Publicado: septiembre 30, 2026, 7:00 am
Respirar es uno de esos actos que realizamos miles de veces al día sin prestarle atención, pero cada entrada y salida de aire parece estar acompañada de pequeños cambios en el funcionamiento de nuestro cerebro. Una nueva investigación de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) apunta ahora a que incluso nuestra velocidad de reacción puede variar dependiendo de la fase de la respiración. El estudio, publicado en la revista científica iScience, observó que las personas respondían a un estímulo, de media, 41 milisegundos más rápido durante la exhalación que durante la inhalación. Puede parecer una diferencia diminuta, pero equivale aproximadamente a una vigésima quinta parte de un segundo y, en determinadas situaciones, desde una salida deportiva hasta una reacción al volante, unas pocas milésimas pueden tener importancia.
Para comprobarlo, los investigadores estudiaron a 35 adultos de entre 18 y 33 años mediante una prueba conocida como Tarea de Vigilancia Psicomotora, utilizada para medir la atención sostenida y la rapidez de respuesta. Los voluntarios tenían que pulsar la barra espaciadora de un ordenador lo antes posible cuando un cuadrado rojo cambiaba a amarillo. Al mismo tiempo, un dispositivo colocado bajo las fosas nasales registraba el flujo de aire y permitía saber exactamente en qué fase de la respiración se encontraba cada participante al responder. Cada persona realizó la prueba dos veces, antes y después de dormir en el laboratorio, bien tras una siesta o después de ocho horas de sueño.
Los resultados mostraron un patrón bastante claro: la inhalación coincidía con las respuestas más lentas, mientras que al expulsar el aire los participantes reaccionaban más deprisa. Además de esos 41 milisegundos de diferencia entre inhalación y exhalación, durante las pequeñas pausas respiratorias las respuestas fueron unos 21 milisegundos más rápidas que durante la inhalación. El análisis detallado de todo el ciclo respiratorio situó las respuestas más lentas aproximadamente alrededor del pico de la inspiración. Los autores consideran que estos datos convierten a la respiración en otro factor que puede contribuir a las pequeñas variaciones que experimenta nuestra capacidad de atención y respuesta de un instante a otro.
En busca de las razones
¿Por qué puede ocurrir? Todavía no hay una respuesta definitiva. Ken Paller, profesor de Psicología de Northwestern y autor sénior del trabajo, explica que “aún no sabemos exactamente cómo están relacionados”, aunque los científicos sospechan que podría intervenir la eficiencia neurofisiológica. La hipótesis encaja con investigaciones anteriores que han mostrado que determinadas oscilaciones de la actividad cerebral pueden sincronizarse con el ritmo de la respiración. De hecho, investigaciones recientes con registros intracraneales en humanos han encontrado sincronización entre la respiración y la actividad neuronal de distintas regiones del cerebro, entre ellas la ínsula, la corteza somatosensorial, la corteza cingulada anterior y la amígdala.
La investigación refuerza así una idea que está ganando terreno en neurociencia: respirar no consiste únicamente en llevar oxígeno a los pulmones, sino que su ritmo forma parte de las señales corporales que llegan continuamente al cerebro. “Este estudio documenta una importante conexión entre la respiración y los sistemas cerebrales que responden a los acontecimientos del entorno”, señala Paller. La respiración podría funcionar, por tanto, como uno de los ritmos internos que modulan la actividad cerebral. Otros trabajos publicados en 2026 también han observado que las características de cada ciclo respiratorio están acopladas a determinados patrones de las oscilaciones neuronales, aunque todavía queda mucho por descubrir sobre las consecuencias funcionales de esa sincronización.
Eso no significa, sin embargo, que inhalar sea una fase “mala” para el cerebro. La relación entre respiración y cognición parece ser bastante más compleja. Investigaciones previas sobre procesos como la memoria, el reconocimiento emocional o determinadas tareas visuoespaciales han encontrado ventajas asociadas a otras fases del ciclo respiratorio. Un estudio publicado este mismo año en Scientific Reports, por ejemplo, ha investigado cómo la alineación de las fases respiratorias durante la codificación y recuperación de recuerdos puede influir en la eficiencia de la memoria. La posibilidad que se abre es que distintos momentos de la respiración favorezcan procesos cerebrales diferentes, en lugar de existir una única fase óptima para todas nuestras capacidades mentales.
Cautela para sacar conclusiones
Los investigadores piden, en cualquier caso, prudencia antes de trasladar estos resultados a la vida cotidiana. El experimento incluyó únicamente a 35 adultos jóvenes y midió una tarea muy concreta de atención y respuesta motora en condiciones de laboratorio. Por tanto, los resultados no permiten afirmar que aprender a exhalar en un determinado momento vaya a convertirnos automáticamente en mejores conductores o deportistas, ni constituyen por sí solos una recomendación para modificar conscientemente la respiración. “Al utilizar una tarea tangible y fácil de entender, pudimos demostrar la relación entre respiración y cognición”, explica la autora principal, Erika M. Yamazaki, quien recuerda que “el estudio de la conexión entre el cerebro y el cuerpo es todavía un campo de investigación nuevo”.
El siguiente paso puede tener también implicaciones para el descanso. El laboratorio de Paller investiga actualmente, con financiación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), la relación entre respiración, sueño y apnea del sueño, un trastorno caracterizado por interrupciones repetidas de la respiración mientras dormimos y que puede repercutir en la salud y el funcionamiento durante el día. Los científicos esperan que comprender mejor cómo se comunican respiración y cerebro permita explorar en el futuro estrategias no invasivas destinadas a mejorar el sueño y el rendimiento cognitivo posterior. Por ahora, el nuevo trabajo deja una conclusión más sencilla pero sugerente: incluso mientras creemos estar simplemente respirando, el ritmo de nuestros pulmones puede estar marcando también el ritmo al que responde nuestro cerebro.
