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La tierra tiene dueño

Publicado: octubre 8, 2026, 2:00 am

Hay conciertos que se organizan para que la gente baile, otros para que cante y algunos para que los vecinos llamen a la policía. El Power To The People, celebrado, el pasado sábado, en la ciudad de Columbia, Maryland, tuvo una pretensión adicional: que desde la Casa Blanca alcanzaran a oírlo.

No estaba tan cerca como para que Donald Trump pudiera asomarse por una ventana y ordenar que le bajaran al volumen, pero sí lo suficiente para que el ruido político de las guitarras llegara simbólicamente hasta Washington.

Tom Morello, guitarrista de Rage Against The Machine y hombre que desde hace décadas considera que una guitarra eléctrica también sirve para protestar —afortunadamente sin necesidad de licencia para portarla— reunió a Foo Fighters, Joan Baez, Public Enemy, Taylor Momsen y Serj Tankian, de System Of A Down, entre otros. Visto de otro modo, aquello no fue un festival de música: Fue un mitin político con batería, bajo y amplificadores.

El tema era suficientemente peligroso para los tiempos que corren: “paz, justicia, solidaridad, música y acción comunitaria”. Particularmente solidaridad. No vaya a convertirse en costumbre. Pero Morello no se conformó con tocar. Entre canción y canción decidió cometer el exceso de hablar: “Esta tierra no pertenece a los multimillonarios ni a los oligarcas. No pertenece a los racistas ni a los belicistas. No pertenece a los fascistas ni a los dictadores en potencia. Hermanos y hermanas, esta tierra nos pertenece a ustedes y a mí. ¡El poder para el pueblo!”, proclamó ante los gritos de la multitud.

La declaración tiene su riesgo. Sobre todo porque actualmente resulta difícil saber exactamente a quién pertenece la tierra. Una parte pertenece a los bancos, otra a los fondos de inversión, otra a las grandes corporaciones y seguramente algún multimillonario ya está averiguando cuánto cuesta el resto.

Por eso decir que la tierra pertenece “a ustedes y a mí” puede provocar cierta inquietud entre quienes llevan años convencidos de que el planeta es una sociedad anónima y ellos poseen la mayoría de las acciones.

El festival buscaba también promover la participación política y electoral. Es decir, recordarles a los ciudadanos que el poder no consiste únicamente en protestar frente al televisor, insultar en las redes sociales o preguntarse cómo fue posible que llegaran ciertos personajes al gobierno. Existe además esa vieja práctica llamada votar.

La democracia tiene la mala costumbre de necesitar mantenimiento. Uno cree que basta comprarla una vez y descubre que requiere servicio permanente, cambio de aceite, revisión de frenos y hasta sustituir piezas desgastadas o corruptas.

Lo curioso es que el concierto ocurrió en Estados Unidos, país que durante décadas presentó al rock como símbolo de libertad. El problema aparece cuando los músicos se toman demasiado en serio esa libertad y deciden utilizarla para decir cosas. Entonces surgen quienes prefieren que el guitarrista toque, el cantante cante y el ciudadano compre una cerveza y permanezca prudentemente alejado de la política.

Joan Baez —85 años— sabe bastante de eso. Lleva mucho tiempo demostrando que una canción puede funcionar también como cartel de protesta. Y un grupo llamado Public Enemy difícilmente fue bautizado así con la intención de amenizar bodas, bautizos y primeras comuniones.

Morello tampoco ha ocultado jamás que considera al rock una forma de cuestionar al poder. Los multimillonarios tienen dinero. Los oligarcas tienen influencia. Los gobiernos tienen presupuestos. Los presidentes tienen ejércitos. Tom Morello tiene una guitarra. Parece una competencia bastante desigual. Hasta que miles de personas comienzan a cantar.

Entonces los poderosos suelen ponerse extrañamente nerviosos. Porque una multitud cantando quizá no cambie un gobierno ni derribe un imperio. Pero hace ruido. Y cuando ese ruido se produce a unos kilómetros de la Casa Blanca, puede ocurrir que alguien adentro pregunte:

—¿Y esos qué quieren? —Nada extraordinario. Sólo recordar quién es, según ellos, el dueño de la tierra: El pueblo. Y para colmo, también quieren el poder.

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