Publicado: agosto 29, 2026, 2:00 am
¿Quién no ha vivido esa situación de salir de casa y, apenas unos segundos después, preguntarse si ha cerrado la puerta con llave? O ir a la cocina, coger algo de la nevera y, al instante, no recordar si hemos cerrado la puerta. Aunque estos pequeños olvidos pueden resultar frustrantes, en la mayoría de los casos tienen una explicación completamente normal y no son un signo de que nuestra memoria esté fallando.
Según explica la psicóloga Pilar Conde, este fenómeno suele estar relacionado con la forma en que nuestro cerebro procesa la información cuando realizamos tareas rutinarias. «Esto suele ocurrir con procesos que tenemos automatizados o que requieren poco esfuerzo para ejecutarlos. Cuando realizamos estas actividades, podemos ejecutarlas a nivel motriz, pero nuestra atención mental está en otros temas, por lo que no somos plenamente conscientes de lo que hacemos y no se almacena de manera efectiva en nuestra memoria», explica.
No has prestado la suficiente atención
En otras palabras, el problema no es que la acción no se haya realizado, sino que el cerebro no le ha prestado suficiente atención como para registrarla de forma consciente. Mientras llevamos a cabo actividades automáticas, nuestra mente suele estar ocupada planificando el resto del día, pensando en una conversación o resolviendo preocupaciones internas. Como consecuencia, el recuerdo de esa acción apenas llega a consolidarse.
Este mecanismo está estrechamente relacionado con el funcionamiento de la atención y la memoria. Tal y como señala Pilar Conde, psicóloga de Clínicas Origen, «tiene que ver con el proceso atencional y con cómo se almacena la información en la memoria». La memoria necesita un primer filtro: la atención. Si esta está dirigida hacia otro estímulo, la información que genera una acción cotidiana tiene menos probabilidades de almacenarse de forma duradera. Por eso, estos olvidos no significan necesariamente que la acción carezca de importancia o que el cerebro la elimine deliberadamente. Más bien reflejan que la información nunca llegó a registrarse con suficiente intensidad como para recuperarla unos minutos después.
Más habitual de lo que pasa
La buena noticia es que este tipo de despistes son mucho más habituales de lo que pensamos. «Tener estos olvidos es relativamente frecuente en la edad adulta, por lo que normalmente no es motivo de preocupación», afirma la psicóloga. De hecho, olvidar durante unos segundos si hemos enviado un correo electrónico, cerrado una ventana o tomado una medicación puntual puede formar parte del funcionamiento normal del cerebro, especialmente cuando acumulamos muchas tareas.
No obstante, si estos episodios empiezan a repetirse con mayor frecuencia, conviene prestar atención a algunos factores que pueden estar influyendo. «Si ocurren con mayor frecuencia, se puede valorar factores como la calidad del sueño o los niveles de estrés, que influyen en nuestra capacidad de atención y memoria», indica Conde. Dormir poco, mantener un ritmo de vida acelerado o experimentar altos niveles de ansiedad puede reducir nuestra capacidad para concentrarnos y favorecer estos pequeños fallos de memoria.
En la mayoría de los casos, basta con reducir las distracciones y prestar unos segundos de atención consciente a las tareas cotidianas para mejorar el recuerdo de lo que acabamos de hacer. Sin embargo, existen situaciones en las que sí es recomendable consultar con un especialista. «Si los olvidos van acompañados de desorientación, confusión mental, impacto en la rutina diaria, dificultad para recordar conversaciones u otros síntomas cognitivos, sería adecuado acudir a un profesional para una evaluación«, concluye la psicóloga.
Por tanto, olvidar por unos instantes una acción recién realizada suele ser consecuencia de un cerebro que funciona en «piloto automático» mientras la atención está centrada en otros pensamientos. Es un fenómeno habitual y, salvo que se acompañe de otros síntomas o interfiera de forma significativa en la vida diaria, no suele indicar la existencia de un problema neurológico.
