Publicado: septiembre 16, 2026, 10:30 am
Comparezco ante ustedes para confesarles que el martes sentí vergüenza de mi equipo por primera vez en 63 años. No la sentí cuando el Milan de Sacchi nos sacudía en San Siro como se ventila por la ventana un trapo sucio, tampoco cuando el Barça de Messi vino al Bernabéu a meternos seis, que pudieron ser siete, ocho… No sentí vergüenza por lo del alcorconazo, son cosas que pasan, es fútbol. Soy madridista de cuna y, al menos desde que tengo uso de razón, si pongo en una balanza los buenos y los malos ratos, hay más de mil kilos más de orgullo que de vergüenza. Jamás me sentí abochornado hasta este 15 de septiembre de 2026 a eso de las nueve y media de la noche. Tres jugadores de cuyo nombre prefiero no acordarme decidieron no solidarizarse con los ceutíes , que no pueden salir de sus casas, que no quieren llevar a sus hijos al colegio por miedo, que se están viendo obligados a cerrar sus negocios, que tienen que acompañar de noche a sus mujeres para impedir que sean violadas. El Real Madrid, que lleva paseando la bandera de España por el mundo desde tiempos inmemoriales, decidió arriarla, la escondió apelando a la sensibilidad individual, salió corriendo. Mi equipo, que no se arruga nunca ante nadie y que es Sansón con la Liga, Supermán con los árbitros, Dan Defensor con la UEFA y el Cid con la FIFA, se hizo un ovillo y adoptó la posición fetal para evitar así una confrontación con tres niñatos con más dinero del que podrán gastar jamás en su vida y con menos empatía que una ameba. España tiene tres o cuatro emblemas, El Prado, Julio Iglesias y Raphael, Zara y el Real Madrid. ¿A qué puede tenerle miedo el mejor club deportivo de todos los tiempos? ¿Y cómo puede huir despavorido de su responsabilidad histórica? El 15 de septiembre de 2026 a eso de las nueve y media de la noche, los madridistas sensatos nos revolvimos en nuestras sillas y, conociéndolos un poco, Di Stéfano, Gento, Amancio, Benito, Velázquez, Miguel Ángel y Santamaría lo hicieron también en sus tumbas.
