Publicado: agosto 2, 2026, 3:00 am
Muchas personas esperan que unos días de descanso sean suficientes para arreglar los desencuentros acumulados durante el año. Sin embargo, esa expectativa suele jugar en contra. Así lo explica Fernando Samper, psicólogo de yees!, quien señala que «esperar que el verano resuelva mágicamente lo acumulado durante el año suele ser el detonante perfecto para el conflicto».
La Odisea y el mito del reencuentro perfecto
El experto reconocer que, estos días, no puede evitar pensar en ‘La Odisea’ de Homero -precisamente ahora que Christopher Nolan la ha llevado de nuevo a la gran pantalla-. Tal como cuenta, «Ulises emprende un larguísimo viaje con un único objetivo: regresar a Ítaca para reencontrarse con Penélope y su hijo. La distancia convierte ese regreso en un ideal, casi en la solución a todos sus males. Pero, ¿garantiza volver a Ítaca que la convivencia vaya a ser perfecta? Evidentemente, no».
Y lo mismo ocurre con las vacaciones. El psicólogo de Yees! ha hecho esta comparativa porque «solemos pensar que las vacaciones resolverán por sí solas aquello que no hemos sabido afrontar durante el resto del año. Sin embargo, no eliminan los problemas; actúan como una tirita que se despega en cuanto nos damos el primer baño».
Más tiempo juntos y más oportunidades para discutir
El verdadero cambio que traen las vacaciones no está en el destino elegido, sino en la forma en la que convivimos. Durante el resto del año, las obligaciones laborales, escolares y familiares dejan poco margen para compartir tiempo. La rutina mantiene a muchas parejas y familias ocupadas y, en cierto modo, también distraídas de determinados problemas.
En verano sucede exactamente lo contrario. De repente, aparecen muchas más horas de convivencia y también un sinfín de pequeñas decisiones que tomar: quién conduce, dónde se come, cómo se organizan las excursiones, quién prepara las maletas o cómo se reparten las tareas domésticas. Es precisamente en esos momentos cuando empiezan a aflorar las diferencias que durante el resto del año pasaban desapercibidas.
Los conflictos ya estaban ahí
Según Fernando Samper, el problema no es la playa, el apartamento o el hotel sino que el origen del conflicto suele ser mucho más profundo. El psicólogo ilustra esta situación con una escena inspirada en ‘La Odisea’: «Ulises regresa por fin a Ítaca. Penélope necesita contarle todo lo que ha vivido durante su ausencia, pero él está tan agotado o absorto contemplando el horizonte que apenas la escucha. Y eso mismo ocurre en vacaciones».
En palabras del experto, «no discutimos por estar en la playa o en un apartamento; lo hacemos porque, al disponer de más tiempo juntos, emergen dificultades que durante el año quedaban ocultas por las prisas: sentir que el otro no nos escucha, que no valida lo que sentimos o que no tiene en cuenta nuestras necesidades».
Por eso, concluye, «las vacaciones no crean los problemas; simplemente los hacen más visibles». Cuando desaparece el ruido de la rutina, resulta mucho más difícil esconder aquello que lleva tiempo deteriorando la relación. El verano puede convertirse así en una oportunidad para detectar esas grietas y empezar a abordarlas, siempre que se abandonen las expectativas irreales y se entienda que ningún destino, por paradisíaco que sea, sustituye al diálogo, la escucha y el trabajo cotidiano sobre la convivencia.
