Publicado: octubre 13, 2026, 3:00 am
Israel afronta, desde este martes, la campaña electoral más importante de su historia reciente, en un momento trascendental para el Estado judío. Los comicios, que se celebrarán el próximo 27 de octubre, podrían marcar el final de la tercera etapa de Benjamin Netanyahu al frente del país o, por contra, asegurar su continuidad en unas elecciones planteadas como un plebiscito en torno a su figura, con las consecuencias de los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva israelí en la Franja de Gaza contra la organización islamista en el centro del debate político.
«Ahora mismo, el panorama electoral en Israel está dividido entre dos grandes bloques, el bloque pro-Netanyahu y el bloque anti-Netanyahu«, explica a 20minutos Sonia Sánchez, profesora del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV). Las encuestas sitúan a ambos bloques, integrados por varios partidos y con posiciones diametralmente opuestas sobre el liderazgo de Netanyahu, en un «empate casi técnico, en torno a los 50 y 55 escaños cada uno». El Parlamento israelí, la Knéset, cuenta con 120 escaños, por lo que ninguno tendría asegurada la mayoría necesaria (61) para gobernar.
«La situación es muy volátil y todavía puede ocurrir algo que haga inclinar la balanza hacia un sitio o hacia otro», sostiene Sánchez. «Israel siempre es una incógnita, porque es una sociedad muy polarizada», coincide Alberto Priego, director del máster en Asuntos Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas ICADE. «El sistema proporcional que tiene Israel hace que se atomice mucho la representación y, por lo tanto, que haya muchos partidos», explica a este periódico.
La llave del poder estará, por tanto, en las alianzas parlamentarias: desde los socios de extrema derecha que han sostenido a Netanyahu —especialmente Poder Judío, de Itamar Ben-Gvir, y Sionismo Religioso, de Bezalel Smotrich— hasta los partidos árabes, a los que las encuestas atribuyen alrededor de 14 escaños, y que podrían resultar decisivos para una mayoría alternativa.
«La cuestión es hasta qué punto, teniendo todavía la guerra abierta en Gaza, con lo que supuso el ataque de Hamás y todo el antiarabismo que ha crecido a consecuencia de ello, una coalición estaría dispuesta a formar y presentar a la sociedad un gobierno con partidos árabes», plantea Sánchez, que no descarta una repetición electoral si ningún bloque consigue sumar una mayoría. Priego coincide en que «las alianzas van a ser fundamentales», aunque advierte de que en Israel pueden producirse «alianzas muy extrañas que pueden responder simplemente a intereses personales».
Eisenkot, el militar que aspira a suceder a Netanyahu
En este contexto, Gadi Eisekot se ha perfilado como potencial sucesor de Netanyahu al frente del país. El que fuera jefe del Estado Mayor del Ejército israelí y líder del partido Yashar ha conseguido situarse como principal rival del actual primer ministro, y su irrupción en el panorama político, ha modificado el equilibrio de fuerzas dentro de la oposición, donde dirigentes como Naftali Bennett o Yair Lapid habían concentrado las expectativas de un posible relevo.
«Eisenkot es un héroe militar en Israel. Perteneció a la Brigada Golani, una de las más prestigiosas, y aunque trabajó con Ehud Barak —primer ministro entre 1999 y 2001— , sus ideas son más cercanas al Likud», explica Priego. De hecho, formó parte del Gobierno de Netanyahu después del 7 de octubre: se incorporó al gabinete de guerra creado tras los atentados de Hamás, pero lo abandonó en junio de 2024 por sus discrepancias con el primer ministro.
Ese gesto, sostiene Sánchez, explica en gran medida las diferencias entre ambos dirigentes, centradas en la ofensiva de Gaza. «Eisenkot veía que Netanyahu no tenía un plan para el día de después. Su principal fallo es haberse metido en una guerra sin un fin político, o sin un horizonte político que fuera alcanzable. Al optar por unos objetivos maximalistas, como acabar con Hamás, ha situado a Israel en una trampa en la que él mismo se ha metido y de la que ahora no puede salir», explica la profesora de la UFV.
