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¿El Mayo ganó la batalla?

Publicado: julio 23, 2026, 4:00 am

Seguramente nunca sabremos la historia verdadera, lo que sí sabemos es que Ismael Zambada García, “El Mayo”, ha sabido jugar sus cartas frente a los gobiernos de México y Estados Unidos, con el primero creando una red de protección que le permitió operar más de 40 años sin jamás ser detenido y con el segundo aplicándose a las reglas del juego y del sistema de justicia.

Lo que no se puede negar es que se trata de un hombre que, a diferencia de la mayoría de sus socios y colegas, mantuvo disciplina y estrategia, debió cometer errores, pero al final terminará su vida en Estados Unidos con menor exposición pública y, de cumplirse la recomendación del juez Brian Cogan, en una prisión menos severa que la ADX Florence, en el estado de Colorado, donde están internados Joaquín Guzmán Loera y Genaro García Luna.

Y nunca sabremos la historia porque las versiones de su traslado a Nuevo México dan para todo, desde la muy pública y supuesta celada de “El Chapito”, Joaquín Guzmán López, hasta que él mismo planeó el operativo para su entrega a las autoridades estadounidenses y la defensa que lo llevó a la sentencia que hoy conocemos.

Versiones y especulaciones aparte, “El Mayo”, como dirían en el deporte, jugó por nota, fue construyendo pieza por pieza su defensa, desde la carta en que acusó un secuestro a manos de su ahijado, hasta declararse culpable y aceptar la sentencia de cadena perpetua y la multa por 15,000 millones de dólares.

Detrás de su caso están los de sus familiares en manos de la justicia estadounidense, una serie de expedientes para seguir una negociación como la que se ha desarrollado: su hermano, Jesús “El Rey” Zambada, quien luego de ser extraditado, se convirtió en testigo protegido, vive en libertad anticipada tras cumplir su condena. Su hijo, Vicente “El Vicentillo” Zambada Niebla, cumplió una condena tras colaborar como testigo clave en juicios de alto perfil (como el de Joaquín «El Chapo» Guzmán) y actualmente se encuentra en libertad supervisada o en el programa de testigos. Su hijo, Serafín Zambada Ortiz, sentenciado por tráfico de drogas, en libertad tras cumplir su condena, reside en Estados Unidos y un hijo más, el llamado “Mayito Gordo”, Ismael Zambada Imperial, detenido, extraditado y declarado culpable, cumplió su condena y obtuvo su libertad expedita.

Diera la impresión que con todas estas experiencias, “El Mayo” buscó el menor de los males; de hecho, hay quienes aseguran que su compadre, “El Chapo” Guzmán, habría recomendado a sus hijos entregarse para negociar un mejor trato para evitar un juicio como el que enfrentó. Ni cómo dudarlo tras los procesos que siguen los hermanos Ovidio y Joaquín.

A los 76 años de edad, Zambada sufre múltiples afectaciones de salud, requiere de atención médica constante que difícilmente podría recibir en la clandestinidad en que vivía en Sinaloa. De ser enviado a un penal donde cuente con atención a su salud, espacios al aire libre, visitas de familiares y abogados, entre otras facilidades, tendrá unos años con menores castigos que los que se aplican en una prisión de alta seguridad.

La sanción económica por 15,000 millones de dólares es y será motivo de toda clase de disputas, el Tesoro estadounidense escarbará hasta en el último rincón para confiscarle todo tipo de bienes que, por supuesto, no compartirá con el gobierno de México, que tampoco lo merece.

En palabras de la presidenta de Causa en Común, María Elena Morera: “Resulta paradójico: el gobierno no capturó al Mayo Zambada, no desmanteló su imperio y no confiscó su fortuna. Ahora quiere que Estados Unidos le comparta el dinero que decomisó. La mejor manera de recuperar esos recursos habría sido ejercer la justicia en México, no llegar tarde a reclamar una parte”.

Ha sido penosa la actuación del gobierno de México con el caso de Ismael Zambada, incapaz de cuidar el espacio aéreo, cómplice de lo que sufre la sociedad sinaloense desde el 25 de julio de 2024 hasta la fecha, incompetente para ejercer la justicia.

Detrás hay 40 años de corrupción y connivencia de autoridades de los tres órdenes de gobierno, políticos, legisladores, empresarios, deportistas y otros que se prestaron y aprovecharon para lucrar con el dinero del Cártel de Sinaloa, para financiar campañas políticas y medios de comunicación, según el Departamento del Tesoro norteamericano.

El abogado Frank Pérez asegura que su cliente no reveló secretos, que en su defensa Zambada no dio información confidencial, es difícil de creer, una sentencia como la de marras no se consigue con una confesión y arrepentimiento, tampoco sería inteligente abrirse a aceptarlo.

Ismael Zambada García revelará su historia según le convenga, así ha sido en los últimos 40 años, en algún momento aceptó la entrevista con el periodista Julio Sherer García, a quien confesó el pánico que le daría estar encerrado en una prisión: “Tengo pánico de que me encierren”.

Predomina aquella sentencia en la entrevista que concedió al director de Proceso en algún lugar del llamado Triángulo Dorado de Sinaloa: “Si me atrapan o me matan… nada cambia”, porque la estructura criminal seguiría operando a través de otras personas.

Hoy, preso en Estados Unidos, cambió aquello de que la sierra, su casa en el monte y su familia eran su principal protección.

Sin ningún pudor ni reserva, los agentes y empleados de Hacienda exprimen a los paisanos, esos que llama el gobierno héroes, y a los turistas en las aduanas, en los aeropuertos del país. Su incapacidad para poner freno al verdadero contrabando, lo desquitan sacándole dinero con amenazas por “pasarse” de la miserable franquicia de 500 dólares, que con la complicidad de los legisladores no la han incrementado.

Elementos de la Marina, que han sido destinados a recoger papelitos en lugar de combatir a los delincuentes, se aprovechan de la ingenuidad y pánico de sus víctimas con trucos como manipular semáforos y sistemas de supervisión.

Lo dicho, el obradorato quebró las finanzas públicas y ahora van hasta por las propinas.

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