Publicado: noviembre 6, 2026, 10:27 am
Recientemente conocíamos que la Comisión Europea ha aprobado una nueva combinación de tratamiento en primera línea para el cáncer de mama HER2 positivo en estadio metastásico, la primera novedad en este escenario en más de una década. Más allá del tiempo trascurrido, la importancia de este hito se encuentra en que, después de diez años con el mismo estándar de tratamiento, disponer de una opción que retrasa la progresión de la enfermedad abre la puerta a algo que hasta ahora parecía lejano: seguir alargando el tiempo de vida de las pacientes con la enfermedad controlada con el tratamiento este tipo de cáncer de mama.
Esta aprobación tiene el potencial de cambiar la conversación que mantenemos con los pacientes desde el primer día, ya que el cáncer de mama HER2 positivo en estadio metastásico, pese a los avances, sigue irrumpiendo en la vida con una mezcla de urgencia y vértigo. Tras el impacto del diagnóstico llega casi siempre la misma pregunta, condensada en una sola idea: cuánto tiempo se podrá frenar la enfermedad y, sobre todo, cómo se vivirá ese tiempo.
Por ello, frente a este temor, los resultados del ensayo DESTINY-Breast09(1) en los que se basa la nueva aprobación ofrecen una nueva opción terapéutica a las pacientes. Concretamente, hemos demostrado que la combinación de trastuzumab deruxtecán más pertuzumab reduce un 44% el riesgo de que la enfermedad progrese o de fallecimiento, frente al estándar utilizado durante más de una década.
Una diferencia a tener en cuenta
Ese beneficio se explica, en buena parte, por la precisión de este tipo de tratamiento, en el que contamos con un anticuerpo conjugado diseñado para dirigirse específicamente a las células que sobreexpresan HER2 y actuar con mayor precisión que los esquemas de quimioterapia convencionales. Y el beneficio se traduce en algo fácil de entender. El tiempo medio en el que el cáncer no empeora supera los tres años, en torno a 40 meses, frente a unos 27 meses con el esquema previo. Ganar más de un año desde el inicio del tratamiento es una diferencia que puede cambiar el pronóstico de la enfermedad.
A esto se suma además que esta nueva opción terapéutica no empeora la calidad de vida de las pacientes, algo que es clave para favorecer la adherencia y que puedan llevar una vida lo más normal posible, con efectos secundarios que sean fácilmente manejables. Este matiz importa, porque más allá de la superior eficacia ya demostrada, la calidad de vida es también un criterio relevante a la hora de optar por la opción terapéutica que mejor se ajuste a cada paciente. Y eso nos obliga a hacer lo que debe estar siempre en el centro, hablarlo con cada paciente, anticipar qué puede notar y acompañarlos de cerca.
Como oncóloga, me emociona lo que puede representar un nuevo hito regulatorio en la práctica real mejorando el pronóstico de las pacientes. Esta aprobación no es un punto final, es una puerta que se abre para muchas pacientes y sus familias, y un recordatorio de que la investigación, cuando se traduce en avances claros, puede devolver algo muy valioso y es el mejor camino, junto con la prevención y el diagnóstico precoz, para acercarnos a nuestro objetivo final que es la curación de esta enfermedad.
