Publicado: junio 16, 2026, 8:13 pm
Autor del gol en el repechaje contra Bolivia, Aymen Hussein es el héroe que llevó a Irak al Mundial 2026. Y si bien su festejo, y el de todo un país detrás suyo por regresar a una Copa del Mundo tras 40 años de ausencia, refleja pura alegría, Hussein, como la mayoría de su pueblo, es una persona sufrida.
Pero sufrida como se sufre en lugar como Irak, donde las guerras y la muerte rodean constantemente a sus ciudadanos. Y esa convivencia los lleva a naturalizarla. En este caso, el futbolista iraquí sufrió la rudeza de Al-Qaeda, que mató a su padre y desapareció a su hermano.
Así y todo, la naturalización, o la resignación, quizá, llevó a Hussein de 30 años a afirmar recientemente: “Si dejo el fútbol, no cambiará nada. No recuperaré ninguna de las cosas que perdí. Es más, doy gracias a Dios por mi situación. En mi casa tengo paredes. Muchos de los iraquíes desplazados viven en tiendas de campaña», reflexionó el futbolista.

Como si los sufrimientos y padecimientos que arrastra de su país fuesen poco, el héroe de Irak arribó a los Estados Unidos para jugar la Copa del Mundo y encontró con momento desagradable, impropio de un futbolista que llega a un país organizador del evento deportivo más importante del planeta.
Porque al poner un pie en el aeropuerto O’Hare de Chicago, junto con el resto de la delegación de Irak, las autoridades migratorias locales lo detuvieron, por considerarlo sospechoso de terrorismo.
Y pasó sus primeras siete horas en Estados Unidos en calidad de detenido, siendo intensamente interrogado y con su teléfono móvil secuestrado e investigado. Finalmente, sin mediar mayores explicaciones, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas y el Departamento de Seguridad Nacional informó que habían confundido al jugador de fútbol con un terrorista.
El drama del héroe que llevó a Irak al Mundial 2026: la dura vida de Aymen Hussein
Nacido en 1996 en la ciudad de Hawija, una de las zonas que más sufrió la guerra en Irak, el fútbol fue un refugio desde niño para Aymen Hussein. Y desde esa edad se destacó.
Sin embargo, para la mayoría de los ciudadanos de región, trabajar en el ejército o en la policía es la salida laboral con mayores chances de salir adelante económicamente. Pero para la familia Hussein fue un sufrimiento.
Y para Aymen, en particular, una triste forma de curtirse, ya que a sus 12 años padeció el asesinato de su padre, oficial del Ejército, a manos del grupo terrorista Al-Qaeda. Unos años después, en 2014, fue su hermano -policía- el que resultó víctima del ISIS, que lo secuestró cuando la familia huía de Hawija. Hasta el día de hoy no saben de su paradero.
Aun con estas tragedias a cuestas, la vida de los iraquíes parece estar destinada al vínculo con lo militar. De hecho, después del triunfo 2-1 contra Bolivia en el repechaje jugado en Monterrey, en el que Aymen convirtió el gol de la victoria, el héroe regresó a Bagdad rodeado de soldados armados con fusiles, en una imagen contrastante: la felicidad del momento marcada por los conflictos de decenas de años.
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En la tragedia que rodea a la figura futbolera de Irak se puede trazar una similitud con la que afectó al otro héroe del fútbol que tuvo el país, el que le dio la clasificación a México 86: el volante ofensivo, Basil Gorgis.
Bajo el gobierno de Saddam Hussein, el deporte era una política de Estado y la participación del seleccionado en México 86 era un logro trascendental. El equipo jugó tres partidos en el grupo que compartió con el organizador, con Paraguay y con Bélgica.
Contra los europeos, Gorgis, que era la estrella del equipo, fue expulsado. Y a su regreso a Irak, el gobierno lo encarceló durante 10 días como castigo.
