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Muere Margaret Hamilton, la mujer que creó el software que permitió al ser humano llegar a la Luna

Publicado: octubre 8, 2026, 10:19 am

La informática y matemática estadounidense Margaret Hamilton ha fallecido a los 90 años, según ha confirmado el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La científica, que murió el pasado 30 de septiembre, fue una figura fundamental para que la NASA consiguiera llevar al ser humano a la Luna en 1969, ya que dirigió el equipo encargado de desarrollar el software de navegación de las misiones Apolo.

El MIT ha comunicado este miércoles su fallecimiento, recordando su contribución a una disciplina que entonces apenas comenzaba a desarrollarse y en la que, desde luego, no había apenas presencia femenina.

Hamilton, autora de más de 130 publicaciones, no solo participó en uno de los mayores hitos de la exploración espacial, sino que también ayudó a establecer las bases de la ingeniería de software moderna, mucho antes de que los ordenadores se convirtieran en una herramienta cotidiana.

«En retrospectiva, fuimos las personas más afortunadas del mundo», dijo en 2009 Margaret Hamilton sobre su época como ingeniera de software del MIT trabajando con el programa Apolo de la NASA, cuyo objetivo era llevar a los primeros humanos a la Luna. «No teníamos más remedio que ser pioneros«.

El software que evitó un problema durante la llegada a la Luna

Uno de los momentos más importantes de su trayectoria tuvo lugar el 20 de julio de 1969, durante el histórico alunizaje del Apolo 11. Mientras Neil Armstrong y Buzz Aldrin se aproximaban a la superficie lunar, el ordenador del módulo Eagle comenzó a mostrar una serie de alarmas que pusieron en duda si podrían completar el descenso.

Los códigos de error 1201 y 1202 advertían de una sobrecarga del ordenador, que estaba recibiendo más tareas de las que podía procesar. Sin embargo, el sistema desarrollado por el equipo de Hamilton estaba diseñado para dar prioridad a las operaciones esenciales y descartar temporalmente otras menos importantes, de manera que pudiera seguir realizando los cálculos necesarios para controlar el descenso. Gracias a este mecanismo y a las comprobaciones realizadas desde el control de la misión, los astronautas continuaron su aproximación y aterrizaron en la Luna.

Aquel episodio demostró la importancia de desarrollar programas capaces de responder ante situaciones inesperadas, especialmente cuando un error informático podía comprometer la seguridad de los astronautas. Pero no fue el único que marcó la trayectoria de Hamilton.

Una de las anécdotas más curiosas de su carrera tuvo como protagonista a su hija Lauren, de entonces cuatro años. Mientras jugaba con un simulador de las misiones Apolo, la pequeña activó por accidente un programa que no debía ejecutarse durante el vuelo, provocando un fallo en el sistema. Hamilton propuso modificar el software para evitar que los astronautas cometieran el mismo error, pero la NASA rechazó su propuesta porque consideraba que estaban demasiado bien entrenados para equivocarse así.

Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió durante la misión Apolo 8, en 1968. El astronauta Jim Lovell activó accidentalmente el mismo programa y provocó la pérdida de los datos de navegación. Hamilton y su equipo tuvieron que intervenir para resolver el problema y, finalmente, se incorporaron las modificaciones que ella había propuesto.

Los principios de priorización de tareas, recuperación ante fallos y programación defensiva que impulsó Hamilton y su equipo siguen siendo fundamentales en el desarrollo de sistemas informáticos críticos.

Una de las pioneras de la ingeniería de software

Nacida en Indiana (Estados Unidos) en 1936, Hamilton estudió matemáticas y comenzó a trabajar en el MIT en 1959, inicialmente en proyectos de predicción meteorológica. Posteriormente, participó en el desarrollo de sistemas informáticos de defensa aérea, antes de incorporarse en 1965 al programa Apolo.

En una época en la que la programación todavía no tenía el reconocimiento de otras ramas de la ingeniería, Hamilton defendió que desarrollar software requería el mismo rigor que diseñar cualquier otro componente de una nave espacial.

Su trabajo se centró especialmente en la prevención de errores y en la creación de sistemas capaces de continuar funcionando aunque se produjeran fallos. También contribuyó a popularizar el término ingeniería de software, que inicialmente era recibido con escepticismo por algunos de sus compañeros. Tras abandonar el MIT a mediados de los años setenta, Hamilton continuó vinculada al desarrollo tecnológico. En 1976 fundó Higher Order Software y, una década después, creó Hamilton Technologies, empresas centradas en mejorar la fiabilidad de los sistemas informáticos y prevenir errores durante su desarrollo.

Una de las imágenes más conocidas de la historia de la informática la muestra junto a una enorme pila de documentos que contienen el código desarrollado por los equipos del MIT para las misiones Apolo. La fotografía, tomada en 1969, se convirtió décadas después en un símbolo del papel de las mujeres en la historia de la tecnología.

Un legado que va más allá del programa Apolo

Su trayectoria recibió numerosos reconocimientos, entre ellos un premio de la NASA en 2003 y la Medalla Presidencial de la Libertad, que le entregó Barack Obama en 2016 por su contribución a la exploración espacial y a la informática. En un tono más curioso y popular, en 2017, LEGO incluyó su figura en una colección dedicada a mujeres que habían contribuido a la historia de la NASA.

Hamilton se ha convertido en un referente para nuevas generaciones de científicas e ingenieras, dejando un legado que trasciende la llegada del ser humano a la Luna: contribuyó a demostrar que el software era tan importante como el hardware y que la capacidad de anticipar y gestionar errores podía marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de una misión espacial.

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