Publicado: octubre 14, 2026, 9:00 am
Su característico color rosa y, sobre todo, el sobrenombre de ‘cocaína rosa’ pueden provocar una idea equivocada sobre lo que realmente se está consumiendo. El tusi o tusibí no tiene una composición fija e incluso puede no contener cocaína. Bajo este nombre se comercializan mezclas en las que suelen aparecer sustancias como la ketamina y el MDMA, una circunstancia que hace que sus efectos y riesgos resulten difíciles de prever.
Según explica a Europa Press Salud Infosalus Ernesto Tarragón, psicólogo, director académico e investigador en neurociencia de las conductas adictivas de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), uno de los principales problemas reside precisamente en desconocer qué se está tomando. «El tusi es engañoso porque no es cocaína», señala el especialista, que explica que se trata de un polvo compuesto principalmente por ketamina y MDMA, aunque algunos análisis también han detectado cafeína y cantidades testimoniales de cocaína. «Ni el color, ni el nombre, dicen nada fiable sobre lo que se está consumiendo».
Los últimos datos oficiales correspondientes a 2023 muestran que el alcohol, los hipnosedantes, la cocaína y el cannabis continúan siendo las sustancias más presentes en las urgencias relacionadas con drogas. Por su parte, el informe del Ministerio de Sanidad sobre alcohol y otras drogas de 2025 sitúa en un 0,7% la prevalencia de personas de entre 18 y 65 años que aseguran haber probado alguna vez la denominada cocaína rosa. Tarragón apunta también a la necesidad de prestar atención a los cuadros de consumo de varias sustancias, aunque considera que actualmente el incremento observado no es suficiente para generar una alarma.
El policonsumo no constituye un fenómeno nuevo. Lo diferente, según el investigador de la UNIR, es que ahora determinadas sustancias puedan comercializarse ya mezcladas. No existe una única explicación para la aparición de estas nuevas combinaciones. Entre los factores que pueden favorecerlas se encuentran el precio, al tratarse de sustancias que pueden resultar más baratas de conseguir, pero también la regulación y los posibles vacíos legales que surgen ante la aparición de nuevas drogas y dificultan su fiscalización.
A ello se suma la tendencia humana a explorar y buscar experiencias nuevas, especialmente durante la adolescencia. Tarragón recuerda que la búsqueda de sensaciones es una de las dimensiones de personalidad que más se relaciona con el inicio del consumo de sustancias. El entorno también desempeña un papel importante: determinados contextos de ocio pueden terminar asociándose al consumo y convertirse, con el tiempo, en estímulos capaces de despertar por sí mismos el deseo de consumir. Sobre el papel de las redes sociales en su normalización, sin embargo, el investigador señala que todavía no existen datos suficientemente sólidos para establecer una relación clara.
Un problema agravado por el desconocimiento
Otro peligro aparece cuando estas sustancias se utilizan con la intención de compensar los efectos de otras drogas. El experto recuerda que esta conducta tampoco es nueva y pone como ejemplo la combinación de alcohol con bebidas energéticas. En el caso del tusi, el desconocimiento de su verdadera composición puede agravar el problema. Si una persona consume ‘cocaína rosa’ creyendo que va a contrarrestar los efectos sedantes del alcohol, advierte Tarragón, «la sorpresa puede ser desagradable».
La combinación de distintas sustancias puede hacer que una intoxicación resulte especialmente imprevisible. Según Tarragón, «el problema es múltiple», ya que los efectos de cada droga pueden interactuar de maneras difíciles de anticipar. A ello se añade que buena parte del policonsumo recreativo implica sustancias no reguladas cuya composición real se desconoce. El resultado puede ir desde el enmascaramiento de determinados efectos tóxicos hasta una potenciación de la toxicidad. El especialista considera particularmente preocupante combinar estas sustancias con depresores del sistema nervioso como el alcohol, las benzodiazepinas o el GHB.
Problemas conductuales, afectivos o sociales
En cuanto a los posibles efectos de consumir tusi de manera continuada, Tarragón señala que actualmente «no hay literatura de ‘adicción al tusi». Esto no significa, sin embargo, que un consumo repetido de las sustancias que puede contener esté exento de riesgos. Se sabe que el uso continuado de sustancias con potencial de abuso puede provocar neuroadaptaciones a largo plazo y asociarse con problemas conductuales, afectivos o sociales.
Hay señales que pueden indicar que la relación con una sustancia está empezando a convertirse en un problema. Una de ellas aparece cuando no disponer de ella genera malestar o cuando su consumo deja de proporcionar el placer inicial y comienza a utilizarse fundamentalmente para aliviar la ansiedad. Ese es, según Tarragón, un momento para plantearse la existencia de un posible problema de consumo y recurrir a profesionales y recursos especializados. La incertidumbre sobre qué contiene realmente cada dosis convierte al tusi en una sustancia especialmente difícil de predecir: detrás de su llamativo color rosa puede haber una combinación de drogas muy distinta de la que el consumidor cree estar tomando.
