Publicado: mayo 3, 2026, 3:00 am
La muestra «Nuevas voces, nuevos procesos» reúne a Vanessa Aguilera, Claudia Lugo, Beatriz Simón, Elvira Smeke, Iñigo González Appelaniz, Jacinto Quesnel, Luis Orozco Gallardo y Ramsés Olaya (México); Paola Barbiera (Italia); Elaia Blades (España); Constanza Casamadrid (Argentina); Allegra Hangen (Estados Unidos) y Luis Figueroa (Venezuela).
La muestra articula un núcleo de subjetividades femeninas que, desde una «introspección táctil», alejan la noción de lo femenino de los estereotipos domésticos para situarla en territorios de complejidad y fragmentación. Aquí, el cuerpo y la memoria se convierten en soportes de registro emocional, definidos por las tensiones entre la presencia y la ausencia o la contención y el desbordamiento.
La experiencia se expande mediante propuestas que exploran la materia y la luz como agentes activos que transforman la percepción, integrando visiones donde lo tangible se disuelve en lo virtual. En este ecosistema artístico, materiales como el hilo, el agua, el pigmento y el concreto adquieren una densidad conceptual que reconfigura por completo nuestra manera de percibir el entorno.
Durante el recorrido, distintas aproximaciones a la materia y al tiempo van apareciendo de forma entrelazada en las prácticas de los artistas, donde la experiencia se construye tanto desde lo visual como desde lo sensorial y lo emocional.
En el caso de Paola Barbiera, su obra se desarrolla a partir de espacios íntimos vaciados de presencia —habitaciones, lavabos, bañeras— que, a través de una paleta monocromática y superficies frías, detienen el tiempo y lo convierten en una huella suspendida. Lo que emerge no es la acción, sino su residuo.
“Me interesa que el espectador se reconozca en ese vacío… y perciba una tensión latente que a menudo no sabemos o no queremos nombrar.”
En su trabajo, la ausencia se vuelve materia y la intimidad se transforma en un territorio inestable, donde la feminidad se despoja de sus códigos tradicionales para abrirse a una experiencia emocional más compleja.
Desde otra materialidad, Jacinto Quesnel (México) concibe la pintura como un campo de acción profundamente corporal, donde cada gesto —arrastres, fricciones, derrames— queda registrado en capas de acrílico que funcionan como huellas irrepetibles del tiempo. “El tiempo no está representado en la obra; está atrapado en su materialidad.”
En un contexto dominado por la imagen digital, su trabajo apuesta por lo matérico como un gesto de resistencia, donde la obra no puede reducirse a su reproducción en pantalla y depende siempre de la luz, el ángulo y el tiempo de observación.
En el caso de Iñaki González Appelaniz (España), la repetición de líneas y la interacción con el color construyen superficies que desafían la percepción, haciendo que lo plano adquiera profundidad y que la mirada se vea constantemente desplazada.
“La obra funciona como un espacio de pausa… donde la percepción no es fija, sino que está en constante movimiento.”
Su propuesta activa una experiencia en la que el espectador no solo observa, sino que recorre la obra, la descompone y la reconstruye visualmente.
Por su parte, Allegra Hangen (Estados Unidos) introduce el sonido como eje central a través de esculturas sonoras inspiradas en sistemas urbanos y fuentes tradicionales. En ellas, el agua circula en su interior, a veces visible y a veces oculta, generando una presencia que se percibe antes de ser vista.
“Quiero que el espectador escuche la obra antes de verla… que el agua diga ‘sigo aquí’.”
A partir de la noción de escucha profunda, su trabajo vincula lo poético con lo político, aludiendo a la crisis hídrica y a los sistemas invisibles que sostienen la vida urbana.
Habitar la obra
Uno de los mayores aciertos de «Nuevas voces, nuevos procesos» es su capacidad para desplazar la experiencia estética hacia un terreno más sensorial y reflexivo. Aquí, el espectador no ocupa una posición pasiva: se convierte en un cuerpo que percibe, que se mueve, que duda.
Las obras no buscan ser descifradas de inmediato, sino habitadas. En ese sentido, la exposición plantea una resistencia frente a la lógica de consumo rápido que domina la cultura visual contemporánea. Mirar implica detenerse; comprender, aceptar la ambigüedad.
Este enfoque se hace evidente en la manera en que los materiales operan dentro de la muestra. El hilo sugiere continuidad y fragilidad; el agua, flujo e invisibilidad; la luz, transformación constante; el vacío, posibilidad. Cada elemento funciona como un punto de transición que conecta lo físico con lo emocional, lo individual con lo colectivo.
Un campo de materiales y percepciones
Más que una suma de obras individuales, la exposición funciona como un sistema interconectado donde cada pieza dialoga con las demás. Las preocupaciones por el tiempo, la materia, el cuerpo y la percepción se entrelazan para construir una narrativa abierta, en constante transformación.
En este contexto, el arte se entiende menos como un objeto concluido y más como un proceso en constante transformación.
Un espacio donde las certezas se diluyen y emergen nuevas preguntas: ¿cómo habitamos el tiempo?, ¿de qué manera la materia contiene memoria?, ¿qué significa percibir en un mundo saturado de imágenes?
La muestra cuenta con la alianza de Casa Hotbook, Cuarto de Máquinas, Artists’ Container y Cerveza Charro.
Disponible de hasta finales de mayo, lunes a domingo, de 11:00 a 18:00 horas en Parque La Mexicana, Nuevas voces, nuevos procesos invita a desacelerar la mirada y a reencontrarse con la experiencia sensible del arte.




