Publicado: septiembre 8, 2026, 11:27 am
Los propios mecanismos de defensa del cerebro que se activan cuando se produce un ictus podrÃan tener un efecto contraproducente en algunos pacientes y dificultar su recuperación neurológica. Asà lo concluye un estudio desarrollado por investigadores de las universidades de Colorado en Boulder (Estados Unidos) y de Amberes (Bélgica), publicado en la revista cientÃfica PNAS.
La investigación trata de explicar por qué algunas personas que sufren un accidente cerebrovascular isquémico evolucionan mejor que otras incluso después de que el coágulo responsable haya desaparecido y el vaso sanguÃneo haya quedado despejado. Según el trabajo, hasta el 50 por ciento de estos pacientes no llega a recuperarse neurológicamente. Los investigadores apuntan a que, después de eliminar el coágulo original, pueden formarse nuevos microcoágulos en vasos sanguÃneos más pequeños que continúan dañando el tejido cerebral.
«Ahora, tenemos una forma de explicar por qué tantos de estos pacientes no experimentan mejorÃas neurológicas», ha señalado Debanjan Mukherjee, coautor del estudio y profesor adjunto de IngenierÃa Mecánica de la Universidad de Colorado en Boulder. El investigador añade que los resultados «también señalan una nueva diana terapéutica potencial que podrÃa tener un impacto enorme en los pacientes que han sufrido un ictus».
El equipo, en el que también participa Frederik Denorme, profesor adjunto de BiologÃa de la Universidad de Amberes, recuerda que eliminar el coágulo que provoca un ictus no siempre consigue restablecer por completo el flujo sanguÃneo cerebral. Denorme señala que alrededor del 10 por ciento de los pacientes que sobreviven a un accidente cerebrovascular se recupera por completo, mientras que un 25 por ciento presenta discapacidades leves y la mitad sufre discapacidades de moderadas a graves.
Un cerebro artificial en tres dimensiones
Para estudiar qué sucede después de retirar un coágulo, los investigadores realizaron experimentos con ratones mediante microscopÃa intravital. En algunos de los animales observaron que el retorno de la sangre se producÃa «a trompicones» y que, en determinados momentos, incluso llegaba a invertirse. Este análisis permitió identificar la presencia de microcoágulos en los vasos sanguÃneos menores.
Posteriormente, los investigadores recurrieron a simulaciones por ordenador y a un cerebro artificial en tres dimensiones con sangre artificial para analizar el fenómeno. El estudio se centró en el factor de Von Willebrand, una proteÃna implicada en la coagulación. En condiciones normales, según explica Mukherjee, esta proteÃna «se encuentra enrollado como una bola de hilo dentro de los vasos sanguÃneos, a la espera de señales de alarma del cuerpo que lo hagan estirarse y comenzar a formar coágulos para detener la hemorragia». Sin embargo, «en un cerebro que sufre un derrame cerebral, algo más hace que la bola se despliega».
«Una tormenta perfecta con daños colaterales»
El investigador resume el mecanismo de esta forma: «Si se produce algún tipo de movimiento de fluidos después de que se elimina el coágulo, esta puede estirarse hasta convertirse en un filamento que atrae plaquetas, forma nuevos coágulos y bloquea el flujo incluso después de que el coágulo original haya desaparecido». Además, el equipo observó que los pacientes con niveles sanguÃneos más elevados de interleucina 6, un compuesto proinflamatorio, presentaban un factor de Von Willebrand más hiperactivo y peores resultados a largo plazo.
Los investigadores consideran que la respuesta inflamatoria del cerebro al estrés puede interferir con los mecanismos que normalmente controlan la coagulación de esta proteÃna. Mukherjee describe el resultado como «una tormenta perfecta de daños colaterales». Aunque todavÃa son necesarias más investigaciones, otros experimentos de la Universidad de Washington en San Luis, basados en muestras de sangre de pacientes que habÃan sufrido un ictus, apuntan a que un fenómeno similar podrÃa producirse también en seres humanos. «Somos los primeros en demostrar realmente, en esta fase hiperaguda del ictus, lo que ocurre con estas células dentro de los vasos sanguÃneos», ha afirmado Denorme.
