Publicado: julio 19, 2026, 12:00 am
La final de este domingo pondrá el broche de oro a un Mundial en el que los aficionados se han mostrado dispuestos a pagar más que nunca por una entrada para este gran evento cuatrienal, dejando boquiabiertos incluso a los más escépticos ante unos precios desorbitados.
En el partido que se disputará en el Estadio Nueva York Nueva Jersey —considerado por muchos como el evento deportivo más caro jamás celebrado en Estados Unidos—, la Argentina de Lionel Messi se enfrentará a España y a su superestrella adolescente, Lamine Yamal.
Es un final digno para un torneo que ha puesto a prueba los límites de lo que los aficionados están dispuestos a gastar, y la apuesta de la FIFA ha dado sus frutos tras las preocupaciones por las restricciones de visas y los disturbios internos en Estados Unidos.
«En lo que la FIFA hizo un trabajo excelente fue en determinar cuál sería la demanda, ya que la gente pagó esos precios absurdos por prácticamente todos los 104 partidos», afirmó Scott Friedman, experto en venta de entradas que trabajó anteriormente para los Cleveland Cavaliers.
«Hace un año no pensábamos que la gente fuera a viajar con todo el tema del ICE de Trump y todas esas otras teorías conspirativas. Pero es, con diferencia, el torneo más popular del mundo a nivel global y hay que reconocer que la FIFA fijó unos precios altos y la gente acabó pagándolos», agregó.
Un análisis de Reuters de los datos de asistencia de la FIFA reveló que más de la mitad de los 72 partidos de la fase de grupos tuvieron aforo completo y en la mayoría del resto solo faltaron unos pocos cientos de aficionados para llenar el estadio. Cerca del 99.7% de las localidades disponibles se ocuparon en la primera fase, según la FIFA.
Estos datos disiparon las preocupaciones iniciales de que los altos precios de la FIFA ahuyentarían a los aficionados, después de que se vieran numerosas gradas vacías en el Estadio de Guadalajara durante el partido del 11 de junio entre Corea del Sur y la República Checa.
La FIFA informó de una asistencia de 44.985 espectadores en un estadio con capacidad para casi 46,000, pero los asientos vacíos que observó un testigo de Reuters en el recinto parecían confirmar los mayores temores de los críticos.
Alta demanda
Sin embargo, la ampliación del torneo a un récord de 48 selecciones también elevó el interés de los aficionados.
Los precios se fijaron inicialmente en 575 dólares por entrada para los partidos de la fase de grupos —más del doble de la entrada más cara disponible durante el torneo de 2022—, pero el sistema de precios dinámicos de la FIFA hizo que muchos pagaran mucho más.
El miércoles aún quedaban cientos de entradas disponibles para la final, a un precio de poco más de 7,000 dólares en la plataforma de la FIFA, un dato sorprendente que suscitó especulaciones sobre si la FIFA había ido finalmente demasiado lejos con sus precios.
No obstante, es probable que ese lote de entradas disponibles sea el resultado de un proceso conocido como «slow ticketing», explicó Friedman, una práctica habitual en los megaeventos en la que los organizadores restringen el stock para motivar a los compradores.
«Pueden hacer como si ya hubieran vendido sus entradas y, en cierto modo, ir sacándolas al mercado poco a poco para, obviamente, aumentar la demanda del mercado», afirmó Friedman, que dirige Ticket Talk Network, una red dedicada a analizar cómo se compran y venden las entradas para los megaeventos deportivos.
«Es como decir: ‘Vaya, solo quedan tal y tal cantidad de entradas disponibles en esa zona, mejor las compro ya'», señaló.
El viernes, casi todas las entradas parecían estar vendidas, y unas pocas aparecían en la plataforma de venta de la FIFA a unos 32,000 dólares cada una.
Proceso opaco
El opaco proceso de «precios dinámicos» también ha resultado ser una bendición para la FIFA, mientras este deporte continúa su difícil evolución de ser un juego de la clase trabajadora a convertirse en un pasatiempo de los ricos.
La FIFA introdujo la fijación dinámica de precios por primera vez en este torneo, lo que permite que los precios de las entradas fluctúen en función de la demanda en tiempo real y otros factores.
«Una de las razones de la frustración de los últimos meses es que nadie sabe realmente cómo funciona esto», afirmó Adam Elmachtoub, profesor asociado de ingeniería industrial e investigación operativa en la Universidad de Columbia.
«La gente está dispuesta a aceptar los precios dinámicos —nos enfrentamos a ellos con los billetes de avión, incluso al comprar ropa—, pero creo que, cuando se trata de un evento de tanta repercusión, la transparencia ayudará mucho», indicó.
La FIFA puso a la venta un pequeño número de entradas a precio reducido en respuesta a las críticas por los precios, después de que varios políticos —entre ellos el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani— presionaran para que los residentes locales tuvieran acceso a localidades asequibles.
Además, la alta calidad del torneo ha impulsado la demanda: por primera vez desde que se introdujeron las clasificaciones, las cuatro selecciones con mejor ranking se han clasificado para las semifinales, y la final contará con la presencia de Messi, de 39 años, en lo que probablemente sea su último partido mundialista.
«La noción de lo que es un precio justo en este caso es compleja, porque el entretenimiento no es una necesidad», afirmó Elmachtoub.
Interés elevado
La laxitud de la normativa en torno al mercado de reventa en Estados Unidos no ha hecho más que acelerar el vaciado de los bolsillos en torno al torneo, ya que los vendedores de entradas de segunda mano tienen, en gran medida, libertad para fijar sus propios precios.
La normativa estadounidense contrasta con la de México, uno de los países coanfitriones, donde se prohíbe a los revendedores poner a la venta sus entradas por encima de lo que pagaron por ellas, así como con la de gran parte del resto del mundo.
Un alud de anuncios en la última semana hizo bajar los precios en la plataforma de reventa SeatGeek, donde el precio medio de una entrada para la final superaba los 11,000 dólares el viernes. Aun así, esa cifra convirtió a la final en el evento más caro vendido por la plataforma, un 8% por encima de la Super Bowl de 2024.
«Lo que estamos observando en el Mundial de este año es que la demanda fluctúa con cada ronda y con cada revelación de los emparejamientos», afirmó Chris Leyden, de SeatGeek. «El interés por este torneo se ha mantenido notablemente bien desde la fase de grupos hasta las eliminatorias».
«Unos pocos afortunados»
Sin embargo, los expertos en derechos humanos advirtieron de que el torneo sigue estando fuera del alcance de demasiados aficionados.
En lo que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, había prometido que sería el Mundial más inclusivo, aficionados de varios países no pudieron obtener visas, según la Sport & Rights Alliance.
«Ha sido un Mundial para unos pocos afortunados», declaró a los periodistas Ronan Evain, director ejecutivo de Football Supporters Europe.
«Los europeos —noruegos, escoceses— que tienen suficiente poder adquisitivo para viajar a Estados Unidos no necesitan visa para entrar en el país y pueden permitirse los precios desorbitados de las entradas», señaló.



