Publicado: junio 30, 2026, 3:00 pm

“Silencio”, gritan los socorristas dirigiéndose a la carretera con los puños en alto, haciendo señas a todos para que guarden silencio.
Por BBC
Los vehículos en la carretera dejan de circular. La gente deja de hablar. Las excavadoras guardan silencio.
Un socorrista pone la oreja en un agujero que acaban de perforar en un bloque de concreto. Otro lo ilumina con una antorcha.
Tratan de escuchar algún sonido de sobrevivientes que pidan ayuda desde debajo de los escombros de un edificio de 12 plantas que se alzaba junto a una carretera muy transitada en la localidad costera de La Guaira.
Se trata de una de las zonas más afectadas por los dos terremotos que azotaron Venezuela el miércoles de la semana pasada, en los que han muerto más de 1.700 personas.
Delcy Rodríguez, calificó los terremotos como la “catástrofe natural más brutal” de la historia de Venezuela.
De pie junto a los escombros del edificio derrumbado, Miguel Óscar Núñez contiene la respiración, rodeado de otras familias que tenían seres queridos en el edificio. El único hijo de Miguel —Ángel, de 34 años— vivía en ese edificio.
Pasan unos instantes de expectación, pero los rescatadores no oyen nada. El silencio se rompe y se reanuda el trabajo.
“Mi hijo, como cientos de personas más, está atrapado bajo los escombros. Sin embargo, necesitamos urgentemente más apoyo de las autoridades para desenterrarlos. Es posible que el terremoto no lo haya matado, pero ¿pueden imaginarse si muere por la negligencia de las autoridades?”, dice Miguel Óscar, con la ira reflejada en su rostro.
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