de valorizarse”, explica. Según cuenta, en los últimos cinco años vendieron unas siete u ocho casas en el barrio, lo que muestra cierto recambio, aunque siempre dentro de un mercado muy exclusivo y de oferta limitada.

Las garitas de seguridad y el bajo perfil siguen marcando el ritmo cotidiano del barrio

Incluso quienes trabajan en la zona perciben esa misma calma. Mario, un obrero que trabaja en una obra a pocos metros de ahí, lo resume de esta manera: “A veces hay un poco más de movimiento, algún auto más, pero en general esto es siempre tranquilo. No es un lugar donde pase mucho. Y eso no cambió. Lo vi llegar una vez, pero todo normal. Normal para lo que se ve acá, ¿no?”.

El dato no es menor. Porque si algo define a Barrio Parque es el esfuerzo sostenido de sus vecinos por preservar una esencia: la de un barrio residencial, silencioso, de baja densidad, donde las casas, las embajadas y los jardines forman un mundo aparte.

Hace pocos meses, esa identidad volvió a quedar en el centro de la escena cuando la Justicia porteña frenó nuevas habilitaciones comerciales en la zona a partir de un reclamo vecinal. La discusión había escalado después de que los residentes detectaran el proyecto de un centro de wellness de lujo en una de sus calles más tranquilas. Para muchos, no se trataba de oponerse a una actividad puntual, sino de evitar que el barrio empezara a perder su carácter histórico, patrimonial y residencial.

La cautelar fue leída como una señal clara: Barrio Parque acepta nuevos vecinos, incluso de altísimo perfil, pero no cualquier transformación de su vida cotidiana. En ese contexto, la llegada de Thiel se interpreta de otra manera. No abre un comercio, no trae circulación de clientes ni altera el ritmo de las calles. Es una presencia privada, integrada a la lógica del lugar. Por eso, entre los vecinos, la lectura dominante parece ser positiva: la compra no rompe el espíritu del barrio, más bien lo confirma como uno de los enclaves residenciales más codiciados de Buenos Aires.

¿Quién es Peter Thiel?

Peter Thiel es una de las figuras más influyentes y también más controvertidas del capitalismo tecnológico contemporáneo. Tras volverse uno de los primeros inversores de Facebook y fundar PayPal, construyó una fortuna que ronda los 27.000 millones de dólares. También es cofundador de Palantir Technologies, una empresa especializada en análisis de datos que trabaja con gobiernos, agencias de inteligencia y organismos de defensa.

Su perfil excede el mundo tecnológico. Thiel ha tenido un rol activo en la política estadounidense y fue uno de los apoyos más visibles de Donald Trump dentro del ecosistema de Silicon Valley. Su nombre quedó asociado a una corriente más ideológica dentro de la industria tecnológica, con fuerte foco en seguridad, la defensa y el poder estatal.

A través de Palantir, Thiel además mantiene vínculos con agencias del gobierno de Estados Unidos y con estructuras cercanas al Pentágono, lo que lo ubica en una posición singular: es un empresario que no solo participa del desarrollo tecnológico, sino también de su aplicación en áreas sensibles como la inteligencia y la defensa.

Vínculo con Milei

Su llegada a la Argentina no es casual. En los últimos años estableció vínculos con el presidente Javier Milei y participó de encuentros donde destacó la proyección global de sus ideas. Durante su estadía, mantuvo reuniones con funcionarios y actores del mundo empresarial, en una agenda que combina negocios, política y tecnología.

En ese marco, la compra de la propiedad en Barrio Parque parece ir más allá de una visita circunstancial. Es una señal de interés sostenido. Y también, en términos simbólicos, una validación.

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