Publicado: junio 29, 2026, 9:00 am
Durante muchos años, el lactato fue considerado el gran enemigo del deportista y un producto de desecho. Se le culpaba de la fatiga muscular, de las agujetas y del descenso del rendimiento. Pero hoy sabemos que prácticamente ninguna de estas afirmaciones era correcta.
De hecho, uno de los mayores cambios de paradigma de la fisiología del ejercicio durante las últimas décadas ha sido comprender que el lactato no es un residuo metabólico, sino una molécula energética y de señalización absolutamente fundamental en la fisiología y la energía del deportista.
Esta nueva visión del lactato ha despertado una pregunta que hasta hace pocos años parecía impensable: si nuestro organismo produce y utiliza lactato continuamente como combustible, ¿podríamos administrarlo desde el exterior para mejorar el rendimiento deportivo?
En los últimos meses esta idea ha cobrado todavía más protagonismo gracias al desarrollo de nuevos geles de lactato impulsados por el fisiólogo español Aitor Viribay y su grupo de investigación, generando un enorme interés dentro del deporte de resistencia. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia? Vamos a intentar arrojar algo de luz sobre esta novedad. Del ácido láctico al lactato: el cambio de paradigma
¿Ácido láctico o lactato?
Hoy sabemos que el famoso ácido láctico prácticamente no existe en condiciones fisiológicas. Lo que producen nuestros músculos durante el ejercicio intenso es lactato.
Lejos de ser un producto de desecho, el lactato constituye una de las monedas energéticas del organismo. El concepto de Lactate Shuttle, desarrollado por George Brooks hace más de cuarenta años, revolucionó la fisiología del ejercicio al demostrar que el lactato viaja continuamente entre tejidos para ser utilizado como fuente de energía.
El músculo activo produce lactato y otras fibras musculares lo reutilizan como fuente energética. De hecho, el corazón consume grandes cantidades de lactato. Pero es que el cerebro también puede utilizarlo como combustible cuando aumenta la demanda energética.
Incluso el hígado puede transformarlo nuevamente en glucosa mediante el ciclo de Cori. Sin ponernos demasiado científicos, actualmente el lactato se considera una molécula señalizadora o «lactormona«, capaz de participar en procesos relacionados con la biogénesis mitocondrial, la adaptación al entrenamiento y la regulación del metabolismo energético. ¿Cómo puede absorberse el lactato ingerido?
Uno de los principales interrogantes era saber si el organismo sería capaz de absorber cantidades suficientes de lactato por vía oral.
El intestino dispone de transportadores específicos denominados MCT (Monocarboxylate Transporters), principalmente MCT1, responsables del transporte de monocarboxilatos como el lactato, el piruvato o los cuerpos cetónicos. Estos mismos transportadores también participan posteriormente en el paso del lactato hacia diferentes tejidos, especialmente músculo, corazón y cerebro.
Hasta la fecha, la mayoría de deportistas solo estaban familiarizados con los transportadores de glucosa y fructosa, como GLUT y SGLT.
Lactato ingerido como sustrato energético
Es interesante saber que sí existe fisiológicamente una vía biológica que permitiría absorber lactato ingerido y utilizarlo como sustrato energético.
Pero que un mecanismo exista no significa automáticamente que produzca mejoras del rendimiento deportivo. ¿Qué evidencia científica tenemos ahora mismo? Aquí es donde debemos ser especialmente prudentes.
La mayor parte del conocimiento sobre el metabolismo del lactato procede de estudios fisiológicos realizados mediante infusión intravenosa, trazadores isotópicos o producción endógena durante el ejercicio.
Los estudios sobre lactato ingerido son todavía muy escasos y se han realizado en grupos muy reducidos y muy específicos de deportistas de élite, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse a la gran mayoría de los deportistas, tanto por las características fisiológicas como por el entrenamiento digestivo de estos atletas.
Las primeras investigaciones sugieren que el lactato oral podría:
• Aumentar ligeramente el bicarbonato sanguíneo y ejercer cierto efecto tampón frente a la acidosis, de forma similar a la beta-alanina o el bicarbonato, que sí cuentan con un elevado nivel de evidencia científica.
• Utilizarse como combustible energético.
