"El primer día me juré que nunca más volverían a pisotarme y así he seguido toda mi vida" - Venezuela
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«El primer día me juré que nunca más volverían a pisotarme y así he seguido toda mi vida»

Publicado: junio 11, 2026, 2:00 am

Aceptar que se necesita ayuda, poner nombre a heridas que permanecen abiertas durante años o aprender a convivir con una enfermedad mental son procesos que no siempre resultan sencillos. Sin embargo, muchas personas encuentran en ellos una oportunidad para comprenderse mejor y recuperar parte de su bienestar. Los testimonios de Aitor, Mireia y María Teresa, enviados a través del ‘Buzón del bienestar’ de 20bien, reflejan cómo afrontar determinadas experiencias puede cambiar la forma de relacionarse con uno mismo y con los demás.

Aitor (35 años), confiar en el tratamiento

Aitor, vecino de Montgat (Barcelona), comenzó un tratamiento tras atravesar un periodo difícil en el que le costaba mantener la estabilidad mental después de la muerte de un familiar. Según cuenta, al principio «lo más difícil fue aceptar la enfermedad y confiar en el tratamiento. Con el tiempo, esa decisión fue la que más me ayudó a mejorar mi calidad de vida», explica.

Según explica, durante el proceso también se encontró con situaciones que atribuye al estigma que todavía existe alrededor de este tipo de trastornos. «También noté rechazo aunque por poca gente, por lo que también añadiría que el estigma social en este tipo de enfermedades sigue existiendo en pleno siglo XXI».

Con el paso del tiempo comenzó a notar cambios positivos. «Hoy tengo más claridad, más control sobre mi día a día y una mayor sensación de estabilidad. Es un proceso continuo, pero ha supuesto un cambio muy positivo en mi vida», afirma.

La principal enseñanza que extrae de esta experiencia queda reflejada en sus propias palabras: «Aprendí que la recuperación es un proceso lento y que, con apoyo, tratamiento y constancia, es posible recuperar estabilidad y seguir adelante con la vida».

A quienes estén atravesando una situación parecida, les anima a no perder la confianza en el proceso de recuperación y a apoyarse en las herramientas que tengan a su alcance. «Les diría que tengan paciencia consigo mismos y que confíen en el proceso. Pedir ayuda fue una de las mejores decisiones que tomé, y entender que la recuperación lleva tiempo me ayudó a seguir adelante. Y aunque cueste, sigan adelante con las indicaciones y exprésense emocionalmente cuando lo necesiten».

Mireia (41 años), poner nombre a lo ocurrido

Mireia recuerda una infancia marcada por una experiencia que todavía hoy sigue teniendo presente. Explica que, tras repetir curso durante la Educación General Básica (EGB), dejó de tener amigas y empezó a sentirse sola: «No entendía por qué nadie quería jugar conmigo, nadie me quería en su equipo de deportes, ni hablaban conmigo y mucho menos venían a mis cumpleaños».

Según relata, durante aquellos años sufrió insultos, burlas y agresiones por parte de otros niños. «Era una niña sola que se quedaba en un rincón del patio hasta que sonaba la sirena».

Mireia explica que aquella situación se prolongó hasta los 12 años, cuando su familia se trasladó a Barcelona por motivos laborales. «El primer día de clase me juré que nunca jamás iba a permitir que volvieran a pisarme y lo he cumplido toda mi vida».

Aun así, reconoce que todo aquello la marcó y que le costó volver a confiar en la gente. Lo más difícil del proceso fue comprender lo que realmente había vivido. «Darme cuenta de que había sufrido bullying y que yo era la víctima y poner un nombre a lo que me había pasado. Porque esto siendo niña deja muchas secuelas que todavía arrastro. A mis 41 sigo intentando cerrar esa herida».

Con el paso de los años, Mireia asegura que su forma de afrontar aquella experiencia también ha cambiado. «Me hizo más fuerte y resiliente y no dejo que me afecte lo que puedan pensar de mí los que no me quieren. Ahora lo pienso y me hubiese gustado aprenderlo de otra forma».

Su consejo para otras personas es claro: «No te dejes pisar, no agaches la cabeza. Y sobre todo cuéntalo, díselo a tus padres, a tus profesores, a quien sea, pero no te lo calles. Lucha».

María Teresa (56 años), reconocer que necesitaba ayuda

María Teresa, vecina de Segovia, identifica un momento concreto como el que más ha contribuido a mejorar su bienestar: acudir al psicólogo. Recuerda que el momento más complicado fue asumir que no podía afrontar la situación por sí sola. «Darme cuenta de que yo sola no podía mejorar por mí misma y que mi mente estaba enferma», explica.

La experiencia también cambió su forma de entender la salud mental y la importancia de acudir a profesionales cuando es necesario. «Hay que prestar mucha atención a la salud mental sin ser conscientes de que, de la misma manera que no somos capaces de curarnos otro tipo de enfermedades que tenemos en el organismo, la cabeza también tiene que tratarla una persona especializada, porque es susceptible de ponerse enferma exactamente igual que los pies o cualquier otro órgano».

Como consejo, anima a observar la evolución personal y valorar los avances conseguidos con el tiempo. «Que se compare con su yo del pasado y vea que realmente hay una diferencia enorme entre cómo se siente ahora y cómo se sentía antes».

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