Publicado: julio 22, 2026, 7:00 am
Las largas jornadas de playa y piscina del verano requieren tomar una serie de precauciones básicas para evitar los posibles riesgos para la salud que implica la sobreexposición solar o los periodos prolongados en el agua. Sabemos que es especialmente importante mantener una buena hidratación y cuidar la piel de los rayos del sol.
El agua se encarga de lubricar las articulaciones, nutrir al cerebro y la médula espinal y, por supuesto, mantener la temperatura ideal del cuerpo. Un adulto puede perder litro y medio de agua a la hora cuando está sudando, por lo que es imprescindible reponer ese líquido. Además de beber agua, tomar fruta ayudará a reponer los líquidos perdidos y evitar los golpes de calor.
Y la piel, claro. La exposición al sol durante muchos minutos sin tomar las precauciones necesarias supone un riesgo graves para la salud. Hay que utilizar un fotoprotector adecuado al fototipo de la piel y aplicarlo de forma recurrente. No hacerlo puede provocar desde el envejecimiento prematuro de la piel hasta afecciones cutáneas como cáncer de piel de varios tipos, entre ellos el más peligroso, el melanoma.
También los oídos
Lo dicho es lo más evidente de los riesgos para la salud de estas jornadas de sol, playa y piscina. Pero en verano también aumentan ciertos tipos de lesiones auditivas por la entrada de agua en el oído. En principio, basta con saltar con la cabeza inclinada para que salga el agua. Entre las consecuencias de este tipo de lesiones se encuentran también una mala audición, irritación del oído y otitis.
Refrescarse en el agua favorece la aparición de la llamada otitis externa, producida por el contacto de los oídos con hongos y bacterias. El 84% de las otitis externas que se producen en verano se contagian en playas y piscinas. Es la combinación de agua y calor la que favorece su propagación.
La otitis produce síntomas como el dolor de oídos, la perdida de audición o zumbidos denominados acúfenos. Para evitar esta infección, lo ideal es evitar la entrada de agua en el conducto auditivo y secar bien los oídos al salir del mar. En caso de detectar síntomas de otitis, es imprescindible consultar con el médico especialista para evitar que el problema pueda agravarse.
El cerumen no es suciedad
Debe de tenerse especial precaución con los objetos duros y punzantes que se introduce en el oído cuando se siente picor, ya que pueden producir lesiones en las paredes del conducto auditivo o roturas de tímpano. De igual modo, el uso continuado y excesivo de bastoncillos limpiadores produce lesiones.
Además, hacerlo puede suponer la introducción del cerumen en los conductos mas pequeños del oído. El cerumen no es suciedad; lo crea el propio organismo con un fin: mantener el oído limpio y protegido contra infecciones. Actúa como una barrera que atrapa suciedad, polvo y microorganismos.
No, no hay que eliminar el cerumen por completo. Normalmente, se elimina por sí solo a través del proceso natural de autolimpieza del oído y los movimientos de la mandíbula. Sólo a veces puede acumularse y causar obstrucciones.
Un tapón de cerumen puede causar pérdida de audición, tinnitus, sensación de oído tapado o vértigo. En esos casos, podemos ir a la farmacia, donde se ofrecen medicamentos en gotas para reblandecer el tapón para posteriormente extraerlo con una pera de goma o con una jeringa sin aguja. Si el problemas persiste hay que ir al médico para una limpieza segura del oído.
Por cierto, los otorrinos recomiendan evitar los vuelos si se padece algún tipo de dolencia auditiva, otitis o catarro respiratorio que afecten al oído. Los aviones son espacios presurizados y si existe alguna variación en la presurización del avión estas dolencias pueden agravarse.
