Publicado: septiembre 13, 2026, 3:31 am
El crecimiento sin retorno de AfD ha convertido a Alemania en un laboratorio perfecto para analizar el auge de la ultraderecha en Europa; los expertos sitúan esta especificidad en que, precisamente, es probablemente el paÃs que más ha insistido en no olvidar el pasado, en las huellas de la Segunda Guerra Mundial y en el dolor que causo el nazismo. Pero las cosas ya no se ven desde ese prisma, sobre todo en el este del paÃs: la sensación de declive, la crisis económica o la brecha entre lo urbano y lo rural, unido a la falta de oportunidades para los jóvenes son el caldo de cultivo para que Alternativa por Alemania haya encontrado un campo infinito en el que impulsarse.
La realidad es que, con los datos en la mano, la ultraderecha crece más en los territorios de la antigua RDA respaldada por quienes votan por primera vez y por antiguos abstencionistas, pero el fenómeno, avisan los expertos, es transversal. El caladero principal, en general, es el votante de la derecha tradicional que se siente decepcionado con el bipartidismo clásico. Además, ya no hay fotos distintas por género, ni siquiera por grupos de edad. AfD ha llegado para quedarse.
Un mapa de El Orden Mundial muestra la dinámica de AfD en las distintas zonas de Alemania, con el foco especialmente en el este. Su 44% de los votos en Sajonia-Anhalt es el gran éxito hasta la fecha, pero en realidad se trata de la confirmación de una dinámica que empezó hace más de diez años, aunque con algún altibajo.
Lo cierto es que la trayectoria de la formación comenzó con un tropiezo en 2013, cuando sus más de dos millones de votos no bastaron para alcanzar el umbral del 5% necesario para entrar al parlamento. Su primer gran avance nacional llegó en 2017, tras la crisis de refugiados de 2015, al convertirse en la tercera fuerza del paÃs con el 12,6% de los sufragios y liderar la oposición, destacando su fortaleza en el estado de Sajonia con más del 25% del voto en casi todos los distritos electoralmente disputados. A pesar de sufrir un repliegue en las elecciones de 2021 -coincidiendo con la salida de Angela Merkel y la vuelta del SPD al liderazgo del Gobierno, con Olaf Scholz como canciller- donde obtuvo un 10,3% sosteniendo su presencia en el antiguo territorio oriental, el grupo recobró impulso en los comicios europeos de 2024.
La consolidación definitiva de la fuerza polÃtica se consumó en las elecciones generales de 2025 en medio de un nuevo contexto de crisis. En dicho proceso electoral, el partido dio el gran salto hasta convertirse en la segunda fuerza polÃtica de Alemania. Con más de diez millones de apoyos, equivalentes al 20,5% de los votos, este resultado refleja cómo el trasfondo histórico del este y el descontento en el entorno rural han provocado la imagen de un respaldo masivo a nivel federal: el partido, de hecho, ya lidera las encuestas desde hace meses con bastante claridad.
En general, el avance del apoyo a AfD responde en gran medida a factores sociales e históricos especÃficos del este del paÃs y, sobre todo, de sus áreas rurales. Cuatro décadas de régimen socialista autoritario en la antigua República Democrática Alemana (RDA) generaron una cultura polÃtica proclive al autoritarismo y escéptica ante la democracia liberal, la Unión Europea y el bloque occidental. Además, en el este —paradójicamente teniendo en cuenta el discurso antinmiigración de AfD— sigue habiendo por ejemplo una proporción relativamente baja de migrantes. Y hay un elemento de voto ‘desconectado’ o voto protesta: eso se ve especialmente en las zonas rurales menos pobladas y con economÃas deprimidas, el envejecimiento demográfico, la falta de mano de obra, las tendencias conservadoras del campo o el rechazo por ejemplo a las polÃticas climáticas dan cierta ventaja a la derecha radical.
