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España vuelve al fútbol de oro

Publicado: junio 21, 2026, 6:03 pm

De regreso de un debut en un túnel tenebroso, la selección vuelve a su fútbol de oro. Del callejón oscuro ante Cabo Verde a la rehabilitación frente a Arabia Saudí con un juego de rango estelar. Otra vez es la maravilla conocida. Velocidad de pensamiento y acción, fluidez, finura, remate y goles. El concurso de Lamine Yamal, titular por primera vez, impulsó con su descaro juvenil y sus regates a la selección, que con cuatro puntos está virtualmente clasificada para los dieciseisavos de final. Luis de la Fuente ha modificado la visión de conjunto y la selección asoma al ruidoso estadio de Atlanta con otro semblante. Porro por Llorente , Olmo por Fabián, Baena por Gavi y, sobre todo, Lamine Yamal por Ferran diluyen en el baúl del tiempo la calamidad frente a Cabo Verde y enaltecen de nuevo al personal con un fútbol fluido, fresco, dinámico. La seña de identidad de la selección que enamoró a la parroquia en la Eurocopa y sucesivas citas. Es el primer minuto y Lamine Yamal encara a su defensor, Al Harbi, en un anticipo de los sudores que le tocará vivir en la mañana de Georgia. Lamine finta, amaga, avanza, mueve las caderas y sujeta el balón en una secuencia hipnótica que es el toque de corneta para la selección. Liderazgo descarado con 18 años, empuje juvenil para contagiar y animar al resto al atrevimiento colectivo. Desde ese instante el espíritu y la atmósfera en la selección son otros. Impera la lucidez, la gestión del talento, la confianza en el modelo y también las ganas de desquite. «Los jugadores están muy picados», advirtió el seleccionador en la víspera, con especial énfasis en el mensaje y con pausa añadida para que lo recibiese la crítica en la sala de prensa del estadio Mercedes-Benz. El afán por el desagravio también se advirtió en los duelos, siempre a favor de los españoles, intensos en la disputa. Siempre hubo un jugador español en la primera parte cerca del rival de turno para molestar, incordiar o presionar en ese océano que se defiende avanzando hacia la portería adversaria. Baena completó un primer acto fantástico, activo por la izquierda, utilizando su carrusel de virtudes sin que se echase de menos la velocidad de Nico Williams. Rodri amarró la pelota y la distribuyó con clarividencia y propiedad. Ni una pérdida. Lo mismo Pedri y su repertorio de fantasía para combinar. Dani Olmo mejoró a la selección con su facilidad para girar y tocar cerca del área. En tres minutos la selección encadenó tres primeros, limpieza de carbonilla de un motor que esta vez sí volvió a rugir con potencia y decibelios. Lamine marcó el primero (m. 11) después de un avance coral con pase inteligente de Oyarzabal. El jugador de la Real Sociedad es otro con la selección, estrella mundial con el viento a favor que sentencia el partido con dos goles en cuatro minutos de entusiasmo colectivo, presión total, finura por las bandas y fútbol de oro. Un remate a bocajarro y una sutileza al robar el balón con toque de exterior relajan a toda España y al grupo de jugadores en el campo. La fiereza competitiva de la selección se exhibe en una acción concreta. Un robo de balón saudí en el campo desemboca en un imponente y masivo repliegue de los españoles para evitar el contragolpe que culmina en un despeje a banda de Lamine con 3-0. La ambición se palpa en los golpes que recibe el torso de Arabia Saudí, una selección con criterio para jugar el balón. Lamine intenta por todos los caminos llegar a su segundo gol antes de ser sustituido en la segunda mitad por Yeremy Pino. No lo consigue, pero ha dejado su sello en la rehabilitación de España. También ingresa en el equipo Ferran Torres, recambio de un Oyarzabal que celebró sus dos goles con severos puñetazos al cielo y aire de resarcimiento. Los cambios tratan de influir en el partido y hablar de su libro, más vitalidad para la selección, que no afloja el paso. En otro gran córner lanzado por Baena, Cucurella remata la peinada a gol. Es el cuarto y el fin de la fiesta porque ya no sabe qué hacer con el partido y España rebaja luego la tensión y la explosividad creativa. Por primera vez el público pita con fuerza y pulmones la pausa de hidratación, ese invento americano que ha adoptado el fútbol para rellenar de dólares sus ya repletos bolsillos. El estadio de Atlanta retumba con estruendo con música de fondo y acalla los silbidos, como amansa a la fieras. Sale al campo Nico Williams para completar la buena onda que genera la tarde. En España ya están todos, salvo Víctor Muñoz, para encarar el Mundial con el talante conocido y hacer soñar a un país.

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