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Tu cerebro también come: así influye nuestra alimentación en la forma de afrontar el día

Publicado: octubre 27, 2026, 8:00 am

Lo que comemos no solo influye en nuestra salud física. Nuestro cerebro también necesita nutrientes para funcionar correctamente y nuestros hábitos cotidianos pueden influir en cómo nos sentimos y afrontamos el día. Imagina dos mañanas completamente diferentes.

Primera mañana. Suena el despertador. Lo apagas varias veces y, cuando por fin te levantas, descubres que vas tarde. Te duchas deprisa, te vistes casi sin pensar y sales corriendo de casa. Por el camino, compras un café y un bollo. Desayunas mientras miras el móvil y repasas mentalmente todo lo que tienes pendiente. Apenas ha empezado el día y ya tienes la sensación de ir a contrarreloj.

Segunda mañana. Suena el despertador y tienes tiempo para levantarte tranquilamente. Te preparas un desayuno completo: unas tostadas integrales con aceite de oliva y tomate acompañadas de un huevo, o un yogur natural con fruta y frutos secos. Te sientas, disfrutas de ese momento y dedicas unos minutos a organizar tu jornada.

Ahora te pregunto: ¿Crees que vas a afrontar ambas mañanas de la misma manera? En mi libro Tu cerebro también come recojo estas dos situaciones cotidianas para invitar a reflexionar sobre cómo nuestros hábitos, y especialmente nuestra alimentación, pueden influir en el funcionamiento del cerebro.

Así te comportas, así empiezas el día

Porque la diferencia entre ambas mañanas no está únicamente en lo que desayunamos. También intervienen el descanso, el estrés, las prisas y la forma en que comenzamos el día.

Nuestro cerebro también necesita alimentarse. Cuando pensamos en alimentación saludable, solemos relacionarla con el peso, el corazón o la prevención de enfermedades. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en nuestro cerebro.

Este órgano trabaja constantemente, incluso mientras dormimos, y necesita un aporte continuo de energía y nutrientes para desarrollar funciones tan importantes como la memoria, la atención o la regulación de las emociones. Nutrientes como las vitaminas del grupo B, el hierro o los ácidos grasos omega-3 participan en procesos esenciales para el funcionamiento del sistema nervioso.

Pero esto no significa que existan alimentos milagrosos capaces de mejorar nuestra memoria o concentración de forma inmediata. Lo importante no es un alimento aislado, sino el conjunto de nuestra alimentación.

¿Y qué ocurre con el café y el bollo?

Tomar un café y un bollo un día no va a perjudicar nuestro cerebro. La cuestión aparece cuando determinadas elecciones se convierten en nuestra rutina habitual y desplazan alimentos más nutritivos. Un desayuno rico en harinas refinadas y azúcares puede resultar menos saciante que otro que incluya fibra, proteínas y grasas saludables.

Pero tampoco podemos olvidar que nuestra alimentación está estrechamente relacionada con otros hábitos. Dormir poco, vivir con estrés o comenzar el día con prisas también puede afectar a nuestra concentración y bienestar. Además, el cerebro utiliza neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, que participan en procesos relacionados con el estado de ánimo, la motivación y la recompensa. Su funcionamiento depende de numerosos factores, entre ellos una nutrición adecuada.

Por eso, cuidar nuestro cerebro implica mucho más que elegir determinados alimentos. Pequeños hábitos, grandes decisiones. La ciencia ha encontrado asociaciones entre patrones alimentarios saludables, como la dieta mediterránea, y una mejor salud cognitiva a largo plazo. Una alimentación variada, rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva y frutos secos, puede contribuir al cuidado de nuestra salud.

Pero no se trata de desayunar perfectamente cada mañana ni de sentirnos culpables cuando no tenemos tiempo. Se trata de comprender que las pequeñas decisiones que repetimos cada día forman parte de nuestra salud.

Quizás mañana no puedas cambiar toda tu rutina, pero sí encontrar unos minutos para preparar un desayuno más completo, descansar mejor o empezar el día con menos prisas. Porque cuando elegimos cómo alimentarnos, no solo estamos cuidando nuestro cuerpo. También estamos cuidando nuestro cerebro.

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