Publicado: noviembre 1, 2026, 7:00 am

La madre del fotógrafo tachirense Jorgen Guanares Delgado sigue sin saber dónde está su hijo, más de dos años después de que saliera de su casa en Rubio, estado Táchira, la noche del 2 de agosto de 2024. Entre viajes a Caracas, cárceles que lo niegan y un habeas corpus rechazado, María Emely Delgado contó en una conversación telefónica con Efecto Cocuyo que en casa la espera una pregunta que ningún funcionario le ha respondido: “Cada vez que regreso de Caracas lo primero que me pregunta al verme llegar es si encontré a su papá”.
Por lapatilla.com
Guanares, diseñador gráfico que se ganaba la vida fotografiando bodas y fiestas en los Andes, tenía 33 años cuando desapareció. En las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 se quedó en los centros de votación hasta el cierre de las mesas, participó en el reconteo y difundió videos ciudadanos en sus redes. No militaba en ningún partido, pero según su madre esa actividad lo puso en una lista, y pasó casi una semana escondido mientras sus parientes le hacían llegar comida sin que nadie lo notara.
La noche del 2 de agosto, al notar movimientos extraños alrededor de la vivienda, le pidió a su pareja que se marcharan juntos. Ella prefirió quedarse con sus dos hijas, una de cuatro años y una bebé de cinco meses, y él salió solo, a pie, a las 11:00 de la noche. Media hora después su teléfono ya no repicaba. “Me decía que tuviera cuidado y que le escribiera en claves; él no me confesó directamente que estaba amenazado, se lo dijo fue a un tío porque lo tenían en una lista”, recordó Delgado.
Desde entonces, la familia recorre un laberinto penitenciario. A las 72 horas, la madre denunció la desaparición ante el Cicpc en Táchira, que remitió el caso a la Fiscalía Octava de San Antonio. Más tarde, en el Ministerio para el Servicio Penitenciario le aseguraron por teléfono que su hijo estaba recluido en Tocorón; sin embargo, cuando llegó al penal de Aragua le dijeron que no aparecía en los registros. “Regresé al ministerio y me dijeron que se habían equivocado en el apellido, pero yo les reclamé que podían fallar en el nombre pero jamás en el número de cédula”, contó.
Algo parecido le pasó en El Rodeo, en Miranda, adonde llegó con carpetas de documentos y hasta las partidas de nacimiento de las niñas. Los custodios no la dejaron revisar las listas y la sacaron del portón. A eso se suma el relato de un preso político excarcelado que, según la madre, dijo haber compartido celda con un fotógrafo tachirense, aunque no quiso dar más detalles por miedo a represalias. Esa versión ya la había contado en mayo, cuando pidió una fe de vida por temor a que su hijo corriera la suerte de Víctor Hugo Quero Navas, el preso político que murió bajo custodia del Estado.
En los tribunales el resultado no fue distinto. Con el apoyo de abogados del Foro Penal, la familia presentó un habeas corpus ante el Tribunal Supremo de Justicia, que lo declaró improcedente y devolvió el expediente a Táchira. Allí la causa se estancó porque ningún cuerpo de seguridad reconoce haberlo detenido. “Nadie dice nada ni cómo fue, solo hay comentarios de una camioneta sin placas y hombres vestidos de negro”, lamentó Delgado, quien además denunció que en las primeras semanas desconocidos la llamaban de madrugada para pedirle transferencias a cambio de una supuesta liberación.
Mientras tanto, el 8 de octubre la madre otorgó en San Cristóbal un nuevo poder a la defensa privada para exigirle al Ministerio Público acceso a un expediente fiscal que la familia nunca ha podido ver. La ONG Un Mundo Sin Mordaza ya había calificado el caso como desaparición forzada y exigido una fe de vida, y en agosto la propia madre les pidió a los políticos de la mesa de negociación que intercedieran. Ninguna de esas gestiones ha recibido respuesta oficial del régimen.
En Rubio, la espera transcurre entre apagones, cortes de internet y la preocupación por la salud de Jorgen, que necesitaba tratamiento continuo por artritis y sinusitis crónicas. La mayor de sus hijas lo recuerda porque era él quien la llevaba a sus actos escolares y culturales. “Ella me dibuja siempre llorando y dice que su nona está sufriendo por su papito”, contó la abuela, que asegura que seguirá tocando las puertas de los tribunales hasta saber dónde está su hijo.
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