El este de Alemania ha sufrido un golpe enorme a su prestigio y a su dignidad
Javier Carbonell, analista de polÃtica europea en el European Policy Centre (EPC) en Bruselas, y experto en las dinámicas del voto joven, explica a 20minutos que contra lo que pueda parecer «la mediana edad es la que sostiene» a AfD, y no tanto los jóvenes, porque estos, dice, de momento «no cuentan tanto electoralmente». Eso sÃ, hay matices. «Entre los jóvenes lo que vemos una y otra vez es siempre el mismo comportamiento electoral, que es un comportamiento que va mucho más a los partidos antiestablishment de izquierda y de derecha, y en Alemania AfD representa eso», añade Carbonell, aunque sostiene que ese voto joven también puede ir a La Izquierda (Die Linke) o a los Verdes.
El analista cree que hay que centrarse más «en la memoria reciente» y no tanto en la memoria histórica para entender el auge de AfD. «Es decir, no se trata tanto la memoria histórica de Alemania de la Segunda Guerra Mundial, sino la memoria histórica de la Alemania del este. Y sabemos que todos estos sitios lo que han sufrido es un golpe enorme a su prestigio y a su dignidad«, comenta Carbonell, que pide tener en cuenta también elementos como «la pérdida de población» en los últimos años, algo que ha pasado de forma clara en Sajonia-Anhalt. «Es una región que económicamente va mal y que se está vaciando».
«La revuelta de los lugares que no importan»
Eso es lo que Andrés RodrÃguez-Pose llama «la revuelta de los lugares que no importan». En ese punto, dice Carbonell, se da «una respuesta en clave de estatus»: la gente quiere volver a lo que tenÃa antes porque considera que era mejor. «Eso da potencia a AfD en este caso y a los partidos de ultraderecha en general. No quiere decir que la memoria histórica o el recuerdo del nazismo no importen, pero pesa mucho más ese sentimiento de declive«, esgrime; «se produce, por tanto, un cabreo con la polÃtica y eso se ve en los jóvenes, sÃ, pero es un sentimiento generalizado».
«Claro, en el caso de los jóvenes es especialmente sangrante, puesto que son los que más afectados están porque no hay buenas oportunidades; a eso se suma que la gente de mediana edad, los boomers, ven precisamente cómo los jóvenes se van a otras partes del paÃs y les genera ese desasosiego», argumenta en este sentido Carbonell.
Y es que el auge de AfD, además, es transversal. «Las mujeres jóvenes no se están alejando de la extrema derecha, simplemente están acercándose a la extrema derecha a un ritmo un poco más lento que los hombres jóvenes. Pero el partido más votado entre las mujeres jóvenes es también la extrema derecha, que ha arrasado en todos los grupos de edad. Entonces, en realidad, las razones son las mismas: el cabreo con el sistema y la búsqueda de soluciones fáciles», expone.
Por último, el analista añade un elemento puramente polÃtico, que tiene que ver en cómo el voto se va de la derecha a la ultraderecha: el principal caladero de AfD, en general, es el votante de la CDU. «La CDU tiene una estrategia pésima que se basa en virar sus polÃticas hacia lo que propone AfD», comenta Carbonell. «Pero al mismo tiempo te dice que no va a pactar con la extrema derecha. Por tanto hay una especie de esquizofrenia entre el votante de derechas alemán porque le están diciendo que las ideas de la extrema derecha son buenas pero al mismo tiempo que la extrema derecha, como partido, es mala», sentencia.
Más en general, Alemania -y Sajonia-Anhalt- se han convertido en una foto sobre el futuro de Europa, tal como explica la exministra Arancha González Laya, actual decana de Science Po ParÃs. Ha cambiado el esquema. «El eje izquierda-derecha ya no explica la organización de los espacios polÃticos; el nuevo eje es integración europea contra un nuevo nacionalismo. Europa como protección o como peligro, es decir, la voluntad de construir un futuro frente a la nostalgia del pasado».
