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Aptos para niños y adultos

Publicado: abril 26, 2026, 11:00 pm

Fuera de toda pedagogía, criar niños y festejarlos es una cosa seria. No sólo porque “el  que no aprende a sus años  sufre amargos desengaños” sino porque la función de los adultos frente a ellos es formar personas felices y  aptas para gobernarse a sí mismas. Una tarea complicada cuando tantos se sienten  educadores y las formas de considerarlos cambia día con día.

La infancia, dijo el poeta Rainer María Rilke, es la verdadera patria del hombre. Con su sapiencia, estilo y simpatía por la gente menuda, las palabras del poeta austriaco nada tenían que ver con los pensamientos de mexicanos y latinos sobre los niños. Aquello de Chesterton, el escritor inglés, diciendo que lo asombroso de la niñez es que cualquier cosa en ella es maravillosa, palidece ante perlas del refranero mexicano, como “el que con niños se acuesta…”  o de proverbios de la sabiduría nacional que advierten: “el que desde niño es guaje, hasta acocote no para”. Sin embargo, no faltan  aciertos: “Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja al futuro salir”, dijo Graham Greene. Y si detrás de la puerta hubo libros y lecturas, agregaría Novalis, esa patria que es la infancia, habrá sido la más libre y la mejor de todas.

Aprovechando que todavía hay quienes consideran a la infancia como una suerte de Edad de Oro y en casi todas las naciones una fecha que la festeja  —en México el 30 de abril—   adelantamos la celebración con algunas sugerencias de regalos tomadas directamente de la literatura infantil.

Hay de todo y para todos. Desde «La historia de Sputnik y David», de Emilio Carballido, donde el primero es un caimán, al que también se le dice yacaré, lagarto y hasta cocodrilo,y  el segundo, un niño.

“Pues muy recién salido del cascarón, y tan pequeño que cabía aun en la palma de la mano, le regalaron este caimán a David, que también era un niño muy pequeño. Él le puso ese nombre, tan sonoro, que al caimán le gustó bastante.

«Sputnik», pensó, «es un buen nombre de caimán».

«Los dos crecieron, Sputnik y David. Su familia educaba a David. David educaba a Sputnik. David aprendió a comer con cuchara, tenedor y cuchillo, a multiplicar, sumar y restar. A escribir. ¡Hasta a dividir aprendió!

«Sputnik aprendió a beber sidral deteniendo la botella en la boca. Fue varias veces a jugar futbol y daba colazos al balón y hacía gol; corría muy aprisa en línea recta, pero tardaba mucho en dar la vuelta y se tragó el balón dos veces; así ya no se podía jugar con él (ni con nadie, ¿con cuál pelota?). Como ven, Sputnik había crecido bastante».

Autores grandes y consagrados lo supieron desde siempre. «El discurso del oso», de Julio Cortázar, uno de los mejores escritores de habla hispana, es un delicioso caramelo. Un cuento infantil que de tan bueno y adorable resulta también una magnífica lectura para adultos. Mire usted como se describe el personaje principal:

«Soy el oso que va por los caños de la casa. Subo por los caños en las horas de los tubos de agua caliente, de la calefacción, del aire fresco.  Voy por los tubos de departamento en departamento y creo que me estiman porque mi pelo mantiene limpios los conductos. Corro por los tubos incesantemente y nada me gusta más que pasar de piso en piso resbalando por los caños».

Como «La peor señora del mundo», de Francisco Hinojosa, poeta, narrador y editor mexicano que escribió este libro que toda niña, niño y adultos deberían tener.  Será porque todos disfrutan de la narración y de pensar que, a lo mejor no es un cuento aquello de que existen los finales felices y el que la hace la paga. Terrorífico y maravilloso, este libro es la historia de una mujer malísima que empieza así:

“En el norte de Turanbul había una vez una señora que era la peor señora del mundo. A sus 5 hijos les pegaba cuando sacaban malas calificaciones en la escuela y también cuando sacaban dieces. Rasguñaba con sus largas uñas las trompas de los elefantes. Les torcía el cuello a las jirafas y se comía vivas a las indefensas tarántulas. Hasta los leones se portaban como gatitos cuando la veían porque  les jalaba tanto la melena que los dejaba pelones y con lágrimas en los ojos”

Bastante peso carga la infancia al ser considerada como el germen de toda inocencia y la esperanza del futuro. Mejor, demostrarles que aunque el mundo es ancho y ajeno, también es fantástico y diverso. Y que los libros se convierten en castillos encantados, naves para viajar lejos, trenes que cruzan fronteras, cohetes rumbo al espacio sideral o submarinos que dejarán atrás a los pulpos para encontrarse con  los megalodontes.

No hay que desesperarse ni perder el ánimo, lector querido. Tal vez es un sueño guajiro pensar que el regalo que más apreciarán las infancias actuales para festejar su día es un objeto que no se prende ni se apaga, no tiene Wi Fi y está hecho de  papel, pero piense que hasta el brócoli y las espinacas tuvieron su oportunidad y hoy son esenciales en la dieta de muchos.

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