Publicado: abril 8, 2026, 3:00 am
Resulta curioso que en plena era de inteligencia artificial, crisis climática y debates existenciales en redes sociales, sigamos necesitando cohetes gigantes para reafirmar quiénes somos. Así funciona la especie humana: avanzamos en lo invisible (datos, algoritmos, energía) mientras seguimos fascinados por lo visible (un cohete despegando con estruendo y fuego). Artemis II no solo es una misión técnica; es una declaración simbólica: deseamos ir más allá, aunque a veces no sepamos muy bien para qué. Por mucho que se hable de lo histórica que es esta misión que despegó la semana pasada desde Florida rumbo a la Luna, ninguno de los cuatro astronautas a bordo descenderán a su superficie.
La NASA ha aprendido mucho desde los tiempos heroicos y algo improvisados del Apolo, y ahora plantea esta misión como un ensayo general. Cuatro astronautas, una nave moderna, sistemas más seguros y, en teoría, menos margen para el error. Varios proyectos espaciales fueron cancelados antes de que la NASA pusiera finalmente en marcha el programa Artemis. Fue creado en 2017 y ha involucrando a miles de personas, teniendo un costo estimado de 93.000 millones de dólares hasta la fecha. Para tener una referencia clara, durante los años del programa espacial el gobierno de EE.UU. destinaba para la NASA casi el 5% del presupuesto federal. Hoy día, en 2026, es del 0,35%
«Los dos grandes multimillonarios más poderosos de EEUU, Elon Musk y Jeff Bezos, rivales en los negocios, en el espacio aéreo trabajaran en conjunto para llevar en un futuro no lejano a los astronautas a la superficie lunar»
A diferencia del programa Apolo, en el que la NASA diseñó y construyó la nave en su totalidad, Artemis opera bajo una asociación público-privada. Los dos grandes multimillonarios más poderosos de EEUU, Elon Musk y Jeff Bezos, rivales en los negocios, en el espacio aéreo trabajaran en conjunto para llevar en un futuro no lejano a los astronautas a la superficie lunar a través de sus respectivas compañías: la Starship de SpaceX, de Musk, y una nave diseñada por Blue Origin, de Jeff Bezos.
Un total de 24 astronautas de la NASA viajaron a la Luna en las misiones Apolo. Sin embargo, desde 1972 nadie pisa nuestro satélite natural. Y, por ahora, nadie volverá a hacerlo. Para ello será necesario esperar por lo menos hasta Artemis IV, una misión planeada para 2028, aunque es probable que se retrase la fecha. En la página web de la NASA se explica que en el marco del programa Artemis se enviarán astronautas a misiones cada vez más difíciles para explorar una mayor parte de la Luna con fines científicos, beneficios económicos y para sentar las bases de las primeras misiones tripuladas a Marte.
«Artemis II es también una pieza clave en una partida mucho más amplia entre Estados Unidos y China»
Sería ingenuo pensar que todo esto va solo de ciencia. Artemis II es también una pieza clave en una partida mucho más amplia entre Estados Unidos y China. Mientras Washington lidera el programa Artemis con socios internacionales, Pekín avanza con su propio plan lunar, impulsado por la CNSA, con la mirada puesta en llevar taikonautas -astronautas chinos- a la Luna en la próxima década y establecer una base científica.
¿Quién ganará esta nueva carrera espacial? La pregunta suena familiar, casi un eco de la Carrera Espacial del siglo XX. Pero la respuesta, hoy, es menos clara y bastante menos cinematográfica. Estados Unidos parte con ventaja en experiencia, alianzas y capacidad tecnológica consolidada. China, por su parte, juega a largo plazo, con una ejecución metódica y sin la presión constante de la opinión pública occidental.
La diferencia clave es que esta vez no se trata solo de “llegar primero”, sino de “quedarse”. La Luna ya no es una meta simbólica, sino un posible nodo estratégico: recursos, investigación, presencia permanente. Y luego está la pregunta incómoda: ¿vale la pena? Miles de millones invertidos para dar vueltas alrededor de una roca que ya visitamos en los años 60 y 70. La respuesta depende de a quién se lo preguntes.
«La diferencia clave es que esta vez no se trata solo de ‘llegar primero’, sino de ‘quedarse’. La Luna ya no es una meta simbólica, sino un posible nodo estratégico: recursos, investigación, presencia permanente»
Para algunos, es un despilfarro; para otros, una inversión en conocimiento, tecnología y, quizá lo más difícil de cuantificar, en inspiración. Porque pocas cosas tienen la capacidad de unir a la humanidad —aunque sea por unos minutos— como ver una nave espacial alejándose de la Tierra. También existe para los fans de las cifras un logro nunca antes visto: Los cuatro tripulantes de Artemis II están destinados a convertirse en los humanos que más lejos han viajado de la Tierra, más de 402.000 km. Otro gran paso para el hombre, y otro insignificante dato para el libro Guinness de los récords.
