Publicado: julio 11, 2026, 4:00 am
Poner lÃmites suele entenderse como decirle a otra persona lo que puede o no puede hacer. Sin embargo, para la psicóloga Alba Cardalda esa idea parte de un error de base. En su planteamiento, un lÃmite no consiste en controlar la conducta ajena, consiste en asumir un compromiso personal sobre aquello que cada uno está dispuesto a tolerar en sus relaciones. Desde esa perspectiva, un lÃmite solo existe si, cuando no se respeta, hay una consecuencia que depende de uno mismo y no de la otra persona.
Cuando un lÃmite no tiene consecuencias
«Si al poner un lÃmite y no ser respetado no hay una consecuencia, no es un lÃmite», dice la experta en psicologÃa, autora de ‘Cómo mandar a la mierda de forma educada’, que plantea que expresar una molestia no equivale, por sà solo, a establecer un lÃmite. Según explica, si una persona comunica reiteradamente que una conducta le incomoda, pero todo continúa exactamente igual y no modifica su propia actuación, en realidad ese lÃmite no existe.
Para ilustrarlo, pone el ejemplo de una amistad que llega tarde de forma habitual: «Tú le puedes decir a una amiga: ‘me molesta mucho que llegues tarde, avÃsame porque yo estoy haciendo cosas’, porque igual de valioso el tiempo es para ti que para mÃ, y esa persona sigue llegando tarde, tiene que tener alguna consecuencia, si no tú no estás poniendo un lÃmite». La clave, por tanto, no está únicamente en comunicar el malestar, sino en actuar en coherencia con aquello que se ha decidido aceptar o no.
Un compromiso con uno mismo
«Entender los lÃmites como algo que tú impones a los demás o entender los lÃmites como un compromiso que tú adquieres contigo misma de qué es que tú vas a tolerar o no en las relaciones», comenta Alba Cardalda. Para ella, el concepto de lÃmite suele interpretarse de forma equivocada cuando se asocia a la idea de imponer normas a otras personas. En cambio, propone entenderlos como un acuerdo personal sobre los propios lÃmites de tolerancia dentro de cualquier relación.
Desde esta perspectiva, el foco deja de estar en cambiar el comportamiento ajeno y pasa a situarse en las decisiones que cada persona toma respecto a sà misma. El lÃmite no depende de que el otro lo acepte o lo cumpla, sino del compromiso adquirido con uno mismo acerca de aquello que está dispuesto a mantener o dejar de aceptar.
No se puede obligar al otro
Tal como dice, «los lÃmites no se pueden imponer«. La psicóloga insiste en que un lÃmite no es una herramienta para controlar a los demás. «Tú no puedes obligar a alguien, es una imposición, una obligación, una orden», afirma. En su opinión, las relaciones deben entenderse desde una posición de igualdad, por lo que rechaza la idea de que una persona pueda dictar el comportamiento de otra. «Estamos hablando de relaciones horizontales», comenta. Por ello, sostiene que cada individuo conserva siempre la libertad de decidir cómo actúa, incluso cuando conoce el malestar o las necesidades de la otra persona.
La responsabilidad de decidir
Alba Cardalda expone que «nadie puede imponer nada a la otra persona. La otra persona es libre de actuar como quiera». A partir de esa premisa, Cardalda explica que las conversaciones sobre lÃmites sirven para expresar con claridad qué conductas se aceptan y cuáles no, pero no para garantizar que la otra persona vaya a cambiar. «Por eso están estas conversaciones donde yo te expreso cuáles son mis lÃmites, pero esos lÃmites son algo que yo he decidido conmigo misma, que es lo que voy a tolerar y no voy a tolerar en mis relaciones», dice.
Si ese lÃmite no se respeta, la responsabilidad ya no recae en intentar modificar al otro, sino en decidir cómo continuar con esa relación. «Si tú no respetas ese lÃmite, yo tengo la responsabilidad de decidir qué hago con esta relación, donde ese compromiso que habÃa adquirido conmigo misma de que no iba a tolerar esto no se está respetando. ¿Qué hago?», plantea. Para la psicóloga, esa es la pregunta fundamental. El lÃmite no consiste en lograr que la otra persona cambie: tiene más que ver con actuar de forma coherente con el compromiso previamente adquirido con uno mismo cuando ese lÃmite deja de ser respetado.
