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Qué es la ibogaína, el tratamiento psicodélico contra las adicciones que Presley Gerber probó meses antes de morir

Publicado: septiembre 23, 2026, 3:30 am

Supimos de la muerte de Presley Gerber, el hijo de Cindy Crawford, este lunes. Pero el fallecimiento se produjo el domingo en el centro de rehabilitación donde estaba internado, según confirmó la Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles (EEUU). La policía investiga como causa de su muerte una posible sobredosis.

El pasado diciembre, Gerber (27 años) publicó un video en Instagram en el que detallaba su consumo de medicamentos con receta, incluidos antidepresivos y Xanax para los ataques de pánico. «Recientemente he sufrido muchas pérdidas de distintas formas», decía el modelo en aquel video, que posteriormente fue eliminado. Al comentar aquel mensaje, Crawford escribió: «Presley, te queremos y no estás solo».

El hijo de Cindy Crawford y Rande Gerber contó hace seis meses que, en la lucha contra sus adicciones, se había sometido a un tratamiento con ibogaína, una potente sustancia psicodélica. Presley describió la experiencia como uno de los momentos más aterradores de su tratamiento.

Los psicodélicos constituyen un grupo de potentes sustancias capaces de alterar la percepción y el estado de ánimo, además de afectar a numerosos procesos cognitivos. Algunos científicos, médicos y pacientes consideran que podrían aportar beneficios significativos para la salud mental o las adicciones, especialmente en casos de trastornos que no han respondido bien a los tratamientos convencionales. Pero también implican riesgos.

Qué es la ibogaína

La ibogaína es un compuesto psicoactivo de origen natural que proviene de la iboga (Tabernanthe iboga), un arbusto de las selvas de la cuenca del Congo en África Central. Sale de la corteza de la raíz, que se tritura y se consume en polvo o se administra en forma de extracto.

La iboga se utiliza desde hace tiempo con fines medicinales y rituales en Gabón, Camerún y la República del Congo, y en la Francia del siglo XIX se vendió como estimulante. En las últimas décadas, la ibogaína ha vuelto a recibir atención, especialmente en Estados Unidos, al mostrarse prometedora en el tratamiento de la adicción a los opiáceos.

Algunos estudios sugieren que entre un tercio y dos tercios de los pacientes que se someten a un tratamiento con ibogaína logran la sobriedad tras una sola sesión, informa The New York Times. Esta sustancia aplaca los atroces síntomas de la abstinencia de los opiáceos y también parece reducir el deseo de consumir drogas, al menos al principio. También se investiga su potencial para tratar las lesiones cerebrales traumáticas y el trastorno de estrés postraumático.

Cómo actúa y qué riesgos tiene

En dosis bajas, la ibogaína actúa como un estimulante leve. Pero dosis más elevadas pueden provocar una experiencia psicodélica profunda, que incluye alucinaciones.

Los científicos aún tratan de entender cómo actúa la ibogaína contra las adicciones. Muchos de ellos creen que fomenta la creación de nuevas neuronas y de la neuroplasticidad, un recableado del cerebro que le da a los pacientes nuevas perspectivas sobre su comportamiento autodestructivo.

«No hay nada que se le acerque en cuanto a su potencia para interrumpir patrones negativos», afirma a Rolling Stone Trevor Millar, cofundador de Ambio Life Sciences, una clínica de ibogaína. Otros psicodélicos podrían ayudar a una persona a superar la adicción desde una perspectiva psicológica, «pero nada logra mitigar el síndrome de abstinencia de los opiáceos. La ibogaína es lo único que conocemos capaz de conseguirlo«, asegura.

Pero existen riesgos. La ibogaína puede provocar arritmias cardiacas mortales. En EEUU, en las últimas décadas, al menos una veintena de muertes se han asociado a esta sustancia. Además de arritmias, insuficiencia respiratoria y otras alteraciones cardiovasculares, esta droga puede provocar efectos neurológicos, como ataxia, temblor, manía.

Una revisión científica de 2022 identificó 58 emergencias asociadas a la ibogaína, incluidas 38 muertes. Dos de estos fallecimientos se produjeron en el marco de estudios clínicos. Según la estimación de un estudio publicado en 2012 en Jornal of Forensic Sciences, muere 1 de cada 300 pacientes que consumen ibogaína.

En la mira de la administración Trump

La ibogaína no está sujeta a regulación en Canadá y México; en Nueva Zelanda, sólo con receta; y en Reino Unido está sujeta a la Ley de Sustancias Psicoactivas. En EEUU se considera ilegal para uso general, y no se acepta ningún uso médico. Y es cara. Según NYT, las clínicas privadas de EEUU suelen cobrar entre 5.000 y 15.000 dólares por un solo tratamiento. Una sola sesión de tratamiento puede durar más de 24 horas.

Sin embargo, la ibogaína podría estar cada vez más cerca de recibir la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) estadounidense. Las drogas psicodélicas han suscitado un gran interés en la administración Trump, que las ve como posible opción de tratamiento para personas con ciertos trastornos de salud mental.

El pasado abril, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva destinada a acelerar tanto la investigación como el acceso a estas sustancias. Habrá una inversión de 50 millones de dólares dirigida a los gobiernos estatales para estudiar cómo los psicodélicos podrían ayudar a quienes padecen problemas de salud mental.

Marty Makary, comisionado de la FDA, declaró en abril que la ibogaína podría estar «pronto» en vías de recibir la aprobación. Una vez que la agencia revise los datos de los ensayos clínicos en fase avanzada, «emitiremos vales de prioridad nacional para realizar la revisión en un plazo de uno a dos meses, en lugar del periodo habitual de un año. Y esto se debe a que se trata de una prioridad nacional», afirmó.

La Casa Blanca ha instruido a la FDA a priorizar ciertos fármacos psicodélicos candidatos que hayan recibido la designación de «terapia innovadora» (breakthrough therapy). Se trata de un estatus destinado a acelerar el desarrollo de tratamientos que puedan ofrecer mejoras sustanciales respecto a las opciones disponibles, según explica Newsweek.

¿Ibogaína para luchar contra el fentanilo?

La orden ejecutiva que firmó Trump en abril no habla de LSD, el MDMA o psilocibina; solo menciona por su nombre a la ibogaína, detalla CNN News. A finales de la década de 1990, la FDA puso fin a una investigación federal similar por el alto porcentaje de muertes por arritmia cardiaca asociadas a la ibogaína.

El verano pasado, el gobernador de Texas Greg Abbott promulgó la ley SB 2308, destinando 50 millones de dólares de los contribuyentes a la investigación de la ibogaína, con la esperanza de desarrollar un nuevo fármaco capaz de frenar la adicción a los opioides como el fentanilo y otros. Hoy en día, esa adicción se cobra casi diez veces más vidas que en 1999.

De ese modo, Texas, un estado donde la marihuana sigue siendo ilegal, se ha convertido en el principal inversor estatal en investigación sobre psicodélicos. Hasta la fecha, más de una docena de estados han aprobado leyes para estudiar la ibogaína. Es el fruto el trabajo de Americans for Ibogaine, un grupo de presión que vende los beneficios de esta droga.

Esta organización se dedica a fomentar el conocimiento y el acceso a la ibogaína y otros medicamentos psicodélicos para el tratamiento de adicciones y trastornos de salud mental. Con ellos está el exgobernador de Texas y secretario de Energía de EEUU, Rick Perry. Este conservador y fundamentalista cristiano se ha convertido en un destacado defensor de la investigación sobre esta droga psicodélica.

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