Sin embargo, cuando hablamos de rendimiento deportivo, los resultados son actualmente muy modestos e inconsistentes. Solo se observan algunos posibles beneficios en ejercicios de alta intensidad y corta duración, mientras que en pruebas de resistencia prolongada no se encuentran mejoras claras.
Por tanto, a día de hoy todavía no existen revisiones sistemáticas ni metaanálisis sólidos que permitan recomendar el lactato ingerido como ayuda ergogénica basada en la evidencia. Tampoco cuenta con ningún grado de evidencia científica actual.
Las razones del éxito
Eso sí, que actualmente no exista evidencia no significa que no pueda aparecer en el futuro. Todavía hacen falta investigaciones más consistentes y estudios en poblaciones deportivas más amplias. ¿Por qué ha aparecido ahora tanto interés?
Uno de los grandes problemas históricos del lactato era conseguir administrar cantidades elevadas de forma estable, con una buena tolerancia digestiva y un sabor aceptable.
Ese obstáculo parece haberse resuelto gracias al trabajo de investigadores y expertos en tecnología alimentaria, que han desarrollado un sistema de lactato encapsulado capaz de vehiculizarlo en formato gel para deportistas de resistencia.
¿Puede sustituir a los carbohidratos
Probablemente no.
De hecho, en el estudio citado anteriormente no se observaron mejoras en el rendimiento deportivo utilizando una dosis de 120 mg/kg de peso administrada 70 minutos antes del inicio del ejercicio.
Eso equivale aproximadamente a:
• Deportista de 60 kg: 7,2 g.
• Deportista de 70 kg: 8,4 g.
• Deportista de 80 kg: 9,6 g.
La idea no parece consistir en sustituir a la glucosa o la fructosa, sino en añadir un tercer combustible potencialmente utilizable por el organismo. Al final, 5 gramos aportan poco, pero podrían formar una combinación interesante con otros sustratos energéticos.
Toda la evidencia disponible continúa situando a los hidratos de carbono como el principal sustrato nutricional durante los deportes de resistencia.
Recomendaciones
• Entre 60 y 90 gramos por hora de carbohidratos en la mayoría de deportes de resistencia.
• Hasta 150 gramos por hora cuando existe un adecuado entrenamiento digestivo y se utilizan diferentes transportadores intestinales.
Si finalmente demuestra utilidad, el lactato probablemente actuaría como un complemento metabólico y no como un sustituto de los carbohidratos.¿Tiene riesgos?
Hasta el momento no se han descrito problemas importantes derivados del consumo puntual de lactato oral en deportistas sanos.
No obstante, siguen existiendo numerosas incógnitas sobre su dosis óptima, el momento ideal de administración, su interacción con la glucosa y la fructosa, la tolerancia gastrointestinal durante esfuerzos muy prolongados y la respuesta individual.
Como ocurre con cualquier nueva estrategia nutricional, la prudencia debe preceder al entusiasmo.
Una opinión personal
Pese a todo lo expuesto, probablemente estamos ante una de las líneas de investigación más interesantes de la nutrición deportiva de los últimos años.
No porque el lactato sea una molécula nueva, ya que lleva décadas siendo uno de los protagonistas de la fisiología del ejercicio, sino porque por primera vez parece haberse encontrado una forma tecnológicamente viable de administrarlo por vía oral gracias a su encapsulamiento.
Ahora bien, una innovación tecnológica no equivale automáticamente a una ayuda ergogénica consolidada.
Hoy podemos afirmar con bastante seguridad que el lactato es un combustible fundamental para el organismo y que existe una sólida base fisiológica que justifica investigar su utilización exógena. Lo que todavía no podemos afirmar con el mismo nivel de evidencia es que ingerir lactato mejore el rendimiento deportivo.
Si los estudios que se están desarrollando confirman los resultados preliminares, podríamos asistir durante los próximos años a la aparición de una nueva categoría de suplementos para deportes de resistencia. Si no lo hacen, el lactato seguirá siendo una molécula fascinante desde el punto de vista fisiológico, pero sin una aplicación práctica relevante.
Como ocurre siempre en nutrición deportiva, la ciencia debe ir por delante del marketing. Y, por ahora, la fisiología del lactato va bastante más avanzada que la evidencia clínica sobre su suplementación.
