Publicado: julio 25, 2026, 3:00 am
Llegó el verano. Nos gusta tomar el sol, pillar moreno, pero hay que hacerlo con precaución. Los rayos del sol son uno de los mayores enemigos de nuestra piel. Sí, le damos al organismo vitamina D, pero la exposición prolongada al sol puede tener efectos perjudiciales en la salud como consecuencia de la radiación ultravioleta.
La exposición prolongada a los rayos ultravioleta sin una adecuada protección puede provocar quemaduras solares, envejecimiento prematuro de la piel e incluso aumentar el riesgo de cáncer de piel. De entrada, es básico ser prudente durante los primeros días de sol.
Hay que usar cremas con un alto factor de protección solar (FPS), superior a 30. Y no, no vale con dársela una vez y luego pasar seis horas al sol. Debemos darnos ese protector en repetidas ocasiones durante la exposición, especialmente si estamos en la playa y nos bañamos.
Interesa entonces tener en cuenta como de morena está nuestra piel (las mayores precauciones en los primeros días) y el momento del día que elegimos al tomar el sol. Lo mejor será a primera hora de la mañana y a última de la tarde. O dicho de otro modo, lo peor y por lo tanto lo que debemos evitar son las horas centrales del día, cuando el sol incide de forma más perpendicular sobre la Tierra.
Pero la protección también puede empezar desde dentro. Una buena hidratación es el paso fundamental si se trata de preparar la piel para los más intensos rayos de sol. Eso y la alimentación. Una buena dieta también ayuda a preparar la epidermis, al tiempo que evita el envejecimiento prematuro.
Alimentos que ayudan a la piel
La alimentación rica en nutrientes con propiedades antioxidantes y protectoras es también una buena forma de preparar la piel para el sol. Una dieta con frutas, verduras, grasas saludables y una buena hidratación puede ser un escudo natural eficaz.
Hay determinados alimentos que pueden contribuir a fortalecer la piel frente al daño solar. El Consejo General de Colegios de Farmacéuticos (CGCOF) apunta cinco grupos:
Carotenoides
Son unos pigmentos vegetales con propiedades antioxidantes que ayudan a prevenir el daño oxidativo causado por la radiación UV. Algunos de los más conocidos son el betacaroteno, el licopeno y la luteína, que, además de efecto protector, favorecen un bronceado más uniforme y duradero. Están presentes en zanahorias, calabazas, mandarinas, naranjas, espinacas, brócoli, pimientos rojos o rúcula. Estos alimentos ricos en licopeno y betacarotenos estimulan la producción de colágeno, lo que hace que la dermis se recupere antes de los efectos del sol.
Polifenoles
Otro grupo importante de compuestos son los polifenoles, con acción antioxidante y antiinflamatoria. Se encuentran en abundancia en los frutos del bosque (arándanos, moras, frambuesas), así como en verduras como el brócoli, las espinacas o los pimientos. También, en el aceite de oliva virgen extra y en hierbas aromáticas como la albahaca, el perejil y el cilantro.
Vitamina E
Su gran virtud es su capacidad antioxidante. Ayuda a neutralizar los radicales libres generados por la exposición solar y protege las membranas celulares. Se encuentra en aceite de oliva, pipas, cacahuetes, aguacates, espárragos verdes, judías blancas, maíz y trigo.
Vitamina C
Contribuye a la formación de colágeno, esencial para la elasticidad y firmeza de la piel, y además potencia los efectos de la vitamina E. Frutas cítricas como la naranja o el pomelo, y otras de temporada como la nectarina o el paraguayo, son fuentes ideales de esta vitamina.
Ácidos grasos omega-3
Son conocidos por su efecto antiinflamatorio y por reforzar la función barrera de la piel, ayudando a mantenerla hidratada y menos vulnerable ante las agresiones del sol. Están especialmente presentes en pescados azules como el salmón, la caballa o el atún.
