Publicado: octubre 10, 2026, 11:30 am
Era noviembre de 2020 y Apple anunciaba el que iba a ser el detonante de que los Mac cambiasen para siempre. Y para bien. El chip M1 fue el primer procesador propio de la compañía para sus Mac, los cuales empezaban a dejar atrás los procesadores Intel y abrazaban la arquitectura ARM. La transición fue modélica y solo unos años después se completó y ya no existe un solo ordenador de Apple que no lleve un Apple Silicon como cerebro.
Los MacBook Air y MacBook Pro M1, junto al Mac mini M1 fueron los que iniciaron todo. De ellos, el MacBook Air de 8 GB de memoria y 256 GB de almacenamiento fue el más básico de todos. Y también el que yo compré. Lo sigo usando seis años después y ya te adelanto que, salvo sorpresa, así seguirá siendo.
La necesidad de un portátil «secundario»

Cuando adquirí el MacBook Air M1, usaba un iMac Intel como equipo principal. Uno que después acabaría cambiando por un Mac mini M2 Pro que sigue siendo mi principal ordenador, aunque eso es otra historia. La elección de aquel MacBook venía precedida por la necesidad de tener un ordenador «secundario» para ciertas ocasiones.
Entrecomillo de lo de secundario porque, aunque creo que es un adjetivo que es fiel a la realidad de que no es el Mac que más uso, no acaba de ser del todo justo con el uso que le doy. Trabajando en remoto desde hace años, a menudo estoy fuera de casa y necesito un ordenador competente a sabiendas de que llevarme mi equipo principal de sobremesa no es lo más cómodo.
Partiendo de esa base, el MacBook Air M1 fue desde el principio mi compañero para el trabajo (y el ocio) fuera de casa. Con su tamaño de 13 pulgadas y su ya extinto e icónico diseño tipo cuña, es super ligero y cómodo de llevar en cualquier mochila. Este es un punto que, aunque en menor medida, siguen conservando los MacBook Air M5, que son los últimos ‘Air’ hasta la fecha.
Mi M1 ya partía desde el principio con la desventaja teórica de ser inferior en rendimiento por su memoria de apenas 8 GB y su ausencia de ventilador para la gestión térmica y que, en según que situaciones exigentes, tiende a ralentizarse para no sobrecalentar el equipo.
Pese a todo, jamás noté un problema de rendimiento en este MacBook. Y sí, ya sé que pensarás que es una afirmación un tanto ventajista para un equipo que no se usa a diario. Sin embargo, en esas ocasiones en las que solo le tengo a él, mi trabajo es exactamente el mismo que en mi equipo de sobremesa. Y volaba.
Se que esto no es exactamente así, pero los 8 GB de memoria en un Apple Silicon son en cierto modo equivalentes a 16 GB con un chip Intel. No defiendo con ello a los 8 GB, ya que es una base que no debería tener ya ningún ordenador (y que por suerte ya no es la base en Apple), pero la gestión del M1 hace que cundan mucho más de lo que cabría esperar sobre el papel.
El MacBook de batallas
Han pasado seis años y mi situación laboral no ha cambiado. Sigo trabajando desde casa y esporádicamente tengo que hacerlo fuera. Y sí, el MacBook Air M1 sigue siendo mi aliado para el trabajo en esas circunstancias.
Lo que ahora ha cambiado es que, por mi labor en Applesfera, me viene de fábula tener un Mac para «cacharrear». Al MacBook Air le han caído en estos años todas las betas habidas y por haber. También es el equipo que uso para probar herramientas de dudoso origen o hacer cualquier cosa que crea arriesgada hacer en mi Mac mini de uso principal.

Físicamente si tiene este rasguño en una esquina tras una caída hace años, aunque aseguro que en foto (y ampliado) parece más de lo que es
¿Y sabes qué? Solo lo he tenido que restaurar una vez. Y no fue tanto por problemas de rendimiento, como sí de espacio. Los 256 GB se me quedaron cortos y, teniendo todo lo importante en iCloud, consideré que era la forma más rápida de hacer una limpieza profunda.
No todo es perfecto
El ordenador sigue funcionando igual de bien que el primer día. Se lanzó con macOS 11 Big Sur y desde entonces ha recibido seis grandes actualizaciones hasta llegar al actual macOS 27 Golden Gate. Y a diferencia de lo que sucedía antaño, donde cada actualización se sentía como una losa al rendimiento, en este M1 todo ha ido igual.
He tenido bugs, sobre todo en betas, que es algo lógico. Algún cuelgue he tenido también ocasionalmente con alguna aplicación, ya sea nativa o de terceros. Sin embargo, no diría que ha sido en mayor proporción que en las de mi Mac mini M2 Pro con 16 GB.
Donde más se le notan las costuras a este dispositivo es en la comparativa de fluidez con mi Mac principal. Las aplicaciones no abren igual de rápido, le cuesta algo más sostener el rendimiento con varias abiertas y una fotografía que edite en Pixelmator tarda algo más en exportarse que en el otro.
Al final es un agravio comparativo consecuencia de usar otro Mac más potente a diario. Pero no es nada dramático. Aún no me he encontrado una barrera que me impida usarlo o que me haga plantearme seriamente volver a restaurarlo e incluso adquirir otro nuevo.
Me niego a cambiarlo

MacBook Air M1 (arriba) y MacBook Air M5 (abajo)
Mi circunstancia de uso invita a que no vea problemas en el MacBook Air M1. Mi función principal es la de trabajar con el navegador, editores de textos, hojas de cálculo, hacer ediciones de imágenes básicas en apps tipo Pixelmator y poco más. Entiendo que otro tipo de usuario que edite vídeo o utilice renderizado 3D y similares, sí que tendría otra visión distinta.
Mi propio caso podría ser bien distinto si este fuese mi único Mac para trabajar a diario. Seguiría sin ser un drama y no tendría una urgencia atroz en cambiarlo, pero sí creo que quizás me plantease más en serio renovarlo, ya que con los chips actuales (vamos ya por el M6) la diferencia empieza a ser cada vez mayor.
Pero eso son casos hipotéticos. En mi realidad de uso, el MacBook Air M1 sigue siendo igual de competente que cuando lo compré. ¿Que a veces me tienta alguno más reciente? Por supuesto, pero sé que no es necesario.
Y esto es algo que debo agradecerle a Apple Silicon, ya que antaño, cuando los Mac montaban chips de Intel, los ciclos de renovación se veían abocados a acortarse porque enseguida aparecían los problemas de rendimiento. No en vano, con una configuración de memoria similar, tuve que cambiar mi iMac a los pocos años de comprarlo.
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La noticia
Sigo teniendo el primer MacBook Air con M1. Y esta es mi experiencia seis años después
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Álvaro García M.
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