El largo parón que divide los vestuarios: mejor haber jugado o haber descansado - Venezuela
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El largo parón que divide los vestuarios: mejor haber jugado o haber descansado

Publicado: octubre 9, 2026, 12:30 am

Unos regresan a sus clubes con tres o cuatro partidos en las piernas, varios vuelos y, en algunos casos, una lesión. Otros llevan más de dos semanas sin competir, entre entrenamientos y algún amistoso poco motivador. El largo parón de selecciones recién concluido ha dividido los vestuarios en dos grupos: los que se incorporan sin descanso y los que ya están hartos de descansar. Y deja una pregunta sin respuesta única: ¿a quién castiga más el reencuentro, al que se marcha con la selección o al que se queda en casa? La nueva ventana concentró las fechas de septiembre y octubre en 16 días, un formato que la FIFA ya ha dicho que mantendrá hasta 2030, y que no termina de convencer a los implicados. «Me gusta por el carácter competitivo que tengo, pero con el tema del descanso sigo con la misma opinión. Me parece demasiado. Me gustaba más el otro formato. Creo que se cuidaba más la salud de los futbolistas», decía estos días Luis de la Fuente , seleccionador español. «Más claro, agua». «Este parón ha sido diferente a lo que estamos acostumbrados», explica a este periódico Luis Casais, doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y preparador físico en Rusia. «Eso, en términos de rendimiento, tiene pros y contras». La factura más visible tiene que ver con el llenazo en las enfermerías. El recuento realizado por los medios contabiliza al menos 60 jugadores de las cinco grandes ligas con algún problema físico durante sus concentraciones: 16 de la Premier League, 14 de la Serie A, 13 de la Liga, 9 de la Ligue 1 y 8 de la Bundesliga. En la lista aparecen Mbappé, Raphinha, Nico Williams, Ferran, Havertz, Isak, Gakpo o Musiala. No son 60 lesiones graves. De hecho, muchas de ellas tienen más que ver con la necesidad de no forzar a determinados jugadores para no enfadar a sus clubes. Aun así, el dato retrata bien el coste de comprimir cuatro jornadas en once días. Jugar, recuperar, viajar y volver a empezar. «En dos de los partidos tenemos solo dos días de descanso, con desplazamiento y viajes», insistía De la Fuente. La literatura médica ha encontrado asociaciones entre la acumulación de encuentros, la falta de recuperación y un mayor riesgo. Un estudio de la UEFA realizado durante once temporadas observó un 32% más de lesiones musculares en partidos de Liga precedidos por cuatro días o menos de descanso que tras seis días o más. Y otro trabajo recogido por FIFPRO halló más partidos, menos descansos y más viajes internacionales en los 28 días anteriores a las lesiones. Ahí aparece la peor combinación: ser titular cuatro veces, completar muchos minutos y cruzar varios husos horarios. Casais advierte de la «sobreexposición» y de la fatiga acumulada que el jugador arrastra después. «Si juegan demasiados minutos en partidos de tanta exigencia, tendrán mayor riesgo de lesión, el famoso virus FIFA, o cargarán en la mochila del jugador una buena dosis de fatiga acumulada que lo irá acompañando durante la temporada». España trató de ponerle un freno. Luis de la Fuente fijó un máximo de 270 minutos por futbolista; solo Lamine Yamal lo rebasó, con 281 sin contar los descuentos. Pero ir con la selección también tiene ventajas. Para quien dispone de pocos minutos en su club o no ocupa un papel principal con su país, la convocatoria le permite mantener el ritmo y aporta, según Casais, «un plus mental». Quien juega uno o dos encuentros puede regresar más activado que castigado. En el otro lado quedan quienes no fueron convocados. Casais recuerda que «disponer de una semana limpia en temporada es para muchos un lujo». Esta vez, los clubes tuvieron casi tres. El margen permite recuperar lesionados, rebajar cargas y trabajar capacidades físicas difíciles de entrenar cuando se juega cada tres días. También abre una pausa mental después de seis u ocho partidos oficiales. «Permite a los futbolistas una cierta desconexión competitiva y puede hacer que afronten más frescos los meses venideros». Existen además datos científicos favorables a esas pausas. Un estudio de la Universidad sueca de Linkoping asoció la ausencia de descanso invernal en 35 equipos con 303 días más de baja por lesión durante la temporada y una mayor incidencia de lesiones graves. «Se ha contrastado que tener ventanas libres en los periodos competitivos largos, de agosto a mayo, es positivo», confirma Casais. «El ejemplo más claro son las minivacaciones de Navidad o los parones invernales de las ligas nórdicas y centroeuropeas. Ahí se reduce un poco la exposición y se permite ‘reentrenar’ algunas capacidades. El ejemplo contrario es Inglaterra, donde la Premier acumula todavía más exposición por el Boxing Day, con cuatro partidos concentrados en periodos de 10 u 11 días que hacen aumentar mucho los índices lesionales». Pero quedarse tampoco equivale a descansar casi tres semanas. Una interrupción total de la actividad sí puede reducir la capacidad aeróbica y la repetición de esprints en catorce días. Por eso los clubes mantienen las sesiones y programan amistosos. Casais pone ahí el foco: combinar descanso y desconexión con entrenamiento y algún partido que conserve la tensión. Solo si la planificación falla aparece cierto riesgo de pérdida de tono competitivo. La respuesta final a la pregunta depende mucho, por tanto, de cada jugador. El escenario más favorable es viajar poco y disputar minutos controlados. El más dañino reúne cuatro partidos exigentes, poca recuperación y mucho kilometraje. Para quien se queda, dosificar cargas, recuperarse de las molestias y mantener algún estímulo competitivo ofrece más beneficios que permanecer inactivo. No hay un bando ganador.

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