Publicado: mayo 11, 2026, 12:00 pm

Desde el 8 de enero pasado un grupo de mujeres, y hombres, duermen en carpas o en colchones en las adyacencias del Internado Judicial Capital Rodeo I. En más de 120 días tejieron redes de apoyo y se convirtieron en una familia con la única finalidad de visibilizar las violaciones a los derechos humanos que comete el régimen venezolano.
Desde hace cuatro meses las carpas son el refugio de los familiares que pernoctan en las adyacencias del Internado Judicial Capital Rodeo I, en Guatire, estado Miranda. Dentro de estos espacios logran conciliar el sueño, siempre con la esperanza de que una madrugada otorguen la libertad a uno de sus seres queridos.
Las mujeres, en su mayoría, cambiaron su vida para exigir que el régimen venezolano deje en libertad a los presos políticos. Viajaron desde varios estados del país como Amazonas, Zulia, Lara o Táchira y se vieron obligadas a dejar a sus otros familiares para apostarse fuera de este penal.
En las noches orinan detrás de un árbol, entre la maleza, ya que los baños que usan durante el día cierran. Se organizaron para bañarse y hacer sus necesidades en sanitarios prestados, en un local cercano a la cárcel. Lavan su ropa en una lavadora alquilada, o a mano, pero solo cuando llega el agua en la zona.
“A veces nos quedamos hasta las 12:00 a. m. o 1:00 a. m. con la esperanza de que los vayan a soltar, porque una vez nos liberaron a un muchacho a las 3:00 a. m. Cuando me meto a mi carpa me pongo a leer la Biblia, oigo música cristiana, oro para todas o me pongo a ver el celular. Te quedas dormida porque te vence el sueño, pero no porque te quieras quedar dormida”, cuenta Ruth Molero, quien lucha por la libertad de sus cinco familiares presos políticos, entre ellos a su hijo, Cristian Hernández, y su sobrina, Samantha Hernández, una adolescente de 16 años de edad.

Desde el 8 de enero pasado, cuando Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, informó que se registrarían excarcelaciones, los parientes se trasladaron a los distintos centros de detención y penales que albergan presos políticos. Sin embargo, tras semanas de intensas denuncias de violaciones a los derechos humanos se conocieron de algunas libertades bajo medidas cautelares y actualmente solo hay pernocta en el Rodeo I y presencia diaria de parientes en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en El Helicoide, el cual aún alberga a presos políticos.
“Nos hemos organizado como una familia, nos compenetramos. Si se sienten mal y no pueden lavar nosotras lavamos, si hay personas que no tienen el medicamento alguien se los da. Hay mujeres de la tercera edad diabéticas o hipertensas, aquí nos cuidamos todas”, añade Ruth.
Humberto Prado, director del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), insta a la defensora del pueblo, Eglée González Lobato, a que haga acto de presencia en el campamento del Rodeo I y sostenga una reunión con los familiares que siguen a la intemperie.
“No solo las oficinas con aire acondicionado son el lugar para recibir a los familiares, los derechos humanos se trabajan en el terreno también, donde la gente sufre, por eso la defensora debe dirigirse hasta las adyacencias del Rodeo y no solo escuchar las peticiones de los familiares viéndolos a los ojos, sino también viendo cómo duermen, cómo hacen sus necesidades y cómo se alimentan allí”.
Prado exige a la defensora del pueblo que, en sus supuestos recorridos por las cárceles venezolanas, acuda al Rodeo I, donde tanto familiares como las personas privadas de libertad son víctimas de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
En estos cuatro meses el OVP ha documentado las denuncias de torturas, tratos crueles e inhumanos que se registran dentro del Rodeo I, centro penitenciario bajo medidas provisionales de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) desde 2008 y que el régimen venezolano ha ignorado reiteradamente. Además, en vista de que el OVP solicitó dichas medidas, informa frecuentemente a la CorteIDH sobre lo que sucede en Rodeo I y en otros centros de reclusión en Venezuela.
Por otro lado, el OVP mantiene su documentación e información a las instancias internacionales sobre los reclusos que envían a las celdas de aislamiento, conocida como “el tigrito” o la “máquina del tiempo”, en el piso cuatro del penal, solo por exigir el respeto mínimo de sus derechos.

En Rodeo I siguen sin permitir la entrada de abogados de su confianza a las personas privadas de libertad y los custodios del Sesmas niegan la visita arbitrariamente a las mujeres que hacen públicas las atrocidades que viven dentro quienes son presos políticos.
Las condiciones de reclusión en Rodeo I tampoco mejoran, a pesar de las denuncias públicas. Los presos políticos duermen en camas de cemento, en espacios reducidos, con poco acceso al agua potable y entre cucarachas y zancudos.
En más de 120 días el régimen de Delcy Rodríguez solo se ha burlado de hombres y mujeres que pernoctan afuera del Rodeo I, engañados con que una supuesta Ley de Amnistía dejaría en libertad a los presos políticos. Pero la realidad es que este beneficio se les ha negado despiadadamente y las autoridades del Ministerio Público o la Defensoría del Pueblo no han visitado el campamento de familiares para constatar por ellos mismos las condiciones en las que se encuentran quienes están allí.
Tampoco, en todo este tiempo, se han conocido resultados de investigaciones al director del Rodeo I ni a los funcionarios del Sesmas, sobre quienes pesan denuncias públicas de torturas y tratos crueles sobre presos políticos venezolanos y extranjeros.
Desde el OVP nos solidarizamos con los familiares que cumplieron cuatro meses en pernocta en las adyacencias del Rodeo I, luchando por la libertad plena de sus seres queridos y alzando la voz por las violaciones a los derechos humanos que comete el régimen venezolano.
Asimismo, exigimos una investigación inmediata, exhaustiva e imparcial sobre el director de este penal y los funcionarios del Sesmas, así como la destitución del Ministro para el Servicio Penitenciario, Julio García Zerpa, por las torturas, tratos crueles e inhumanos que se registran dentro de este recinto.