«Sus discrepancias no tenían tanto que ver con los métodos militares como con la ausencia de una estrategia para el futuro de Gaza», añade Priego. El docente de Comillas recuerda que, lejos de rechazar las tácticas bélicas, Eisenkot fue uno de los responsables de la doctrina Dahiya, asociada al empleo de una fuerza militar desproporcionada contra infraestructuras vinculadas a organizaciones armadas. Su llegada al Gobierno, por tanto, no supondría una ruptura con la doctrina militar israelí.
Según Sánchez, Eisenkot también cuestionaba las consecuencias internacionales de la ofensiva israelí y la imposibilidad de convertir sus operaciones militares en resultados políticos. «Para ir a la guerra, necesitas poder capitalizar una victoria militar en un rédito político, y eso no lo ha conseguido», señala.
El desgaste de Netanyahu y las consecuencias del 7-O
El desgaste de Netanyahu no se explica sin entender las consecuencias de los ataques de Hamás y la respuesta militar sobre la Franja de Gaza. La idea de seguridad, profundamente arraigada en la sociedad israelí, quedó cuestionada aquel día, sin que el primer ministro haya asumido responsabilidades políticas por los fallos que permitieron la ofensiva de Hamás.
«La oposición está pidiendo que dé explicaciones y asuma responsabilidades por el 7 de octubre, y también está cuestionando su gestión de la guerra y sus logros», explica Sánchez. «Él le ha echado toda la culpa al estamento de seguridad, a la inteligencia y al militar, y no ha asumido ninguna responsabilidad. Hay muchos en Israel que están esperando una comisión de investigación que depure esas responsabilidades», añade.
A la controversia sobre los fallos de seguridad se suma el balance de las campañas militares iniciadas por Israel después de los atentados. «Netanyahu no ha conseguido, por mucho que lo proyecte de ese modo, ninguno de los objetivos que se propuso en la guerra, salvo la devolución de los rehenes», sostiene Sánchez, que considera que los golpes contra Hamás y los aliados regionales de Irán no han conseguido traducirse en los resultados políticos esperados, destaca la docente de la UFV.
«La guerra de Gaza es el epicentro del debate político en Israel. Muchos piensan que ha sido un error, que la reputación internacional de Israel está por los suelos y que Hamás, tarde o temprano, volverá a existir. La sensación que se tiene en Israel es que continuamente se están buscando excusas para mantener alargada esta guerra, y que el hecho de que la guerra persista solamente beneficia a Netanyahu», expone Priego, que apunta a una profunda transformación social en Israel tras los atentados de Hamás: «El trauma que ha dejado en la sociedad israelí ha radicalizado y, sobre todo, le ha quitado la esperanza de futuro, de un futuro en paz, a buena parte de la sociedad», reflexiona.
Sin cambios de fondo para Gaza gane quien gane
Sin la continuidad de Netanyahu asegurada, una de las principales incógnitas es hasta qué punto un cambio de Gobierno podría modificar la situación en Gaza, donde las siguientes fases del plan de paz impulsado por Estados Unidos continúan bloqueadas ante las diferencias sobre el desarme de Hamás, la retirada militar israelí y el futuro político de la Franja.
Para Sánchez, Eisenkot podría mostrar una mayor disposición al diálogo y a la búsqueda de una salida política al conflicto, especialmente porque no dependería de los partidos de extrema derecha que han sostenido al actual Ejecutivo. Tanto Ben-Gvir como Smotrich han defendido la reocupación de Gaza y se han opuesto a determinadas retiradas del Ejército israelí, llegando a amenazar con abandonar la coalición gubernamental. «Creo que Eisenkot tendría otro talante y otra manera de dirigir e intentar darle a Israel una salida política, siempre con garantías. Seguramente tendría una mayor maniobrabilidad en negociaciones que Netanyahu al no tener esos miembros tan extremistas en su coalición», explica Sánchez.
Sin embargo, la experta advierte de que el antiguo militar no representa una alternativa pacifista al actual primer ministro. «Es un exmilitar, un gran estratega, con un pensamiento estratégico que considera que lo que se ha hecho hasta ahora han sido movimientos tácticos, pero Israel necesita restablecer su posición en la región, volver a tener credibilidad, volver a tener una buena sintonía con Estados Unidos y restaurar su papel a nivel internacional», sostiene. A esto se suma el estado de la opinión pública israelí, profundamente marcada por los ataques del 7-O y las consecuencias de la guerra. Sánchez considera improbable que un Gobierno alternativo acepte una retirada de Gaza sin garantías suficientes para impedir que Hamás recupere su capacidad militar anterior. «Tampoco creo que vaya a regalar a Hamás una vuelta al statu quo anterior como si nada hubiera pasado. Tendría que vender en Israel que la retirada de Gaza no va a suponer un deterioro de la seguridad. Necesita garantías para poder avanzar ahí», señala.
