Publicado: octubre 8, 2026, 12:30 pm
Tres ingenieros de la startup de inteligencia artificial Axiom decidieron recoger su almuerzo en el autoservicio para coches de un restaurante en California, Estados Unidos. Sin embargo, en vez de conducir ellos mismos, se sentaron en un Toyota Corolla de 2024 con un ordenador portátil y cedieron los mandos a GPT-6 Astra. Este modelo de IA fue desarrollado por OpenAI y es el más potente que tienen actualmente en el mercado, pero fue concebido para redactar textos o generar código informático, no para conducir un automóvil. La IA se apoyó en un servidor conectado a varias cámaras instaladas en el parabrisas y a la dirección asistida del coche, mientras un conductor de seguridad mantenía el pie sobre el pedal de freno por precaución. Aunque fue lento, el algoritmo guio al coche de forma constante hasta la ventanilla de entrega. «Quizás la AGI ya está aquí después de todo», aseguró uno de los ingenieros haciendo alusión a la inteligencia artificial general, que es capaz de comprender, aprender y realizar cualquier tarea intelectual o cognitiva que un ser humano pueda llevar a cabo, y confirmando que la tecnología tiene una comprensión básica del mundo físico. Mientras los coches autónomos tradicionales operan con algoritmos diseñados expresamente para la conducción, GPT-6 Astra tomó decisiones en tiempo real y sin preparación previa. La idea surgió al constatar que las herramientas de IA ya pueden crear simulaciones tridimensionales complejas. «Todos vivimos en el Área de la Bahía y estamos expuestos a Teslas y Waymos, así que tal vez eso influyó», explicó Aditya Ramabadran, uno de los investigadores, a ‘ Wired ‘. Aunque al principio los modelos se negaban alegando que podían «interpretar imágenes de carreteras, pero no emitir órdenes de movimiento a un coche físico», solo tuvieron que ajustar las instrucciones para que obedeciera. «Esto podría ser una capacidad emergente debida simplemente a escalar la multimodalidad del modelo», declaró Simon Mahns, otro de los ingenieros, señalando que las tecnológicas sencillamente no están adiestrando a la IA para conducir. Antes de pasar a la carretera, los investigadores crearon un entorno de pruebas llamado ‘DrivingBench’, que cede a la IA el control del volante, acelerador y freno de un Corolla en un circuito de conos dentro de un aparcamiento. En esta ruta cerrada, GPT-6 Astra completó el recorrido al 100 % en 5 minutos y 22 segundos, mientras que Claude Fable 5.1 alcanzó el 45 % y Grok se quedó en un 11 %. «Los modelos parecían estar ajustándose o memorizando el contexto a partir de sus errores y aprendiendo a manejar mejor los controles», afirmó Ramabadran.
