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Esto es lo que dice la psicología de las personas inseguras y cómo ganar seguridad

Publicado: abril 27, 2026, 3:00 am

Es sorprendente que muchas personas que acostumbran a recibir halagos, piropos y felicitaciones por todo lo que son y lo que hacen y, sin embargo, ni aún así logran sentirse seguras de sí mismas. Es como si nada de lo que viene de fuera terminara de llenar ese vacío interno. Según explica la psicóloga Ainhoa Vila, esta inseguridad no tiene que ver con una falta real de valor, sino con un patrón aprendido que condiciona la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos.

Cuando dudas de ti aunque los demás no lo hagan

«La inseguridad no aparece porque te falte valor, aparece cuando tu mente ha aprendido a poner en duda todo lo que eres«, señala la experta. Este aprendizaje suele ser silencioso, pero muy potente: poco a poco, la persona deja de confiar en su propio criterio y empieza a necesitar confirmación constante desde fuera. Así, cada decisión (por pequeña que sea) pasa por el filtro de la aprobación externa. Y ahí es donde se genera el problema: el cerebro recibe un mensaje repetido una y otra vez: solo estoy bien si los demás están de acuerdo conmigo.

Lejos de aportar tranquilidad, esta dinámica desgasta la autoestima. «Cuando cada decisión necesita una aprobación externa, tu cerebro recibe un mensaje clarísimo: solo estoy bien si los demás están de acuerdo con ello», añade. Cuanto más se repite, más se afianza en la mente esa dependencia. Con el tiempo, la persona deja de tomar decisiones desde su propio criterio y empieza a anticipar constantemente qué pensarán o dirán los demás. «Cada vez que tú estás esperando ese visto bueno, refuerzas esa idea de que tú solamente contigo mismo no eres suficiente, no bastas», alerta la psicóloga.

La trampa de la validación constante

Buscar validación no solo no soluciona la inseguridad, sino que la alimenta. Cuanto más dependes de la opinión ajena, más difícil se vuelve sostenerte por ti mismo. Para explicarlo, Ainhoa Vila utiliza una imagen muy clara: la autoestima como una brújula. Cuando está bien calibrada, te orienta con estabilidad; pero cuando depende del exterior, pierde el norte. «Un halago la eleva y un comentario neutro la puede hundir del todo», explica.

El resultado es una montaña rusa emocional en la que el bienestar depende del entorno. Se vive pendiente de la reacción de los demás, ajustando comportamientos, decisiones e incluso emociones para encajar.

Una forma sencilla de entenderlo es imaginar la autoestima como una brújula. «Imagina entonces tu autoestima como una brújula. Cuando dependes de la mirada de los demás, esa brújula se desajusta, está girando según quien esté cerca. Un halago la eleva y un comentario neutro la puede llegar a hundir del todo. Y terminas viviendo según el norte emocional de los demás», alerta Ainhoa Vila.

Aprender a validarte desde dentro

Frente a este patrón, el trabajo terapéutico se centra en recuperar una base interna sólida. «En las sesiones, lo que trabajamos es la autovalidación progresiva. Significa empezar a reconocer cuáles son tus aciertos, tus límites y tus emociones, sin pedir permiso para sentirte así. Así que cuando tu cerebro reciba esa aprobación interna, se acabe calmando y deje de buscar fuera lo que ya está encontrando dentro«, explica la psicóloga.

Esto implica empezar a reconocer los propios aciertos, límites y emociones sin pedir permiso para sentirlos. No se trata de ignorar a los demás, sino de dejar de depender de su aprobación para definir el propio valor. Cuando el cerebro empieza a recibir esa validación interna, poco a poco deja de buscarla fuera.

Este proceso, sin embargo, no es inmediato ni fácil. «Al principio es súper incómodo porque no estás acostumbrado a confiar en ti sin testigos externos, pero con el tiempo esa incomodidad se convierte en una fortaleza súper silenciosa«, señala. La seguridad deja de depender de gustar, encajar o ser aprobado. Como resume Ainhoa Vila, la verdadera estabilidad emocional no está en la mirada externa, sino en algo mucho más íntimo y duradero: la capacidad de «estar en paz con uno mismo«, incluso cuando nadie más está mirando.

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