El futuro de Palestina, en cualquier caso sigue sin generar consenso en el estamento político israelí. «Antes había más opiniones sobre dos Estados o un Estado. Ahora hay una especie de sentimiento oscuro en medio: unos dicen abiertamente que no debe haber un Estado palestino y otros dicen que debería haber, aunque son muy pocos, y la mayor parte no tiene claro si debe haber o no un Estado palestino«, explica Priego, que destaca que, pese a la radicalización tras el 7-O, sectores como los partidos de centroizquierdas presentan posiciones menos hostiles hacia Palestina.
Una eventual victoria de Eisenkot, si bien podría facilitar una mayor apertura diplomática para abordar el futuro de Gaza, no conllevaría una transformación profunda de la doctrina de seguridad israelí ni avances inmediatos hacia la creación de un Estado palestino.
Los desafíos de Irán y el aislamiento internacional
Lo que seguro no cambiará en un hipotético cambio de Gobierno será la confrontación de Israel con el régimen de los ayatolás en Irán. «No habrá un cambio sustancial hasta que en Teherán haya un cambio también, y en gran medida, la guerra abierta en Oriente Medio dependerá de lo que decida hacer EEUU», destaca Sánchez, que subraya que, al igual que en Gaza, las operaciones militares israelíes tampoco han conseguido eliminar las amenazas que pretendían: «Sabemos que la capacidad nuclear de Irán ha sido dañada, pero no sabemos hasta qué punto de manera irreversible. Y su red de aliados —Hamás, Hezbolá, los hutíes…—, aunque se ha dificultado su coordinación con Irán por la guerra y por el aislamiento, parece que sigue coordinándose hasta cierto punto. El efecto que se quería conseguir de desmantelamiento y debilitamiento de esa red también ha sido limitado».
Sea quien sea elegido para liderar el país, Israel también deberá lidiar con el deterioro de sus relaciones con gran parte de los países del mundo, especialmente con Europa y los estados árabes, tras la devastación y la crisis humanitaria que la ofensiva contra Hamás ha generado en el enclave palestino. Para Priego, Netanyahu ha priorizado las decisiones de corto plazo y sus intereses políticos frente a las relaciones históricas del Estado judío. «Israel ha dejado de tener relación con sus aliados tradicionales, con Francia, con el Reino Unido y con algún país europeo, y ha radicalizado sus alianzas. Se está primando la política del corto plazo y del interés personal o partidista de Netanyahu frente a las políticas de Estado que dicen que Israel tiene que estar con Europa, con Occidente y con los países con los que tiene una afinidad cultural», asegura el docente de Comillas.
«Son muchos los retos a los que se enfrentaría el nuevo Gobierno, sobre todo restaurar la capacidad de disuasión de Israel y salir del aislamiento internacional y de esa situación de Estado paria en la que se ha situado», coincide Sánchez, «Hay un entendimiento en que la seguridad de Israel pasa porque no esté aislado. Primero la seguridad siempre, pero el nuevo Gobierno seguramente tendrá eso en la agenda como una prioridad», añade. Esa idea va ligada a la cuestión central de la seguridad, destaca la docente de la UFV: «Hay un entendimiento en que la seguridad de Israel pasa porque no esté aislado. Primero la seguridad en sí misma siempre, pero el nuevo Gobierno seguramente tendrá eso en la agenda como una prioridad».
Las elecciones del próximo 27 de octubre no solo medirán el desgaste de Netanyahu, sino también el impacto, llegado este punto, de los atentados de Hamás y la ofensiva sobre Gaza en la sociedad israelí tres años después. La incierta coyuntura política hace difícil predecir la continuidad del Likud en el poder o un cambio de Gobierno que podría modificar las formas pero no el fondo de las prioridades estratégicas del país.
