Publicado: abril 23, 2026, 12:00 am
Despertarse con el vientre plano y terminar el día con sensación de hinchazón, hasta el punto de desabrocharse el pantalón puede ser un reflejo directo de lo que ocurre en el interior del organismo. A lo largo de la jornada, el sistema digestivo trabaja de forma constante procesando los alimentos, y factores como el tipo de comida, la velocidad al comer, el estrés o incluso la hidratación pueden influir en esa sensación de distensión abdominal.
¿Por qué el abdomen se hincha?
Entonces, ¿por qué se pasa del vientre plano al abdomen inflamado? «No se trata únicamente de lo que comemos sino de cómo funciona nuestro sistema digestivo en su conjunto. Durante la noche, el intestino permanece relativamente vacío pero a lo largo del día entran en juego múltiples factores: la ingesta de alimentos y líquidos, la fermentación intestinal, la producción de gases y los cambios en la motilidad digestiva», comenta la doctora Malena García Arredondo, especialista en aparato digestivo y directora de la unidad MGA Healthy Digest en Memorial Publio Cordón Hospital en Pozuelo de Alarcón.
A esto se suma un fenómeno cada vez más estudiado: la disinergia abdomino-frénica, en la que el diafragma desciende y la pared abdominal se relaja en lugar de contener el abdomen, provocando que se abombe aunque no exista un aumento real de volumen. El resultado es esa diferencia visible, y muchas veces incómoda, entre la mañana y la noche.
Según la experta, tener que aflojarse el pantalón al final del día puede entrar dentro de la normalidad si ocurre de forma puntual y leve; sin embargo, cuando la hinchazón es frecuente, intensa o se acompaña de síntomas como dolor, alteraciones del ritmo intestinal o fatiga, es importante prestarle atención y valorarlo en consulta. «Lo relevante no es que ocurra alguna vez, sino la frecuencia, la intensidad y el impacto en la calidad de vida«, explica.
No todos los alimentos afectan igual
Uno de los errores más frecuentes es pensar que existe una lista universal de alimentos prohibidos, cuando en realidad la tolerancia digestiva es profundamente individual. Aunque ciertos productos como legumbres, crucíferas, lácteos o alimentos ricos en FODMAP pueden favorecer la fermentación intestinal, no afectan a todo el mundo por igual. «Un alimento que a una persona le provoca distensión, otra puede tolerarlo perfectamente. Todo depende de la microbiota, la sensibilidad intestinal y factores como el estrés o el ritmo de vida», afirma la doctora García Arredondo. De hecho, cuando alguien siente que «todo le sienta mal», muchas veces el origen no está en un alimento concreto, sino en «un desequilibrio del sistema digestivo».
Los mejores alimentos para sentirse bien
En este contexto, una de las grandes preguntas es si existen alimentos capaces de «deshinchar», y la respuesta científica es clara: no hay soluciones milagro. Sin embargo, sí hay ingredientes que pueden ayudar a modular la inflamación y favorecer una microbiota saludable, como el jengibre, la cúrcuma, el yogur o el kéfir, el pescado azul o el aceite de oliva virgen extra. «No se trata de añadir un superalimento, sino de entender qué está ocurriendo en el organismo y abordarlo de forma individualizada», explica la doctora.
Además, no solo influye lo que comemos, sino también cómo lo hacemos: las técnicas de cocción sencillas como el vapor, el hervido o la plancha suave facilitan la digestión, mientras que los fritos, rebozados o salsas grasas pueden ralentizar el vaciamiento gástrico y aumentar la sensación de pesadez. Un ejemplo claro son las legumbres, que, aunque nutricionalmente excelentes, resultan mucho más digestivas cuando se remojan, se cocinan adecuadamente o se consumen en forma de crema.
El papel del estrés en el intestino
La hinchazón abdominal no depende únicamente de la dieta, sino que está influida por múltiples factores que van desde el estrés hasta el estreñimiento, la velocidad al comer o la propia sensibilidad digestiva. Todos ellos forman parte del eje intestino-cerebro, una red compleja que conecta el sistema digestivo con el sistema nervioso y que regula gran parte de nuestra salud. «La digestión no es solo un proceso físico, también está profundamente conectado con el sistema nervioso», afirma la doctora García Arredondo.
Por eso, una de las confusiones más habituales es identificar la hinchazón con un aumento de peso, cuando en realidad se trata de fenómenos distintos: la grasa corporal es estable, mientras que la distensión abdominal fluctúa a lo largo del día, suele empeorar tras las comidas y mejorar por la mañana o después de evacuar, lo que apunta a un origen digestivo más que metabólico.
Más allá de estas molestias puntuales, existe un concepto clave en la medicina actual: la inflamación crónica de bajo grado, un estado silencioso que puede manifestarse con síntomas como cansancio persistente, problemas digestivos recurrentes, alteraciones del tránsito intestinal, problemas de piel o dificultad para mantener el peso. En el centro de este equilibrio se encuentra el intestino, donde interactúan la microbiota, el sistema inmunitario y el sistema nervioso.
