Publicado: octubre 27, 2026, 2:00 am
El síndrome de ovario poliquístico (SOP) ya no existe. El trastorno sigue siendo igual, pero ahora se denomina síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP). Este cambio de nomenclatura busca reflejar con más fidelidad la complejidad de esta condición. Hasta ahora, el anterior nombre creaba la idea de que solo se podía relacionar con la presencia de quistes en el ovario, pero lo cierto es que este síndrome es mucho más que eso.
En 20bien hemos mantenido una extensa conversación con el ginecólogo mexicano y experto en fertilidad, Jorge Michel. Para el especialista este cambio puede marcar un punto de inflexión muy bueno dentro de la medicina, sin embargo, advierte que modificar el nombre no es suficiente si no se acompaña de avances en el diagnóstico y el tratamiento. «Si solo cambiamos el nombre, pero seguimos sin entender la enfermedad, no va a pasar nada», es el titular que nos ha dejado.
De SOP a SOMP: la necesidad de cambiar el nombre
Fueron 56 organizaciones clínicas y académicas las que llegaron a un gran consenso internacional para cambiar el nombre. Este fue publicado en la revista The Lancet y respaldado por la Endocrine Society y así es como nació el SOMP (o PMOS en sus siglas en inglés), una nomenclatura que deja atrás la idea de que todas las mujeres que cursan este síndrome tienen quistes en el ovario. Jorge Michel recuerda así que el hallazgo de múltiples folículos en una ecografía no equivale necesariamente a tener quistes ni permite, por sí solo, establecer un diagnóstico.
Hay que hacer caso, por tanto, también a la función metabólica y endocrina. Uno de los aspectos clave del síndrome que explica Jorge Michel es el hiperandrogenismo, un desequilibrio hormonal que puede provocar exceso de vello, acné, alopecia y alteraciones menstruales. Y, por otro lado, la resistencia a la insulina, que puede asociarse a mayor riesgo de diabetes tipo 2 o diabetes gestacional. Pero ojo, porque estos síntomas o factores no tienen por qué estar siempre presentes en las pacientes. De hecho, Michel también apunta a la posible presencia de problemas de salud mental, como ansiedad y depresión.
En este sentido, el ginecólogo defiende la necesidad de que el SOMP empiece a ser un trastorno con implicación médica multidisciplinar con presencia en ginecología, endocrinología, dermatología, nutrición y salud mental, según el tipo de caso que se presente en consulta. Esto es lo que pretende, por tanto, el cambio de nomenclatura a síndrome ovárico metabólico poliendocrino, aunque el doctor reconoce que todavía queda por concretar cómo se incorporará la rama metabólica y otras variantes a los criterios de diagnóstico.
¿Comprenden ahora las mujeres mejor el SOMP?
De primeras, el síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) ha resultado algo farragoso para las pacientes, que esperan, al menos, encontrar precisamente la comprensión con el nuevo abordaje que plantea la nomenclatura. Las pacientes con SOMP a menudo parecen no comprender la dimensión de su síndrome. Para ello, en la encuesta internacional se tuvo en cuenta a muchas de ellas. Sin embargo, la presencia hispanohablante fue muy limitada.
Jorge Michel trabaja ahora en dar mayor dimensión a un problema que afecta también a muchas mujeres hispanohablantes. Conocer su opinión resulta especialmente relevante para que la salud femenina también tenga sentido en la consulta y en la información que reciben las mujeres. Y ahora desde 20bien también podéis contribuir realizando su encuesta pinchando en el siguiente botón.
Abordar el trastorno desde la voz de la paciente es primordial para acompañar y dar la mejor atención a muchas mujeres que sufren las consecuencias del SOMP, ya sea en el padecimiento de sus síntomas y efectos, así como en la dificultad para conseguir el embarazo. «El hecho de que tengan este síndrome no quiere decir que vayan a ser infértiles», recuerda el ginecólogo. «Son mujeres que pueden tener hijos, aunque a algunas les puede costar trabajo ovular, hay tratamientos que nosotros podemos dar. Deben acudir al médico para que nosotros las podamos ayudar», explica Michel.
El especialista, aun así, reconoce que este síndrome va más allá de la fertilidad y que debería ser atendido desde la adolescencia, por eso habla de la necesidad de ampliar los enfoques. «Es una enfermedad que las va a acompañar toda la vida, que no desaparece en la menopausia», concluye.
