Publicado: junio 18, 2026, 8:13 am
Las primeras dos audiencias del juicio por la desaparición de Loan Peña no solo empezaron a delinear el recorrido judicial del caso. También dejan ver, en pequeños gestos, silencios y actitudes, cómo atraviesan el proceso quienes están sentados en el banquillo de los acusados. En ese registro más fino aparecieron escenas que construyeron una postal del clima dentro de la sala.
Una de ellas tuvo como protagonista al comisario Walter Maciel. Durante buena parte de la primera audiencia, ya sin las esposas, se lo vio concentrado, escribiendo de manera constante en un cuaderno Gloria de tapa verde. Con la mirada baja y por momentos ajeno a lo que ocurría a su alrededor, el acusado de ser partícipe secundario tomó notas mientras avanzaban las exposiciones.
A pocos metros, la situación de Laudelina Peña mostró otra cara del impacto del juicio. Según contó su abogada, Mónica Chirivín, la mujer atraviesa episodios de presión alta desde el domingo, en la previa al inicio de las audiencias. Su estado de salud se suma al cuadro de desgaste que, aseguran desde su entorno, viene acumulando desde el comienzo de la causa.
En uno de los cuartos intermedios, incluso, Rodolfo Baqué, el abogado de Elizabeth Noemí Cutaia, se acercó para alcanzarle algunas golosinas y algo para comer, en un gesto que pasó casi desapercibido dentro de la sala.

El vínculo entre los propios imputados también dejó señales. En la sala, Carlos Pérez y María Victoria Caillava se mantuvieron distantes de Laudelina. En más de una ocasión, le dieron la espalda, evitando cualquier tipo de contacto visual o interacción, en una imagen que evidenció la distancia entre quienes, según la acusación del Ministerio Público Fiscal, habrían actuado juntos.
Ese distanciamiento quedó en evidencia en audiencias atravesadas por fuertes cruces y problemas técnicos, que por momentos diluyeron el ritmo del debate, que cumplió con todas sus jornadas de la semana antes de lo previsto.
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Una de las particularidades estuvo en la situación de Mónica Millapi, quien presenció el debate por Zoom desde su casa en Neuquén, tal como había sido autorizado previamente por el tribunal para que pudiera cuidar a sus hijos.
Sin embargo, su participación remota no estuvo exenta de inconvenientes. Por momentos, la conexión fallaba: su imagen desaparecía de la pantalla y el tribunal debió llamarle la atención en más de una oportunidad. Tras esos episodios, Millapi volvió a conectarse utilizando su celular para poder continuar siguiendo la audiencia.

Daniel “Fierrito” Ramírez también dejó ver su actitud durante el debate. Con una mirada desafiante en varios tramos de la audiencia, el imputado se mostró activo en su defensa: en más de una oportunidad se lo vio conversar en voz baja con sus abogados, Marcelo Hanson y Jorge Monti, en intercambios pasajeros pero constantes.
En tanto, Antonio Benítez dejó ver un cambio en su actitud desde la otra punta de la sala. Durante la primera audiencia se lo había visto con la cabeza gacha y una postura más retraída, pero en la segunda jornada se mostró distinto: más erguido, firme en su asiento y atento a cada una de las intervenciones.
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En el salón del Escuadrón N°48 de la Gendarmería Nacional también estuvieron presentes los acusados por la denominada causa de la Fundación Dupuy (menos Rossi Colombo), quienes llegaron en libertad, a diferencia de los imputados por la causa principal, que lo hicieron detenidos.
Son escenas menores, detalles que no figuran en los expedientes ni forman -ni formarán- parte de las pruebas que deberán evaluar los jueces a lo largo del juicio, que podría terminar a fin de año. Pero en un debate atravesado por la repercusión mediática y la gravedad del caso, funcionan como un reflejo de cómo cada uno enfrenta, a su manera, el avance del proceso.
