Publicado: octubre 17, 2026, 8:30 am
El cáncer es una de las enfermedades más comunes en España, y aunque las cifras no paran de aumentar -en 2026 podrían alcanzar los 301.184 casos, según el informe de la Sociedad Española de Oncología Médica-, la supervivencia cada vez es mayor gracias a los avances en los tratamientos. Pero la quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia y otros procedimientos tienen efectos secundarios en la piel, a los que muchas veces no se les da la importancia necesaria. Es el órgano más grande del cuerpo y su barrera frente a bacterias y otros organismos, por eso es importante valorar por parte de un especialista cualquier molestia o cambio que se note en ella. Las alteraciones varían según el tratamiento. La doctora Cristina García Millán , dermatóloga experta en piel sensible y directora de Esthea Medica, las resume así: «con la quimioterapia, la piel se seca, está tirante, tiene picor y a veces enrojecimiento . En los pacientes con radioterapia vemos radiodermitis en la zona tratada, que se manifiesta como enrojecimiento, sensación de quemazón, sequedad, descamación, incluso, a veces, erosiones. Con algunas terapias dirigidas, sobre todo las que actúan sobre una vía de receptor de factor de crecimiento epidérmico, por ejemplo, algo que ocurre mucho en el cáncer de pulmón metastásico, aparecen unas erupciones como de acné , sequedad marcada, y fisuras e inflamación alrededor de las uñas. Muchos tipos de inmunoterapia pueden desencadenar cuadros inflamatorios, como eccemas generalizados, algunas que llamamos ‘vitiligo-like’ porque se parecen al vitiligo pero no tienen el mismo mecanismo de acción, y otras alteraciones». En general, las zonas de la piel que más sufren los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos son aquellas en las que la barrera cutánea es más frágil o existe mayor fricción. Según Manuela Auñón , coordinadora de Clínica y tratamientos de Palasiet Wellness Clinic, las partes «más vulnerables suelen ser el rostro, los labios, el cuero cabelludo, las manos, los pies y los pliegues. También hay que vigilar especialmente la zona sometida a radioterapia, porque puede volverse muy sensible, y las áreas de roce o presión. Las palmas de las manos y las plantas de los pies requieren una hidratación constante cuando existe riesgo de síndrome mano-pie. En el cuero cabelludo, incluso cuando se ha perdido el cabello, deben mantenerse una higiene delicada, una buena hidratación y protección frente al frío y el sol». Es aconsejable acudir a un especialista en cuanto se observen alteraciones y problemas en la piel, y no asumir que se trata de una consecuencia inevitable del tratamiento de la enfermedad. Como la piel está más sensible, se recomienda vigilar los productos que se usan de forma habitual, desde los geles y champús, hasta las cremas faciales o los perfumes. La doctora Natalia Jiménez , dermatóloga del Grupo Pedro Jaén, explica que «la pauta es elegir pocos productos, suaves y adecuados al estado de la piel. En líneas generales, hay que decantarse por cosméticos formulados específicamente para piel sensible . Para la higiene, pueden utilizarse limpiadores y champús que no resequen ni produzcan escozor. Para hidratar, suelen resultar útiles fórmulas sencillas con ingredientes como glicerina, ceramidas o ácido hialurónico, siempre que la persona las tolere. Si la piel está inflamada, muy seca o lesionada, conviene suspender temporalmente exfoliantes, peelings caseros, retinoides, ácidos exfoliantes y otros cosméticos que causen escozor. También evitamos, por prudencia, perfumes y productos con alcohol que resequen». Se aconsejan las duchas cortas y con agua tibia , ya que la caliente o muy fría puede resecar aún más. Tampoco se deben usar esponjas y hay que secarse con suaves toques, sin frotar. El cuidado más necesario en esta etapa es la hidratación , gran aliada para devolverle a la piel el confort, usando productos específicos para pieles sensibles e incluso oncológicas (ya existen propuestas específicas, como las de la marca francesa Même, que han sido desarrolladas ex profeso para pacientes de cáncer). Otro de los cuidados que recomiendan los dermatólogos es la fotoprotección , preferentemente con filtros minerales y combinada con medidas físicas (sombreros, gafas y ropa protectora). García Millán, además, alerta sobre los productos naturales . «El ‘claim’ natural no significa siempre seguro, muchos extractos vegetales podrían ser sensibilizantes. Todos los activos reparadores e hidratantes son seguros, como glicerinas, ceramidas, pantenol, ácido hialurónico, niacinamida a baja concentración si se tolera». Propone como gran amiga de estas pieles a la vaselina . «Es un producto neutro que no produce ningún tipo de reacción y que ayuda a sellar la piel, que en estos momentos puede perder mucha agua, y que podemos utilizar, obviamente no en zonas amplias, pero sí en labios, párpados, alrededor de las uñas, en las grietas de los talones, etc.». La caída del pelo es habitual con algunos tratamientos para el cáncer, y aunque no se llegue a ello, el cabello, en general, puede estar mucho más fino y quebradizo. Por este motivo tampoco se aconseja usar tintes. Además, el cuero cabelludo, que es piel, también puede sufrir algunos de los efectos secundarios anteriormente descritos. García Millán recomienda « evitar decoloraciones intensas , alisados químicos o tratamientos muy agresivos, y hacer siempre una prueba de tolerancia. Si ha habido radioterapia en cabeza o cuero cabelludo, hay que confirmarlo con el equipo médico. Mi recomendación práctica es no precipitarse. Primero, recuperar la salud del cuero cabelludo y la fibra capilar, y después, poco a poco, una coloración suave, probar en alguna zona oculta para ver qué tal se tolera». Las uñas también sufren mucho con los tratamientos oncológicos (debilidad y rotura), así que idealmente habría que prescindir de los esmaltes, aunque de forma puntual, si están bien, se pueden usar los que se disuelven con agua, de venta en farmacias. Auñón explica que « se desaconseja cortar las cutículas y utilizar uñas postizas, geles o acrílicos sin autorización médica, porque pueden aumentar el riesgo de lesión o infección. Además, en ocasiones el equipo sanitario necesita observar el estado y la coloración de las uñas» del paciente. Aunque la estética oncológica es una herramienta muy útil para mejorar el bienestar emocional y la autoestima de quienes atraviesan la enfermedad, los expertos no recomiendan los procedimientos invasivos en esta etapa. La doctora Jiménez asegura que «existen tratamientos de cabina específicos que alivian problemas como la sequedad, la irritación o el escozor en manos, pies o cuero cabelludo, así como faciales adaptados a estos pacientes. Los procedimientos un poquito más agresivos como peelings, láseres estéticos, microneedling o inyectables requieren una valoración individual y, con frecuencia, conviene posponerlos».
