Publicado: abril 2, 2025, 1:30 pm
La junta militar birmana, que ostenta el poder en el país desde el golpe de Estado de 2021, ha aceptado un alto el fuego de tres semanas con el propósito de facilitar las labores de rescate tras el potente terremoto de magnitud 7,7 que azotó al sudeste asiático el viernes y que ha dejado cerca de 3.000 muertos. La decisión llega después de que el jefe del régimen, Min Aung Hlaing, se negara el martes a aceptar la tregua ofrecida por la Alianza de la Hermandad, que agrupa a tres guerrillas étnicas, y de que el Ejército birmano atacara este miércoles un convoy de la Cruz Roja china, acción que la institución ha calificado de «inaceptable». Por su parte, los equipos de emergencias siguen buscando a los desaparecidos entre toneladas de escombros.
El comunicado —emitido por la cadena MTRV— indica que el Ejército ha declarado el alto el fuego temporal «en beneficio de la paz y la estabilidad» con el propósito de «mostrar compasión y comprensión a las personas afectadas por el terremoto» y de acelerar las labores humanitarias. Sin embargo, la junta militar ha advertido que la tregua se cancelará en caso de que las guerrillas étnicas continúen con sus ataques. «El Ejército contraatacará si se atacaran las líneas de comunicación civiles, bases militares y cuartes generales, o si se lleva a cabo una expansión territorial», sostiene el texto difundido este miércoles.
Esta decisión difiere de las palabras pronunciadas este martes por el jefe del régimen militar, Min Aung Hlaing, quien había asegurado que las consecuencias del terremoto no impedirían que el Ejército siguiera con sus «operaciones defensivas». Horas antes, la Alianza de la Hermandad había anunciado que suspendían los ataques de manera unilateral y que declaraban «una pausa humanitaria de un mes» con el fin de facilitar las tareas de rescate. Pero, para la junta militar esto no era una opción.
La decisión de declarar un alto el fuego también se ha producido después de que el portavoz del régimen birmano, Zaw Min Tun, admitiera en una nota que el Ejército abrió fuego este miércoles contra un convoy de la Cruz Roja china. En concreto, ha indicado que los militares «dispararon tres veces al aire» después de pedirle al convoy de nueve vehículos que se detuviera. Sin embargo, ha afirmado que en ese momento no tenían claro el origen del mismo y que, por ese motivo, lo atacaron. «Queremos urgir a las organizaciones de ayuda internacionales a que informen de sus operaciones y planes de seguridad«, ha sostenido el representante de la junta y ha agregado que nadie resultó herido.
La Federación internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) no ha tardado en reaccionar al ataque. «Es inaceptable que civiles, o aquellos dedicados a ayudarlos, se enfrenten a tales peligros. Cuando los humanitarios son atacados, los civiles también sufren las consecuencias, puesto que las tareas de ayuda son impactadas», ha indicado la institución en un comunicado remitido a Efe. «Aunque no podemos confirmar exactamente qué ocurrió, estamos al corriente del suceso y queremos llamar a la protección y el acceso seguro de los trabajadores humanitarios», apunta el documento.
China, por su parte, ha pedido que se garantice la seguridad del personal humanitario desplegado en el país tras el seísmo. «Ante esta catástrofe, esperamos que todas las partes en Birmania prioricen las labores de auxilio, garantizando la seguridad del personal y los suministros de rescate procedentes de China y otros países, así como el libre acceso de las vías de transporte humanitario», ha sostenido el portavoz de Exteriores chino, Guo Jiakun, sin ofrecer detalles del suceso. «China espera con sinceridad que los grupos étnicos y facciones de Birmania trabajen unidos para superar juntos esta adversidad«, concluyó.
Mientras tanto, los equipos de emergencia birmanos y 1.500 rescatistas de de 15 países continúan trabajando para encontrar a los desaparecidos. De hecho, dos hombres han sido rescatados con vida este miércoles tras cinco días bajo los escombros de un hotel ubicado en Naipyidó, capital de Myanmar. Sin embargo, las posibilidades de encontrar a más personas con vida se agotan conforme pasan las horas. Además, la situación de los supervivientes también se agrava, ya que no hay agua potable y miles de personas continúan durmiendo en la calle cerca de cadáveres. Los hospitales también continúan desbordados, tal y como informó la ONU.