Publicado: mayo 10, 2026, 7:30 am

Conversamos con Delsa Solorzano tras permanecer más de un año en la clandestinidad, la dirigente política venezolana envía un mensaje firme: Venezuela no ha iniciado aún un proceso de transición democrática, pero vive un momento distinto, marcado por una renovada esperanza ciudadana y una presión internacional creciente.
Por lapatilla.com
En una entrevista exclusiva, Solórzano relata los momentos más duros de su persecución política, analiza el panorama actual del país y fija posición sobre uno de los temas más debatidos: las condiciones necesarias para unas elecciones verdaderamente libres.
Un año y medio en la clandestinidad La dirigente describe su paso a la clandestinidad como una experiencia extrema. “Tuve que resguardarme completamente durante año y medio. Fue muy duro”, relata, recordando cómo su vivienda fue rodeada por cuerpos de seguridad del Estado tras las elecciones del 28 de julio.
Durante ese tiempo, vivió prácticamente incomunicada, sin línea telefónica y dependiendo únicamente de conexión Wi-Fi. La falta de electricidad o internet implicaba quedar totalmente aislada, generando angustia tanto para ella como para su equipo.
A pesar de ello, Solórzano insiste en que su situación no era excepcional frente al sufrimiento general de los venezolanos: “Una madre que no tiene qué darle de comer a su hijo también pasa trabajo. Yo estoy aquí para preocuparme por Venezuela”.
Una nueva etapa política
Ya de regreso en la calle, la dirigente percibe un cambio en el ánimo del país. Según explica, el punto de inflexión ocurrió el 3 de enero, cuando diversos actores políticos y sociales comenzaron a reagruparse.
“La Venezuela posterior al 3 de enero es una Venezuela que se ha vuelto a cargar de esperanza”, afirma. Sin embargo, advierte que este nuevo escenario no debe confundirse con una transición en curso. Desde su perspectiva, la transición implica desmontar completamente el aparato autoritario y avanzar hacia la reinstitucionalización del país, algo que aún no ha ocurrido.
Elecciones sí, pero con condiciones
Uno de los puntos centrales de la entrevista es su postura sobre las elecciones. Solórzano es clara: no basta con convocarlas.
“Si decimos elecciones ya, nos convocan con el mismo Consejo Nacional Electoral que no genera confianza”, señala.
Para ella, existen condiciones mínimas indispensables:
? Cambio del CNE
? Depuración del registro electoral
? Restitución de partidos políticos
? Fin de las inhabilitaciones
? Garantías reales de libertad de expresión
Solo bajo estas condiciones se podría hablar de un proceso electoral legítimo.
El rol de la comunidad internacional
Solórzano destaca que actualmente existe una comunicación directa y constante con la comunidad internacional, particularmente con Estados Unidos, que ha planteado una hoja de ruta basada en tres pasos hacia la transición.
Sin embargo, evita adelantar escenarios específicos, subrayando la importancia de la unidad dentro de la oposición. “Este no es un proceso de individualidades. La unidad es fundamental”, insiste.
María Corina Machado y el liderazgo opositor
En cuanto a liderazgo político, la dirigente reafirma que María Corina Machado sigue siendo la candidata de la Plataforma Unitaria en caso de unas eventuales elecciones presidenciales.
Además, destaca que existe coordinación con diversos factores políticos, incluso aquellos que no forman parte formal de la plataforma, lo que evidencia un esfuerzo de articulación más amplio.
Otro de los temas clave abordados es la justicia transicional. Para Solórzano, no puede haber reconciliación sin justicia
“Para que haya reconciliación tiene que haber resarcimiento de la víctima, tiene que haber justicia y garantía de no repetición”, explica.
En ese sentido, critica errores de transiciones pasadas en Venezuela, particularmente la falta de memoria histórica tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, lo que, a su juicio, permitió la repetición de ciclos autoritarios.
Un país que no puede normalizar la crisis
Solórzano insiste en que Venezuela no puede aceptar como normal la situación actual.
“No podemos normalizar vivir sin elecciones, ni que los medios estén bloqueados, ni que haya persecución política”, afirma.
También subraya que, pese a ciertos gestos de apertura, la realidad económica sigue siendo crítica. Relata casos concretos de ciudadanos que no pueden acceder a servicios médicos básicos, evidenciando que la crisis estructural permanece intacta.
Más allá de lo político, la entrevista revela un lado profundamente personal. Solórzano asegura que su experiencia en la clandestinidad fortaleció su fe.
“Estoy convencida de que estoy viva porque Dios me cuidó”, afirma.
Ese vínculo espiritual se refleja también en su contacto con la gente, quienes le regalan rosarios como símbolo de apoyo. La dirigente dice haber acumulado cientos de ellos como muestra del afecto popular.
Además, destaca que el reencuentro con su hijo fue el momento más importante tras salir del resguardo.
Optimismo basado en la gente.
A pesar del panorama complejo, Solórzano se declara optimista.
“Cuando vas a la Venezuela profunda, encuentras esperanza, convicción y amor por el país”, señala.
Resalta que incluso los millones de venezolanos en el exterior mantienen el deseo de regresar y contribuir a la reconstrucción del país.
Delsa Solórzano reconoce avances políticos y un nuevo clima de esperanza, pero insiste en que Venezuela aún está lejos de una verdadera transición democrática.
Su mensaje es claro: sin condiciones mínimas, sin justicia y sin instituciones confiables , cualquier intento de normalización será superficial.
En medio de la adversidad, apuesta por la unidad, la presión internacional y la fuerza de la ciudadanía como los pilares para lograr, finalmente, una Venezuela libre y democrática.

