Seis formas poco conocidas de calmar un pico de ansiedad, según una psicóloga: "Se vive en silencio más veces de las que imaginamos" - Venezuela
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Seis formas poco conocidas de calmar un pico de ansiedad, según una psicóloga: «Se vive en silencio más veces de las que imaginamos»

Publicado: septiembre 24, 2026, 9:00 am

La ansiedad se vive en silencio más veces de las que imaginamos. Puede aparecer en forma de pensamientos que se aceleran, anticipación constante, tensión física o una sensación de alerta difícil de explicar. En esos momentos, conseguir que la atención vuelva al presente puede ayudar a romper, al menos temporalmente, el círculo de pensamientos que alimenta el malestar.

La psicóloga Lorena Amadio propone en redes sociales varios ejercicios sencillos basados en la estimulación sensorial y en la atención para intentar recuperar esa conexión con el aquí y el ahora. No se trata de hacer desaparecer la ansiedad de forma instantánea, sino de utilizar determinados estímulos para interrumpir la espiral de pensamientos y favorecer un estado de mayor calma.

Chupar una rodaja de limón

Uno de los recursos que plantea es recurrir a un sabor intenso y reconocible. «Su sabor ácido capta inmediatamente tu atención, interrumpe el flujo de pensamientos ansiosos y puede ayudar a regular el sistema nervioso. Es un verdadero anclaje sensorial que te trae de vuelta al aquí y al ahora», explica Lorena Amadio. La idea es que una sensación física muy concreta obligue a dirigir la atención hacia lo que está ocurriendo en ese instante, en lugar de mantenerla centrada en pensamientos relacionados con lo que podría suceder.

Leer un texto al revés

Otra de sus propuestas consiste en leer unas líneas comenzando por el final. Aunque pueda parecer un gesto extraño, precisamente esa dificultad obliga a prestar más atención a la tarea. «Este ejercicio involucra la corteza prefrontal y ayuda a interrumpir la espiral de los pensamientos automáticos. La ansiedad a menudo se alimenta de la anticipación del futuro. Leer al revés obliga al cerebro a centrar de nuevo la atención en el momento presente», señala la psicóloga.

Sumergir las manos en agua fría

El frío también puede convertirse en un estímulo para dirigir la atención hacia el cuerpo. Amadio recomienda sumergir las manos en agua fría porque «puede activar el reflejo de inmersión». Según explica, «esto puede ayudar a reducir la activación fisiológica, liberar parte de la tensión y enviar al sistema nervioso un mensaje de seguridad. No hay un peligro inmediato».

Buscar cinco cosas de color azul

Otro ejercicio consiste simplemente en mirar alrededor y localizar cinco objetos de color azul. El objetivo es dejar de prestar atención exclusivamente a los pensamientos internos y observar de manera deliberada el entorno. «Este ejercicio te lleva a buscar elementos reales en el entorno que te rodea. Ayuda al cerebro a reconocer que estás aquí y ahora, y no ante una amenaza imaginaria», dice en su post de Instagram Lorena Amadio.

Soplar a través de una pajita

La respiración también puede utilizarse para modificar el ritmo de la activación corporal. En este caso, la psicóloga propone soplar a través de una pajita, de manera que la salida del aire sea más lenta. «Cuando la exhalación se vuelve más lenta y prolongada que la inhalación, el ritmo cardíaco puede disminuir y el sistema nervioso puede empezar a equilibrarse de nuevo«, apunta.

Masajear el espacio entre las cejas

Por último, Amadio plantea un gesto centrado en el rostro: masajear suavemente el espacio situado entre las cejas. «Este gesto puede estimular el nervio trigémino. Puede ayudar a relajar la tensión del rostro vinculada al estado de alerta y enviar al cerebro una señal de seguridad y calma», explica.

Todos estos ejercicios tienen un elemento común: desplazar la atención desde la preocupación hacia una sensación, una acción o un estímulo concreto. Porque cuando la ansiedad aparece, la mente puede quedarse atrapada en escenarios futuros y amenazas que todavía no han sucedido. Volver deliberadamente al entorno y al propio cuerpo puede ser una forma de interrumpir ese bucle durante unos instantes.

La ansiedad, recuerda la psicóloga, «se vive en silencio más veces de las que imaginamos», por lo que reconocer lo que está ocurriendo y contar con recursos para afrontar esos momentos puede ser un primer paso para no quedarse atrapado en ellos.

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