Publicado: septiembre 15, 2026, 12:30 am
Un lunes a las 10.00 de la mañana, lo último que le apetece al entrenador del Madrid es ponerse delante de los medios de comunicación. No es opinión. El propio Mourinho lo confesó en la sala de prensa de Valdebebas, en uno de esos pellizquitos que el luso está poniendo en práctica en su segunda etapa como entrenador del Madrid. Con una sonrisa y en tono de broma, pero nada en Mourinho es casual : «¿Cómo afronto otra semana de varios partidos? Pues mira, seis ruedas de prensa en una semana. En otros países me permitían ahorrarme una, no estar aquí hoy o mañana después del partido. Yo estoy cansado de vosotros, vosotros estáis cansados de mí, pero aquí estamos, porque es nuestro trabajo. Si vosotros me decís la próxima semana de seis nos ahorramos una, yo traigo por aquí algo para picar». En este primer mes de temporada del Mourinho 2.0 como entrenador del Madrid, el portugués se ha alejado de la beligerancia y el desgaste de su primera etapa. Así lo contamos en este periódico y así quiere ser durante toda esta segunda era en el banquillo blanco, pero la esencia no ha cambiado. Mourinho no es un entrenador modernito de los que hoy dominan el fútbol que, habitualmente, suelen presumir de no hablar de los árbitros. Ni de los medios. Ni de los rivales. Es cierto que está en modo didáctico cuando le preguntan por el juego de su equipo y no rehúye conversaciones futboleras, pero si tiene ganas de soltar un palito, lo hace. Con un lenguaje bien distinto al de hace 13 años, pero palito. Incluso si nadie le pregunta por ello. Así sucedió la semana pasada, tras la derrota ante el Betis. Mourinho aprovechó la rueda de prensa previa al debut en Champions contra el Inter (el partido siguiente al 1-0 en la Cartuja) para, sin mediar pregunta, soltar uno de sus ya icónicos ‘por qué’ : «¿Por qué el penalti de Mbappé no ha sido repetido? ¿Por qué no ha llamado al árbitro para verlo en el monitor? Es un poco extraño». Como extraño le pareció que a ninguno de los periodistas a los que el Madrid dio ayer turno de pregunta le cuestionara por los penaltis de esta última jornada a favor del Barcelona y el Atlético: «¿Hoy no me preguntáis por los penaltis del fin de semana? Qué extraño, ¿no?», dijo con una sonrisa pícara mientras se levantaba y se marchaba al entrenamiento. Los colegiados no son los únicos con los que Mourinho quiere marcar su territorio. A la prensa, con la que de momento su comportamiento es educado y respetuoso, le recuerda en cuanto puede que las filtraciones le siguen poniendo de los nervios. De ahí que en estas primeras semanas esté fiscalizando cada once, por si antes lo desvela algún periodista. Eso es sello Mourinho. No le gusta que haya jugadores, miembros del staff o empleados de otros departamentos que desvelen lo que para él es sagrado, que es lo que ocurre dentro del vestuario: «Mientras digáis cosas buenas, perfecto. Pero si habláis mal de mí, cuidado (dándose con el puño derecho sobre su mano izquierda)», dijo entre risas en una de sus primeras ruedas de prensa. Veremos si estos pellizcos de Mourinho se quedan ahí o dejan de ser ‘caricias’ para convertirse en algo más conforme pase la temporada y aparezcan esos momentos complicados que él mismo reconoce que van a aparecer. Por ahora, y antes del parón XXL de las próximas tres semanas, le toca mirar al Elche, contra quien juega esta noche en el Martínez Valero, y frente al Atlético el domingo en el Metropolitano. Un derbi que la pasada temporada acabó 5-2 y puso la primera piedra del desenamoramiento de Xabi con pesos pesados del vestuario y con la planta noble. Lo segundo no se va a repetir, y para vengarse de lo primero, le tocará al Madrid de Mou hacer su primer gran partido de la temporada.
